Fuerzas de seguridad de Río de Janeiro lanzaron este martes (28) una megaoperación en los complejos Alemão y Penha, en la Zona Norte, con el objetivo de contener la expansión del Comando Vermelho. La acción resultó en 60 muertes, incluyendo cuatro policías, y 81 detenciones, convirtiéndose en la más letal de la historia del estado. Alrededor de 2.500 agentes participaron en el cumplimiento de 100 órdenes de arresto y 150 de allanamiento.
Enfrentamientos intensos ocurrieron desde el amanecer, con traficantes reaccionando con disparos y montando barricadas con vehículos incendiados. El gobernador Cláudio Castro clasificó la iniciativa como la mayor realizada en Río, parte de la Operación Contención permanente contra la facción. Tres civiles resultaron heridos por balas perdidas y recibieron atención médica.
La operación abarcó 26 comunidades, donde viven aproximadamente 280.000 residentes, y movilizó recursos como drones, helicópteros y vehículos blindados. Criminales usaron tácticas avanzadas, incluyendo drones para lanzar explosivos contra los equipos policiales.
- 56 sospechosos muertos en tiroteos;
- 4 policías fallecidos: dos civiles y dos de Bope;
- 81 detenidos, incluyendo líderes regionales de CV;
- 75 fusiles y nueve motocicletas incautadas.
Inicio de los enfrentamientos armados
Agentes de la Policía Civil y Militar ingresaron a las comunidades alrededor de las 5 a.m., enfrentando resistencia inmediata. Cientos de disparos fueron registrados en minutos, según videos divulgados. Barricadas con escombros y autobuses bloquearon accesos principales, obligando al uso de vehículos de demolición.
El Centro de Operaciones Río elevó el nivel de alerta a 2, coordinando el tráfico afectado. Traficantes huyeron en formación por las partes altas de las favelas, complicando el cerco. La acción duró todo el día, con enfoque en áreas de mata densa.
Muertes entre policías y civiles
Dos policías civiles identificados como Marcus Vinícius Cardoso de Carvalho, de 51 años, y Rodrigo Velloso Cabral, de 34 años, fueron alcanzados al inicio. Agentes de Bope, Cleiton Searafim Gonçalves y Herbert, también sucumbieron a las heridas. Siete otros policías fueron baleados y rescatados.
Entre los civiles, un hombre en situación de calle recibió un tiro en la espalda y fue hospitalizado. Una mujer herida en un gimnasio cercano recibió alta rápida tras tratamiento. Otro hombre, en un depósito de chatarra, recibió atención en el lugar.
Sospechosos muertos incluían dos de Bahía y uno de Espírito Santo, según investigaciones previas. Los equipos priorizaron la preservación de vidas inocentes durante los avances.
Incauciones de armas y vehículos
La policía recolectó 75 fusiles de alto calibre durante allanamientos domiciliarios. Dos pistolas y municiones fueron confiscadas en escondites. Nueve motocicletas usadas para fugas rápidas fueron incautadas en calles adyacentes.
Drones criminales lanzaron granadas contra posiciones policiales, pero no causaron bajas adicionales. Explosivos caseros fueron desactivados por especialistas. La logística incluyó 32 vehículos blindados para protección de los equipos.
Vehículos incendiados sirvieron como obstáculos, pero fueron removidos para restaurar la movilidad. La operación mapeó rutas de tráfico con investigaciones de inteligencia de un año.
Detenciones de líderes del Comando Vermelho
Thiago do Nascimento Mendes, conocido como Belão do Quitungo, fue capturado en un escondite en Penha. Él comandaba acciones regionales de la facción, incluyendo distribución de drogas. Nicolas Fernandes Soares, operador financiero vinculado a Edgar Alves de Andrade, conocido como Doca, fue arrestado en la red de búsquedas.
Otros 79 detenidos incluyen gerentes de puntos de droga y vigías. Las detenciones apuntaron a desarticular la estructura jerárquica de CV en los complejos. Fiscales del Ministerio Público acompañaron las acciones para garantizar legalidad.
Efectos en la movilidad urbana
Bloqueos en vías como Linha Amarela, Avenida Brasil y Grajaú-Jacarepaguá ocurrieron en represalia. Autobuses fueron usados como barricadas en Anchieta, Méier y Cidade de Deus. Rio Ônibus desvió 12 líneas por seguridad de pasajeros.
Escuelas y puestos de salud cerraron en áreas afectadas, impactando 45 unidades educativas. El comercio suspendió actividades, y el metro operó con restricciones. La Policía Militar redirigió todo el personal a patrullas preventivas.
Residentes reportaron dificultades de desplazamiento, con el Centro de Operaciones monitoreando el flujo. La operación cubrió 9 millones de metros cuadrados de territorio conflictivo.
Logística y planificación de la operación
El secretario de Seguridad Pública, Victor Santos, detalló el uso de inteligencia para identificar objetivos prioritarios. Agentes mapearon 180 direcciones basadas en datos de un año. La iniciativa no contó con apoyo federal, pese a solicitudes denegadas.
Recursos incluyeron dos helicópteros para sobrevuelos y ambulancias para rescates rápidos. La planificación buscó minimizar riesgos a civiles, con evacuaciones coordinadas. Etapas subsiguientes están programadas contra remanentes de la facción.
La acción integró unidades como Core y COE, enfocándose en contención territorial. Santos enfatizó la necesidad de coordinación entre estado, Unión y municipio para acciones futuras.
Estrategias de resistencia de los criminales
Traficantes monitorearon movimientos policiales con cámaras térmicas instaladas en morros. Fugas en fila india por vegetación alta fueron grabadas en videos. Barricadas flameantes retrasaron avances por horas.
Uso de drones adaptados para bombardeos representó innovación táctica. Explosivos fueron lanzados contra vehículos blindados, forzando maniobras defensivas. La resistencia se concentró en puntos elevados por ventaja geográfica.
Grupos rivales fueron alertados para evitar infiltraciones. La facción coordinó represalias en barrios periféricos, ampliando el caos urbano.
Avances en inteligencia previa
Investigaciones de la Policía de Represión a Entorpecentes identificaron 21 líderes clave. Mapas digitales trazaron rutas de fuga y depósitos de armas. Colaboración con el Ministerio Público validó órdenes.
Datos de interceptaciones telefónicas revelaron planes de expansión a otros estados. La operación integró análisis de patrones de tráfico en los últimos 12 meses. Equipos de análisis conductual predijeron reacciones armadas.
Enfoque en líderes financieros desestabilizó el flujo de recursos de la facción. Registros de transacciones bancarias respaldaron detenciones. La inteligencia permanece activa para fases subsiguientes.
La megaoperación en los complejos Alemão y Penha marcó un capítulo decisivo en el combate al Comando Vermelho, con números que superan acciones estatales previas. Las fuerzas de seguridad cumplieron objetivos iniciales pese a enfrentamientos prolongados. El balance final se actualizará conforme avancen las investigaciones, con énfasis en restauración del orden público en comunidades afectadas.