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Últimas noticias de Irán: el presidente iraní culpa a los ‘terroristas’ vinculados en el extranjero por las protestas y promete escuchar las quejas económicas de la gente contra Trump

Protestos Irã
Protestos Irã - Reprodução

El Irã está envuelto en una intensa ola de protestas antigubernamentales que se ha extendido por varias provincias, marcando uno de los mayores períodos de inestabilidad interna desde el Revolução Islâmica de 1979. En medio de la escalada de violencia y el creciente número de muertos, el presidente iraní destacó la complejidad del escenario político y social que atraviesa el país. La situación se ve agravada por una delicada red de relaciones internacionales, con potencias como el Estados Unidos y el Israel discutiendo posibles intervenciones, lo que eleva aún más la alerta en la región y genera aprensión sobre los acontecimientos.

Las protestas, inicialmente impulsadas por una inflación galopante y el deterioro de las condiciones económicas, rápidamente trascendieron las demandas financieras y se convirtieron en un movimiento antigubernamental a gran escala. La respuesta de las fuerzas de seguridad ha sido rigurosa, provocando al menos 116 muertes, según informes, y una creciente preocupación por parte de la comunidad internacional. Reino Unido, por ejemplo, expresó gran preocupación por la violencia y pidió una transición pacífica en el país.

En el escenario externo la tensión se intensifica. El secretario estadounidense de Estado, Marco Rubio, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, supuestamente discutieron escenarios de intervención, mientras que el ex presidente Teerã, a su vez, ya ha emitido severas advertencias, prometiendo represalias contra las bases israelíes y estadounidenses en caso de cualquier ataque militar a su territorio, proyectando el espectro de un conflicto regional aún mayor.

El comunicado oficial y las raíces de la crisis

Protestos Irã

El presidente Ele reiteró la narrativa de que los enemigos externos están tratando de “sembrar caos y desorden” mediante la “orden antidisturbios”, una retórica utilizada a menudo por el régimen para deslegitimar las manifestaciones internas y desviar la atención de las causas internas.

A pesar de la fuerte condena, Pezeshkian adoptó un tono más conciliador al afirmar que el gobierno está “dispuesto a escuchar” a su pueblo. Ele destacó la determinación de su administración de resolver los profundos problemas económicos que afligen a la nación, que fueron el catalizador inicial de las protestas. El líder iraní también instó a los ciudadanos a distanciarse de los “manifestantes violentos y terroristas”, calificándolos de elementos que buscan “destruir a toda la sociedad”, en un claro intento de dividir la opinión pública y aislar a los elementos más radicales del movimiento.

La crisis económica es la fuerza impulsora del descontento popular. La moneda iraní ha alcanzado valores históricamente bajos en relación al dólar estadounidense, generando una inflación descontrolada que erosiona el poder adquisitivo de la población y alimenta la frustración. Lojistas y los comerciantes del bazar en Teerã fueron los primeros en demostrar abiertamente su descontento, lo que desencadenó una huelga que marcó el comienzo de la actual ola de protestas el 28 de diciembre, antes de que las manifestaciones adquirieran un carácter político más amplio.

Teerã diálogos de intervención y alertas

Detrás de escena de la diplomacia internacional, los informes de los medios estadounidenses indican que Donald Trump fue informado sobre posibles opciones para ataques militares a Irã. El expresidente, que ya había advertido de una posible intervención si Irã intensificaba la represión letal de los manifestantes, habría recibido una serie de opciones, incluidos ataques a objetivos no militares en Teerã, según informó New York Times, citando a funcionarios estadounidenses. Las discusiones de Essas, aunque se presentan como parte de una planificación militar normal, subrayan la gravedad con la que se observa la situación en el extranjero.

Wall Street Journal, citando también a funcionarios estadounidenses, mencionó la posibilidad de “un ataque aéreo a gran escala contra múltiples objetivos militares iraníes”. Contudo, las fuentes del periódico enfatizaron que tales discusiones son parte de un plan de contingencia de rutina y que no hay signos inmediatos de un ataque inminente a Irã, buscando mitigar la percepción de una escalada inevitable. Ainda por lo tanto, la mera existencia de estas deliberaciones sirve como un recordatorio constante de la fragilidad de la paz en la región y de la vigilancia internacional sobre los acontecimientos internos de Irán.

La cronología inicial de la revuelta

La actual ola de protestas se considera la mayor en Irã desde Revolução Islâmica en 1979, y ha evolucionado rápidamente de cuestiones puramente económicas a un amplio movimiento antigubernamental. Los principales hitos en su evolución incluyen:

  • 28 de diciembre:Lojistas y los comerciantes del bazar en Teerã se declaran en huelga en protesta contra la devaluación récord de la moneda iraní frente al dólar estadounidense, lo que marca el comienzo de las manifestaciones.
  • Días siguientes:Las protestas se extendieron rápidamente a otras ciudades y provincias, adquiriendo un carácter más político y antigubernamental, y los manifestantes exigían cambios más profundos que solo mejoras económicas.
  • Ola de represión:Las autoridades intensifican la respuesta, y las fuerzas de seguridad se enfrentan a los manifestantes, lo que provoca arrestos y muertes, mientras Internet sufre bloqueos y restricciones para dificultar que los manifestantes se comuniquen y organicen.

El papel del presidente

Masoud Pezeshkian, aunque ocupa el cargo de presidente, tiene significativamente menos poder que Líder Supremo, el ayatolá Pezeshkian es visto como un político moderado dentro del complejo espectro político iraní, pero su ascenso al cargo fue posible gracias a una alineación suficiente con líderes conservadores y religiosos, lo que demuestra la intrincada dinámica de poder que impregna el liderazgo del país. Las decisiones de Suas pueden, en última instancia, ser anuladas por Khamenei, lo que limita su capacidad para implementar cambios radicales.

Las recientes declaraciones de Pezeshkian hacen eco de los comentarios hechos la semana anterior en una reunión con líderes empresariales, donde también atribuyó las protestas a la intervención extranjera y llamó a la unidad nacional. Ele expresó que “las presiones externas están siendo ejercidas por los enemigos del país y, lamentablemente, también dentro del propio país”, reforzando la tesis de una conspiración externa y, al mismo tiempo, reconociendo la existencia de problemas internos que alimentan el descontento. La dualidad Essa en su discurso intenta conciliar la necesidad de reconocer los agravios populares con el mantenimiento de la narrativa oficial de defensa contra influencias externas.

Análisis de la resiliencia del régimen iraní

A pesar de la intensa presión interna y externa, el régimen iraní demuestra una resiliencia notable, sin mostrar signos claros de dar marcha atrás ante la actual ola de protestas. Análisis internacionales señalan que el pueblo iraní ya enfrentó movimientos de protesta en 2009, por presunto fraude electoral; en 2019, impulsado por los precios del combustible; y en 2022, como reacción a los abusos de la policía moral. Essas Las experiencias históricas han moldeado la estrategia de las autoridades, que han mejorado sus métodos de represión a lo largo de los años para contener la disidencia y mantener el control sobre la población.

Las tácticas gubernamentales incluyen el uso de la violencia por parte de las milicias Guarda Revolucionária y Basij, la ejecución sumaria de manifestantes, arrestos masivos de disidentes y el bloqueo estratégico de Internet, una herramienta crucial para organizar y difundir información por parte de los manifestantes. El control sobre el flujo de información impide que la gente conozca la verdadera escala de la participación popular y dificulta la conexión de diferentes grupos y provincias, fragmentando el impulso del movimiento. La falta de un líder aparente dentro del propio Irã también contribuye a la dificultad de mantener la cohesión y dirección del levantamiento en las 31 provincias del país, lo que históricamente ha sido un desafío importante para los movimientos de oposición en el Irã.

Profundizando en la escalada internacional

La posibilidad de una intervención externa en Irã, discutida por figuras de alto rango en Estados Unidos y Israel, añade una capa de complejidad y volatilidad a la crisis interna. Las conversaciones entre Marco Rubio y Benjamin Netanyahu, así como las advertencias de Donald Trump, no son sólo retórica, sino que reflejan una preocupación genuina por la estabilidad regional y los intereses geopolíticos. La inestabilidad en Irã, un actor clave en Oriente Médio, tiene el potencial de repercutir en toda la región, afectando los mercados energéticos y la seguridad de las naciones vecinas.

La planificación de contingencia militar estadounidense, que incluiría opciones para ataques contra objetivos no militares en Teerã o acciones a gran escala contra objetivos militares iraníes, incluso si se clasifica como “planificación normal”, envía una señal inequívoca de disposición a actuar. El escenario Este eleva el nivel de precaución, tanto para el régimen iraní como para las potencias occidentales, que necesitan equilibrar la presión sobre Teerã con el riesgo de una escalada militar desastrosa. Las represalias prometidas por el Irã en caso de ataque contra bases israelíes y estadounidenses marcan un límite peligroso, transformando la crisis interna en un posible enfrentamiento de amplias proporciones.

La comunidad internacional, incluida Reino Unido, sigue los acontecimientos con gran preocupación. La búsqueda de una “transición pacífica” en el Irã, como lo expresaron los británicos, es un objetivo compartido por muchas naciones que temen las consecuencias de una mayor desestabilización. Sin embargo, la complejidad de la situación, con un régimen que muestra poca inclinación a ceder y la persistencia de las protestas, hace que la perspectiva de una solución diplomática o una transición sin problemas sea un desafío monumental. La escalada del conflicto, ya sea interno o externo, amenaza con empeorar una situación humanitaria y política que ya es terrible en la región.

Esfuerzos para resolver la crisis económica

Con las protestas motivadas inicialmente por problemas económicos, la administración Masoud Pezeshkian se encuentra bajo una inmensa presión para presentar soluciones tangibles que puedan aliviar el sufrimiento de la población. La alta inflación, el desempleo y la devaluación de la moneda son problemas crónicos que el gobierno promete abordar, aunque la eficacia de sus políticas se cuestiona constantemente en medio de una insatisfacción generalizada. Sin embargo, las reformas económicas propuestas enfrentan desafíos importantes, incluidas sanciones internacionales y una burocracia compleja, que limitan el margen de acción del gobierno.

El llamamiento del presidente a la población para que se aleje de los manifestantes “violentos y terroristas” es una estrategia para aislar a los elementos más radicales del movimiento y crear así un entorno más propicio para el diálogo y la implementación de reformas. El mensaje subraya la intención del régimen de diferenciar entre los “quejas legítimos” de la población y las acciones que considera desestabilizadoras, buscando así fragmentar el apoyo a las protestas. El discurso de Este pretende proteger la imagen del gobierno y atribuir la violencia a grupos externos, evitando la plena responsabilidad por las causas del levantamiento popular.

La promesa de “escuchar a su pueblo” y “resolver los problemas económicos” puede interpretarse como un intento de ganar tiempo y desmovilizar las protestas mediante concesiones, por limitadas que sean. Contudo, la credibilidad de estas promesas es baja, dada la persistencia de los problemas y la repetida represión de movimientos anteriores. La población iraní, ya endurecida por crisis pasadas, espera con escepticismo la realización de cualquier mejora significativa, mientras la presión tanto de las calles como del ámbito internacional continúa intensificándose, dando forma al incierto futuro del país.

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