Apetito emocional en niños vinculado a mayor riesgo cardiometabólico, revela FMUP
Un estudio realizado por Faculdade de Medicina de Universidade de Porto reveló que los niños con apetitos “emocionales” presentan mayores riesgos para la salud desde la adolescencia. La investigación analizó cómo los factores ambientales y los hábitos familiares moldean la conducta alimentaria de niños y adolescentes de entre 7 y 13 años. Resultados indican que este patrón de ingesta dietética se asocia con presión arterial alta, resistencia a la insulina y aumento de la circunferencia de la cintura en la adolescencia temprana.
Las investigaciones han demostrado que los determinantes del entorno alimentario afectan el apetito y, en consecuencia, la salud cardiometabólica. Aos 13 años ya se observan diferencias significativas en los indicadores de salud de estos menores. El trabajo se publicó recientemente y señala la necesidad de una intervención temprana en patrones alimentarios problemáticos.
Riesgo Marcadores identificado en estudio
Los niños con un apetito ávido tenían peores indicadores de salud en comparación con otros grupos analizados. Entre los marcadores observados son:
- Triglicerídeos elevado en sangre
- Pressão arterial por encima de los niveles recomendados
- Resistência insulina detectada
- Perímetro cintura aumentada
- Maior propenso al aumento de peso progresivo
Alexandra Costa, doctora en Saúde Pública por la FMUP y autora principal del estudio, explica que “a los 13 años ya hay una gran diferencia en los indicadores cardiometabólicos de los niños según sus conductas alimentarias”. La investigadora dedicó a este tema su tesis doctoral, defendida en marzo, y ya publicó siete estudios sobre el tema.

Crianças chicas guapas comiendo sándwiches, comida -Nuevo Africa/shutterstock.com
Avid Apetite y factores socioeconómicos
El apetito ávido, más voraz y que implica una mayor ingesta de alimentos, está fuertemente asociado a factores socioeconómicos desfavorables. Crianças con este perfil suelen tener madres más jóvenes y con sobrepeso. En muchos casos, este comportamiento está vinculado a la inseguridad alimentaria y a experiencias infantiles adversas. Los niños Essas consumen más de todo tipo de alimentos, incluidos los más saludables, lo que genera confusión entre los padres sobre las implicaciones reales para la salud. “Muchos padres piensan que si sus hijos tienen mucha hambre y comen mucho es una buena señal y desconocen las consecuencias para la salud que van más allá del sobrepeso y la obesidad”, advierte Costa.
El comportamiento alimentario emocional es diferente de la simple glotonería. Trata es una respuesta a estados emocionales en los que el niño recurre a la comida como una forma de afrontar sentimientos negativos o positivos. Essa Canalizar las emociones a través de la comida establece patrones de riesgo que tienden a persistir hasta la edad adulta.
Lo opuesto: reducción del apetito y mejor salud
Por el contrario, los niños que tenían menos apetito demostraron una baja respuesta emocional a la comida. Têm mejor regulación de la ingesta de alimentos, patrones de alimentación más saludables y se caracterizan por factores socioeconómicos más favorables. Los niños Essas suelen tener madres con mayor educación y un peso más adecuado. Un menor comportamiento de consumo no significa desnutrición, sino una relación más equilibrada con los alimentos donde los signos de saciedad se respetan de forma natural.
Alexandra Costa enfatiza que todavía no podemos hablar de enfermedad metabólica en estas primeras etapas. Porém, los niños con apetito descontrolado tienden a tener un alto riesgo de desarrollar obesidad y diabetes en la edad adulta. La prevención en esta ventana de edad es esencial para evitar la progresión a enfermedades crónicas.
Metodologia y datos utilizados
El estudio utilizó datos de diferentes cohortes de investigación a largo plazo. Entre a los tres y doce meses de edad, se utilizó la cohorte BITWIN con aproximadamente 300 participantes. Nas En otros grupos de edad se utilizó la cohorte longitudinal Geração XXI, que sigue a los niños nacidos en 2005 y 2006 en Portugal. El enfoque longitudinal de Essa nos permite observar trayectorias de comportamiento a lo largo del desarrollo, proporcionando evidencia sólida sobre cómo los hábitos alimentarios tempranos se manifiestan en indicadores de salud posteriores.
La recolección de datos incluyó información sobre las condiciones socioeconómicas de las familias, hábitos maternos durante el embarazo e índice de masa corporal de los responsables. Los factores Esses se correlacionaron con evaluaciones del apetito de los niños y los patrones de consumo de alimentos, lo que permitió un análisis multifactorial del fenómeno.
Dois conducta alimentaria extrema
Las investigaciones han identificado dos tipos extremos de comportamiento hacia la comida: apetito codicioso y falta de apetito. Ambos representan desviaciones de un patrón equilibrado en el que el niño come según sus necesidades biológicas y responde adecuadamente a las señales de hambre y saciedad. El apetito codicioso implica comer en exceso, a menudo motivado por factores emocionales o ambientales. El bajo apetito refleja dificultad para responder a señales internas de hambre y puede estar asociado con trauma, ansiedad u otras condiciones. Compreender estas variaciones permiten intervenciones más específicas.
Alexandra Costa sostiene que la responsabilidad no es exclusiva de los padres y familias. Las escuelas desempeñan un papel crucial en la configuración de los hábitos alimentarios, al igual que las industrias alimentarias y las campañas de marketing dirigidas a los niños. “Los determinantes socioeconómicos y medioambientales sólo pueden cambiarse con políticas globales”, afirma el investigador. Ela señala la necesidad de sensibilizar a los padres para regular las cantidades de alimentos y, en el extremo opuesto, ofrecer una variedad de alimentos saludables de forma repetida hasta que los niños acepten estos alimentos de forma natural.
Implicações para políticas de salud pública
Los hallazgos del estudio sugieren la necesidad de intervenciones estructuradas de salud pública. Programas La información educativa sobre la conducta alimentaria de los niños debe implementarse en las escuelas y unidades de salud primaria. Pais necesita orientación experta para reconocer los signos de hambre emocional y distinguirlos del hambre fisiológica genuina. Los profesionales de la salud Profissionais deben estar capacitados para evaluar las trayectorias alimentarias desde una edad temprana.
La investigación muestra que diferencias significativas en la salud cardiometabólica ya están presentes a los 13 años, período en el que todavía hay tiempo para revertir o prevenir la progresión. Intervenções centrado en niños con apetito descontrolado podría reducir la incidencia de enfermedades crónicas en la edad adulta. Regulação procedente de la comercialización de alimentos ultraprocesados dirigidos a menores también surge como recomendación relevante de la investigación.









