Donald Trump se convirtió en el primer presidente en funciones en asistir a un partido de las Finales de la NBA. Vio el tercer partido entre los New York Knicks y los San Antonio Spurs el lunes por la noche en el Madison Square Garden de Nueva York. La presencia generó fuerte seguridad y reacciones divididas de la afición.
El partido terminó con una victoria de los Spurs por 115-111. El equipo de San Antonio evitó la eliminación en la serie, que tiene a los Knicks ganando 2-1.
Abucheos durante el himno nacional
La imagen de Trump apareció en la pantalla mientras sonaba el himno nacional. Muchos fanáticos lo abuchearon intensamente. El presidente observó la salida desde una suite ejecutiva con su nieta Kai Trump.
La reacción puso de relieve las divisiones políticas en el país. Incluso en un espacio tradicionalmente centrado en el deporte, el evento adquirió tintes políticos.
La seguridad altera los alrededores del Madison Square Garden
Las calles de Manhattan fueron bloqueadas con vallas metálicas y registros rigurosos. Agentes del Servicio Secreto y policías respondieron en gran número. Los fanáticos sin entradas permanecieron a cuadras de distancia.
- Bloqueos en carreteras cercanas al estadio
- Revistas de estilo de aeropuerto para la entrada.
- Presencia reforzada del Servicio Secreto
- Colas formadas desde el principio por los aficionados
Tras el partido se registraron siete detenciones en medio del movimiento en las calles.
Las celebridades y el baloncesto comparten atención
En las filas principales estuvieron presentes figuras como Spike Lee, Dave Chappelle, Timothée Chalamet y Ben Stiller. El evento reunió a estrellas del entretenimiento y del baloncesto.
Victor Wembanyama lideró a los Spurs con 32 puntos. El equipo superó el control de la cancha de los Knicks y rompió una racha positiva del equipo local. El ajustado marcador mantuvo viva la serie.
Presencia sin precedentes gana protagonismo
Ningún otro presidente en ejercicio había estado jamás en una final de la NBA. La visita al Madison Square Garden, la casa histórica de los Knicks, tenía un simbolismo. El propietario James Dolan recibió la orden.
La noche combinó baloncesto de alto nivel con fuertes operativos de seguridad. Aficionados, famosos y autoridades vivieron bajo una tensión extra dentro y fuera de la cancha.

