Natalie Portman, Justine Triet y Jacques Audiard se encuentran entre los más de 350 profesionales del cine que firmaron una carta abierta condenando el boicot cultural al director israelí Nadav Lapid. El cineasta, conocido por sus críticas al gobierno de Benjamin Netanyahu, vive en exilio voluntario en Francia desde 2021. Su película más reciente, “Sí”, ha sido calificada como un ataque mordaz al nacionalismo israelí.
La polémica cobró fuerza con la esperada participación de Lapid como juez en el FID Marsella, festival internacional que se desarrolla entre el 7 y el 12 de julio. La directora del evento, Tsveta Dobreva, explicó que la invitación inicial estuvo motivada únicamente por el reconocimiento a su labor cinematográfica. Sin embargo, la presión aumentó rápidamente y se pidió la retirada de la participación.
La presión lleva a la retirada del director
Ante la escalada, el festival propuso una versión reducida: Lapid sólo presentaría su ópera prima “Policeman”, de 2011, en una sesión pública con sesión de autógrafos. Aun así, una decena de cineastas retiraron sus películas de la selección. Lapid decidió cancelar por completo su presencia para evitar mayores dificultades al evento.
Le Monde publicó dos tribunos defendiendo al director. Uno de ellos, firmado por Portman, Triet, Audiard, Rebecca Zlotowski y Michel Hazanavicius, entre otros, califica el boicot de “una quiebra intelectual”. El texto sostiene que los cineastas rusos, israelíes e iraníes no deberían ser borrados como forma de expiación por las acciones de gobiernos que ellos mismos critican con frecuencia.
Argumentos en contra de excluir artistas
Los firmantes se preguntan en qué momento la financiación pública transforma una obra o a su autor en portavoz del gobierno, incluso cuando el artista es crítico. Sostienen que el compromiso continuo, no la exclusión, es la forma más eficaz de presión política. Citan el ejemplo del director ruso Andrei Zvyagintsev, que utilizó el premio de Cannes para exigir el fin de la guerra en Ucrania.
Una segunda carta, titulada “El cine no es una embajada”, denuncia una “campaña de intimidación” y cuestiona la lógica de equiparar la presencia de un cineasta en un jurado con la representación oficial de un Estado. Los productores que trabajaron con Lapid en “Sinónimos” y “Sí” también firmaron el texto.
Financiación y antecedentes de Lapid
Los críticos de la participación de Lapid mencionan el apoyo parcial del Israel Film Fund a la película de 2025 “Sí”, considerándola un brazo del Estado. En la práctica, el fondo es la principal fuente de financiación de producciones israelíes y palestinas, opera independientemente del gobierno y tiene un historial de apoyo a voces liberales y críticas, como “Vals con Bashir”, de Ari Folman, y “Líbano”, de Samuel Maoz.
Lapid, ganador del Oso de Oro en Berlín por “Sinónimos” y del premio del jurado en Cannes por “Ahed’s Knee”, reforzó en una entrevista con Le Monde que aceptó retirarse para no perjudicar al festival, pero expresó su frustración por la intensificación de las presiones. Advirtió de un efecto de autocensura en las instituciones culturales, que empiezan a evitar determinadas películas o nombres por miedo a la polémica.
¿Qué cambios en la práctica para el sector?
El caso expone tensiones en el debate sobre los boicots culturales en medio del conflicto en Gaza. Lapid, que apoya sanciones políticas reales contra Israel, ve en las acciones de los boicoteadores un sentimiento de impotencia y frustración ante la inacción política. Evita tratar como enemigos a los colegas que retiraron películas, pero advierte que el resultado podría ser el contrario de lo previsto: menos visibilidad para los debates y películas que desaparecen.