Despido por flatulencias y bebé renacido entre insólitas denuncias que abarrotan el Juzgado del Trabajo

Bebe Reborn

Bebe Reborn - Foto: Davaiphotography/ shutterstock.com

Basta un poco de fricción o desacuerdo para que se pronuncie la amenaza “te voy a demandar”. Brasil observa una notable “cultura de judicialización”, caracterizada por la creciente tendencia a remitir las controversias más banales a cuestiones de gran relevancia pública para el sistema judicial.

Entre los ejemplos más recientes y sorprendentes que han llegado al Poder Judicial se encuentran la actuación de una empleada despedida por liberar gases en su lugar de trabajo, el pedido de baja por maternidad para cuidar a un bebé renacido y el pedido de rescisión contractual por ausencia de felicitaciones de cumpleaños.

Estas demandas, que a menudo van más allá del alcance del Tribunal Laboral, comprometen la eficiencia del sistema, lo que resulta en sobrecarga, aumento de los costos procesales y retrasos en la resolución de disputas verdaderamente complejas.

La abogada laboralista Renatha Zulma, de Calcini Advogados, aclaró que todos los procesos, independientemente de su naturaleza, requieren el mismo nivel de dedicación y análisis por parte de abogados, magistrados y funcionarios.

“Como el esfuerzo es idéntico para cada caso, hay un gasto de dinero, tiempo y energía, tanto por parte de los profesionales del derecho, de los jueces como del equipo de apoyo. Estos recursos podrían utilizarse en causas que realmente requieren la intervención del Tribunal Laboral, asegurando una asignación más efectiva para conflictos más graves y complejos”, afirmó el experto.

El volumen de acciones juzgadas por el Tribunal Laboral ha mostrado un crecimiento significativo en los últimos cinco años, según datos de la Base de Datos Nacional de la Judicatura:

  • En 2020 se completaron 3.283.900 procesos.
  • El año pasado, esa cifra saltó a 5.601.411, lo que representa un aumento del 70%.
  • La entrada de nuevos casos también sigue esta escalada: el Juzgado del Trabajo recibió 3.054.611 acciones en 2020 y 4.826.439 en 2024.
Bebe Reborn – Foto: Reproducción TV Globo

Ante el continuo aumento de la demanda y la limitación de recursos, muchos procesos menos complejos, que podrían resolverse mediante el diálogo o la conciliación, acaban congestionando el sistema.

Para la abogada Renatha Zulma, la “cultura de la judicialización” está muy arraigada en el país, lo que propicia que todo se lleve al ámbito judicial. Destaca la importancia de que los abogados filtren lo que realmente requiere acciones legales y lo que se puede resolver mediante negociación o intervención sindical.

El experto también sugiere que el propio Tribunal Laboral debería lanzar campañas para fomentar métodos alternativos de resolución de conflictos, desalentando acciones judiciales infundadas.

Recuerde algunos ejemplos de acciones laborales inusuales.

En 2007, una empleada fue despedida con justa causa de una empresa de Cotia, en el Gran São Paulo, por su costumbre de soltar gases en el lugar de trabajo. Al año siguiente, el Tribunal del Trabajo ordenó su reintegro y el pago de una indemnización de R$ 10.000 por daño moral.

El juez Ricardo Artur Costa e Trigueiros, en su decisión, argumentó que es “imposible validar la aplicación de la pena por flatulencia en el lugar de trabajo, ya que se trata de una reacción orgánica natural a la ingestión de alimentos y aire”.

En el dictamen, el juez reconoció que, aunque el caso pueda parecer trivial -un “pequeño lío”, en sus palabras-, advirtió sobre el peligro de que pequeñas arbitrariedades establezcan precedentes perjudiciales.

El juez destacó el principio de que “la justicia no debe ocuparse de la basura (de minimis non curat praetor)”. Añadió que, en las relaciones contractuales, “pequeñas faltas pueden acumularse como precedentes curriculares negativos, allanando el camino a una causa justa”, lo que justificó la atención prestada a la insólita advertencia que precedió al despido del denunciante.

Zulma considera que este episodio es un retrato claro de la falta de procesos de comunicación y negociación en las relaciones laborales. Ella pregunta: “Por muy desagradable que fuera la situación, ¿la única solución era el despido? Si estuviera molestando a los compañeros, ¿no habría otra alternativa, como una habitación individual o la posibilidad de diálogo?”.

Otro hecho peculiar ocurrió en Salvador, en mayo de este año, cuando una mujer solicitó la licencia de maternidad para cuidar a un bebé renacido. El empleado afirmó ser objeto de burlas en el trabajo y acudió a los tribunales pidiendo una indemnización, sin embargo, el proceso no avanzó debido a las repercusiones negativas.

La trabajadora solicitó 120 días de licencia y subsidio familiar, justificando que consideraba que la muñeca hiperrealista era su hija. La empresa, a su vez, denegó la solicitud, argumentando que ella no era una “verdadera madre”.

Igualmente notable fue el caso de un residente de Passo Fundo, en Rio Grande do Sul, que acudió a los tribunales solicitando la rescisión indirecta de su contrato porque sus compañeros no le cantaron el “Cumpleaños Feliz” en su cumpleaños, a pesar de haber recibido una tarta. La acción fue desestimada por infundada, al no acreditarse ningún acto discriminatorio.

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