Dos terremotos de gran intensidad sacudieron la noche del miércoles (24) la región norte de Venezuela, provocando derrumbes de edificios y muertes tanto en la capital, Caracas, como en municipios costeros. El primer temblor registró una magnitud de 7,2, seguido de otro de 7,5 apenas 39 segundos después.
Esta secuencia de eventos fue definida por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) como un “doble terremoto”, un suceso sismológico inusual. Esta clasificación ayuda a aclarar por qué los daños y la destrucción a menudo superan los causados por un solo terremoto de magnitud similar.
A continuación detallamos la naturaleza de este fenómeno, las razones de su aparición y las razones por las que suele ser más devastador.
Entendiendo el fenómeno del doble terremoto
El concepto de doble terremoto fue acuñado por los sismólogos Thorne Lay y Hiroo Kanamori en una investigación publicada en 1980. Describe un escenario en el que dos sacudidas sísmicas de fuerza comparable ocurren en un breve intervalo, desde unos pocos segundos hasta días, en áreas geográficamente cercanas, generalmente a una distancia máxima de cien kilómetros.
La principal diferencia entre un doble terremoto y una secuencia sísmica convencional, que implica un temblor principal seguido de réplicas de intensidad reducida, reside en la cantidad de energía liberada. En estos raros casos, ambos eventos sísmicos liberan volúmenes comparables de energía, considerándose terremotos primarios, sin una réplica significativamente menor. Esta particularidad sugiere que las ondas sísmicas de cada incidente se originaron en focos distintos, aunque geográficamente cercanos.
Según el análisis de ondas sísmicas realizado por el USGS, los dos temblores en Venezuela, a pesar de que sus epicentros se encuentran a pocos kilómetros de distancia, fueron el resultado de fallas geológicas distintas, que presentaron diferentes patrones de ruptura. Este hallazgo está en línea con los mapas de fallas activas preexistentes para esa área.
“Un doble terremoto, explicó el sismólogo Bruno Collaço, de la Red Sismográfica Brasileña (RSBR) y del Centro de Sismología de la USP, significa que dos temblores son generados por fallas geológicas separadas, cada una con su propio punto de ruptura en la corteza terrestre. Aunque una falla puede influir en el deslizamiento de la otra, no comparten la misma estructura. Así, cada evento tiene su propio epicentro, aunque estén separados sólo por unos 15 kilómetros, como fue el caso del Temblores en Venezuela.”
Los expertos en sismología identifican dos mecanismos probables que pueden desencadenar este tipo de eventos.
El primer mecanismo implica la transferencia de tensiones: el movimiento generado por el choque inicial es capaz de intensificar la presión sobre una falla adyacente, precipitando su ruptura.
La segunda explicación es el impacto directo de las ondas sísmicas del primer terremoto, que pueden desestabilizar fallas cercanas que ya se encuentran en un estado crítico de ruptura. En Venezuela, es probable que el shock inicial provocara el segundo por alguna de estas vías, aunque aún se investiga la causa exacta.
La razón geológica de la alta incidencia de terremotos en Venezuela
La región costera norte de Venezuela se ubica en el límite entre las placas tectónicas del Caribe y Sudamericana, límite geológico que se extiende por todo el territorio continental venezolano. Un informe tectónico del USGS, publicado en su página oficial sobre el terremoto, señala que, en esta zona, la Placa del Caribe se mueve hacia el este a una velocidad promedio de 20 milímetros por año con relación a la Placa Sudamericana, dando lugar a extensos sistemas de fallas de deslizamiento lateral, como las de Boconó, San Sebastián y El Pilar.
El temblor de mayor magnitud, 7,5, fue consecuencia de una falla de deslizamiento lateral superficial ubicada en este mismo sistema límite de placas. Este mecanismo fue validado por el USGS, aunque las evaluaciones iniciales aún debaten si la ruptura ocurrió precisamente a lo largo del trayecto de la falla de Boconó o en una estructura paralela.
“El área presenta un escenario tectónico de gran complejidad, donde interactúan múltiples placas, entre ellas la Caribeña, la Sudamericana, la de Nazca, al sur, y la de Cocos, al norte”, afirmó Collaço. “En la zona del epicentro hay una región de falla bien documentada por los sismólogos, con varias estructuras activas; dos de ellas se movieron en un intervalo casi simultáneo”.
Este desplazamiento continuo de las placas provoca periódicamente terremotos superficiales, algunos de ellos de alto poder destructivo. El lugar ya ha sido testigo de otros hechos de gran magnitud:
- El temblor que afectó a Caracas en 1900, localmente denominado “terremoto de San Narciso”, con una magnitud estimada en alrededor de 7,6;
- El terremoto de 6,5 grados que impactó a la capital venezolana en 1967;
- Y, más recientemente, en 2018, un terremoto de magnitud 7,3 cuyo epicentro se ubicó en la costa del estado Sucre, se sintió en gran parte del territorio venezolano y en países cercanos.
La región ya mostró señales de alerta. En septiembre de 2025, la misma zona fue escenario de otro doble terremoto, de magnitudes 6,2 y 6,3, más al oeste, que dejó al menos una víctima mortal y más de 110 heridos en los estados de Zulia y Lara.
La razón por la que los terremotos dobles amplifican la destrucción
La escala de magnitud utilizada por los sismólogos es de naturaleza logarítmica y no lineal. Según aclaración oficial del USGS, un aumento de sólo 0,1 puntos en esta escala representa un aumento de aproximadamente el 40% en la energía total liberada por un choque sísmico.
Al aplicar este cálculo a los dos temblores venezolanos, 7,2 y 7,5, se observa que el segundo liberó cerca de tres veces más energía que el primero. Esta diferencia ayuda a comprender por qué el temblor pareció tan extenso: la superposición del segundo temblor más fuerte sobre el primero prolonga el período del temblor, aumentando el daño a las estructuras ya comprometidas por el impacto inicial.
La destrucción en Venezuela se ha visto exacerbada por factores adicionales. Ambos terremotos se originaron a profundidades relativamente bajas: el primero a 21,9 kilómetros y el segundo a 10 kilómetros. Esta característica hace que la energía liberada llegue a las zonas urbanizadas en superficie con menor disipación.
Caracas, además, se encuentra sobre una cuenca sedimentaria, un tipo de suelo que, según evaluaciones geológicas locales, intensifica las ondas sísmicas. La geografía montañosa de la zona favorece la aparición de deslizamientos de tierra. Además, el mismo sedimento que amplifica las ondas sísmicas debajo de la capital aumenta el riesgo de licuación, proceso en el que el suelo empapado de agua pierde su firmeza y asume un comportamiento líquido durante el terremoto, provocando que los edificios se hunda o incline.
La fragilidad de los edificios también contribuye significativamente, lo que representa un desafío crítico para la planificación urbana en varias regiones en desarrollo sujetas a terremotos. El USGS indica que una porción considerable de las propiedades en la zona afectada fueron construidas con mampostería sin refuerzo estructural o con adobe, materiales particularmente vulnerables al colapso durante sismos de alta intensidad.
Ejemplos globales de otros terremotos con características duales
A pesar de ser eventos poco comunes, ya se han documentado registros de sucesos similares en otros lugares del mundo. En febrero de 2023, según datos del USGS, un doble terremoto de magnitudes 7,8 y 7,5 impactó a Turquía y Siria. Sus epicentros estuvieron separados por aproximadamente 90 kilómetros, con un intervalo de nueve horas entre temblores, un período considerablemente más largo que el registrado en Venezuela. El evento generó un desastre que afectó a millones y mató a más de 50.000 personas en ambos países.
También hay sucesos en zonas de subducción profunda, como el doble terremoto de magnitud 7,6 que azotó la frontera entre Perú y Brasil en 2015. En este caso, los epicentros se encontraban a una distancia de unos 50 kilómetros y el intervalo entre temblores fue de cinco minutos.
En 1988, Australia experimentó una variación aún más singular de este fenómeno. Según Geoscience Australia, el servicio geológico del país, y una investigación publicada sobre el evento, un “triplete” (tres terremotos con magnitudes entre 6,3 y 6,7, separados por aproximadamente media hora) azotaron el área de Tennant Creek.
Sucesos como el de Venezuela resaltan, desde la perspectiva de los sismólogos, la relevancia de los sistemas ágiles de alerta, que pueden identificar rápidamente si un temblor inicial es parte de una secuencia sísmica más amplia. Esto se debe a que, en un doble terremoto, no hay certeza de que la primera sacudida sea la más poderosa.
“Es común que las réplicas sísmicas persistan durante días o incluso semanas después de un evento de esta naturaleza”, destacó Collaço, “manteniendo el seguimiento de la actividad en la región en estado de vigilancia continua, incluso después del final del terremoto principal”.

