Si la selección sudamericana gana el próximo torneo FIFA, repitiendo la hazaña de títulos consecutivos que logró la selección brasileña en 1962, el número 10 volverá a ser el pilar de este camino. A sus 38 años, el astro se prepara para saltar al campo de juego en su sexto Mundial, hazaña que lo colocará junto a nombres como Cristiano Ronaldo y Guillermo Ochoa. Sin embargo, el jugador que pisará los terrenos de juego en Norteamérica tendrá una actitud completamente diferente a la del chico que dio sus primeros pasos en el primer equipo del Barcelona en 2003.
Adaptación en céspedes durante veinte años.
Los atletas de alto rendimiento invariablemente necesitan buscar alternativas para superar la pérdida de aire provocada por la edad. Mientras el astro portugués Cristiano Ronaldo se transformaba en un delantero centro profesional centrado en el área pequeña, el ídolo argentino optó por un camino alternativo. Reconfiguró su forma de actuar para seguir dictando el ritmo de los partidos, leyendo los cambios en un deporte que estuvo las últimas décadas intentando neutralizarlo.
Esta historia comenzó con un joven de 16 años corriendo por el lado derecho del campo en un partido no oficial contra el Porto, entonces entrenado por José Mourinho. Por aquellos días, el brasileño Ronaldinho Gaúcho ya advirtió a sus compañeros que el recién ascendido dominaría el fútbol mundial. La profecía cobró fuerza en el Trofeo Joan Gamper de 2005, cuando Fabio Capello, entrenador de la Juventus, quedó impresionado por la capacidad del extremo e intentó negociar su traspaso al fútbol italiano.
La invención del falso 9 en la era Pep Guardiola
Cuando cumplió 21 años y vio menguar el protagonismo de Ronaldinho, el técnico Frank Rijkaard entendió que el talento del argentino sería más útil en el centro del campo. La llegada de Pep Guardiola al cargo de entrenador en 2008 aceleró este proceso. El español incluso lo jugó en la banda derecha durante los primeros meses, pero pronto se dio cuenta de que la falta de recuperación defensiva del deportista requería un cambio. La solución fue centralizarlo, creando un engranaje ofensivo que girara exclusivamente en torno a su visión de juego.
El punto de inflexión de esta estrategia llegó el 2 de mayo de 2009, en la histórica masacre por 6-2 sobre el Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Guardiola colocó a Samuel Eto’o y Thierry Henry en los flancos, liberando al creador de juego para flotar por el centro, buscar el balón y organizar ataques. La táctica revivió la figura del falso 9, un concepto que había brillado en el pasado con la selección húngara de Gusztav Sebes en 1953 y en el carrusel holandés de Rinus Michels dirigido por Johann Cruyff.
Esta libre circulación entre la defensa y los centrocampistas contrarios convirtió al jugador en un rompecabezas imposible de resolver para las defensas europeas. Escudado por jugadores como Xavi, Andrés Iniesta y Yaya Touré, encontró pasillos libres con extrema naturalidad. El formato dio resultados inmediatos, como el cabezazo en la final de la Liga de Campeones de 2009 contra el Manchester United, y allanó el camino para récords impresionantes. En 2012, el delantero superó la marca del alemán Gerd Müller al marcar 91 goles en sólo 69 partidos en el año calendario, estableciendo un dominio que se tradujo en ocho Balones de Oro entre los 22 y los 36 años.
Transformación en maestro tras la despedida de las leyendas catalanas
El adiós de Xavi en 2015 y el de Iniesta tres años después exigieron una profunda revisión de su estilo. Sin los socios históricos que garantizaban la posesión del balón y abrían defensas, el argentino debía convertirse en el corazón creativo de la escuadra catalana. La obligación de ejercer de principal mediapunta y, al mismo tiempo, goleador del equipo le hizo retroceder decenas de metros sobre el terreno de juego.
Definitivamente vestía la apariencia del enganche, el tradicional creador de juego sudamericano que dicta el inicio de las transiciones al ataque. Esta nueva postura alteró radicalmente sus números individuales, haciendo que el número de pases decisivos a sus compañeros fuera casi igual al número de goles marcados en sus últimas temporadas en el continente europeo.
- Durante el Campeonato de España 2019-20 acumuló 22 pases y marcó 25 veces en 33 partidos.
- En su temporada de despedida con el Barcelona (2020-21), el balance fue de 30 goles marcados y 11 asistencias en la liga nacional.
- En su año de debut con la camiseta del Paris Saint-Germain, los pases decisivos llegaron a 15, superando los 11 goles marcados, algo inédito en su carrera profesional.
El peso del brazalete y la gloria en Qatar
Su madurez táctica en los clubes se produjo simultáneamente con un turbulento periplo vistiendo la camiseta de su país. Elegido capitán en 2011, soportó un ciclo de profundas decepciones con subcampeonatos en el Mundial de 2014 y en las ediciones de 2015 y 2016 de la Copa América. La abrumadora presión de la afición provocó que fuera apartado temporalmente del equipo, pero su regreso reveló a un líder mucho más comunicativo y dispuesto a luchar en el campo.
El fin del ayuno de casi tres décadas sin copas, sellado con el título de la Copa América 2021 sobre Brasil en el Maracaná, actuó como una liberación psicológica. En el Mundial de Qatar del año siguiente, los aficionados presenciaron una mezcla perfecta de todas las fases de su carrera. La competición estuvo llena de impresionantes estallidos de velocidad, como el juego individual contra Josko Gvardiol en la semifinal, así como demostraciones de genialidad táctica, evidentes en el pase milimétrico a Nahuel Molina en los cuartos de final y la tranquilidad en los penaltis contra Francia.
La fase actual en Estados Unidos y la lectura de espacios
En recientes diálogos con íconos del deporte, como Zinedine Zidane, el astro señaló que el fútbol contemporáneo exige mucho más de lo físico y táctico, exprimiendo los espacios creativos. Vistiendo los colores del Inter Miami y jugando en la Copa América 2024, su táctica para sobrevivir a este ambiente de alta intensidad fue reducir drásticamente las carreras innecesarias. Pasa la mayor parte de los noventa minutos caminando, estudiando el movimiento de la defensa rival y preservando su cuerpo para actuar en fracciones de segundo.
El excentrocampista Pablo Aimar, que sirvió de inspiración para el número 10 en su infancia, resumió el escenario diciendo que la versión más actual del jugador siempre supera a las anteriores. El patrimonio deportivo construido a lo largo de dos décadas va mucho más allá de las copas acumuladas en las estanterías. Es una prueba viviente de la capacidad de un profesional para reinventarse sin perder su majestuosidad, evolucionando de un extremo regateador a un falso 9 letal, luego a un organizador genial y, finalmente, al maestro absoluto que llevó a Argentina a la cima del deporte mundial.