Científicos chinos, italianos y neozelandeses han descubierto una vasta necrópolis de ballenas en el fondo del sureste del Océano Índico, en la Zona de Fractura del Diamante. El sitio se extiende a lo largo de unos 1.200 km, a profundidades que oscilan entre los 4.616 y los 7.001 metros, y contiene 476 fósiles de cetáceos y cinco caídas recientes de ballenas.
La expedición, realizada entre febrero y marzo de 2023 con el sumergible Fendouzhe a bordo del barco Tan Suo Yi Hao, registró la mayor y más profunda acumulación de este tipo jamás documentada. Los restos incluyen especies actuales y extintas de zifiidos, así como de minke antárticos.
Comunidades vivas en huesos de ballena
Cinco cadáveres recientes se encuentran en la fase sulfófila, con huesos cubiertos de esteras microbianas blancas y gusanos comehuesos del género Osedax. Estos entornos albergan más de 35 taxones de macrofauna, dominados por frágiles estrellas de mar, gusanos poliquetos y bivalvos quimiosintéticos como Abyssogena southwardae.
En algunos puntos, las densidades alcanzan los miles de individuos por metro cuadrado. Se han registrado especies como las estrellas de mar del género Xyloplax en el lugar más profundo del género hasta la fecha.
Los fósiles revelan la historia evolutiva
El análisis de 43 fósiles identificó cinco especies de zifios y una especie de ballena barbada. Entre ellos se encuentran Mesoplodon bowdoini y Mesoplodon layardii, que aún existen en el sureste del Océano Índico, así como géneros extintos como Pterocetus e Izikoziphius. Se describió una nueva especie, Pterocetus diamantinae.
La datación con isótopos de estroncio ha demostrado que las caídas de ballenas han estado ocurriendo en la región desde hace al menos 5,3 millones de años, en el Plioceno temprano. Los huesos más antiguos pertenecen a especies extintas.
¿Por qué el sitio acumula tantos restos?
La topografía en forma de V de la Zona Diamantina, combinada con la baja tasa de sedimentación y el comportamiento de buceo profundo de los zifios, favorece la concentración de cadáveres. Estas especies cazan calamares a profundidades extremas, lo que aumenta el riesgo de mortalidad natural. Las migraciones de ballenas barbadas también contribuyen.
Los huesos hiperdensos de los zifios resisten mejor la degradación y acumulan óxidos de hierro y manganeso, lo que ayuda a preservarlos durante cientos de miles de años.
Lo que cambia el descubrimiento
Hasta entonces, la mayoría de las caídas de ballenas se registraban a una profundidad de unos 4.200 metros. El nuevo sitio amplía ese límite en más de 2.500 metros y revela comunidades especializadas posiblemente nuevas para la ciencia.
El sitio funciona como un corredor biogeográfico para la fauna quimiosintética, conectando ecosistemas hidrotermales y de respiraderos fríos. Además, sirve como archivo de fósiles para estudiar la evolución, la ecología y la dinámica poblacional de los cetáceos que se sumergen en profundidad durante millones de años.
Los investigadores estiman que pueden existir sitios similares en otras áreas clave para los zifios, como Sudáfrica y la Península Ibérica.