La erupción del volcán Hunga Tonga redujo el metano en la atmósfera, revela un estudio de Nature Communications

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vulcão - KARITING PICAH/Shutterstock.com

La erupción masiva del volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, ocurrida en el Oceano Pacífico en enero de 2022, generó consecuencias atmosféricas que continúan siendo mapeadas por la comunidad científica. Un estudio publicado en mayo de 2026 en la revista académica Nature Communications reveló que el evento natural liberó sustancias químicas capaces de descomponer las moléculas de metano presentes en el aire. Los investigadores identificaron una extensa nube de formaldehído, un subproducto directo de la degradación del gas, que se formó poco después de la explosión principal.

El fenómeno demuestra cómo los fenómenos geológicos extremos pueden alterar temporalmente la composición química de la estratosfera e interferir con la concentración de gases de efecto invernadero. El descubrimiento se produjo gracias al análisis de datos satelitales, que permitieron rastrear el movimiento de las columnas volcánicas en todo el mundo. El proceso de oxidación de metano a gran escala abre nuevos frentes de investigación sobre la dinámica climática de Terra y alimenta el debate sobre posibles intervenciones artificiales en el clima.

El orbital Monitoramento detalla la reacción química en la estratosfera

La identificación del proceso químico dependió del uso de los instrumentos de observación avanzados de Terra. Los científicos utilizaron información recopilada por el satélite Sentinel-5P, que monitorea la composición de la atmósfera y rastrea la presencia de varios gases en tiempo real. El equipo orbital registró con gran precisión la formación y el desplazamiento de la nube de formaldehído. La onda de choque generada por la erupción dio dos vueltas completas al planeta y extendió los compuestos volcánicos por vastas regiones geográficas.

El investigador Martin van Herpen, en representación de la organización Acacia Impact Innovation, dirigió el equipo responsable de decodificar los datos sin procesar del satélite. El grupo de trabajo contó con la colaboración de expertos de Instituto Real Belga de Aeronomia Espacial y Universidade de Utrecht. El análisis conjunto confirmó que la nube de formaldehído permaneció detectable en la atmósfera durante más de diez días consecutivos después del evento volcánico.

La investigación detalló la mecánica exacta de la reacción. El volcán Hunga Tonga-Hunga Ha’apai expulsó aproximadamente 58.000 toneladas de cloro mezclado con vapor de agua. La radiación solar interactuó con esta mezcla y formó radicales de cloro altamente reactivos. Los átomos libres de Esses atacaron directamente las moléculas de metano suspendidas, rompiendo su estructura y generando formaldehído como resultado visible para los sensores del satélite.

Impacto directamente sobre los niveles globales de gases de efecto invernadero

El metano tiene una capacidad de retención de calor significativamente mayor que el dióxido de carbono. El gas atrapa alrededor de 80 veces más calor en la atmósfera durante un período de 20 años, lo que lo convierte en un objetivo clave para las políticas de mitigación del calentamiento global. La reducción de su concentración, aunque sea temporal, genera efectos mensurables sobre las temperaturas atmosféricas a corto plazo. La erupción de Pacífico Sul actuó como un laboratorio natural para observar la destrucción de este compuesto.

Las cifras recogidas por el estudio miden la magnitud del evento químico. El proceso de limpieza atmosférica alcanzó proporciones globales en cuestión de horas. Los datos extraídos de la investigación apuntan a métricas específicas sobre la velocidad y el alcance de la reacción:

  • La reacción de degradación química comenzó menos de una hora después de la explosión volcánica inicial.
  • La nube de formaldehído alcanzó una altitud de 30 kilómetros en la estratosfera.
  • La concentración del subproducto alcanzó un máximo de 12 partes por mil millones (ppb).
  • En su punto máximo, se destruyeron alrededor de 9.000 toneladas de metano por día.

La cantidad de metano eliminada diariamente durante el pico de la reacción equivale a las emisiones generadas por aproximadamente 200.000 cabezas de ganado. El volumen total de gas procesado por la nube volcánica alteró temporalmente las mediciones regionales sobre Oceano Pacífico. Los científicos compararon las lecturas del Sentinel-5P con modelos atmosféricos anteriores para confirmar que la caída de los niveles de metano fue una consecuencia directa y exclusiva de la columna del volcán.

Magnitude de erupción y dispersión de compuestos.

La explosión Hunga Tonga-Hunga Ha’apai se ubica como uno de los eventos volcánicos más poderosos registrados en la historia reciente. La columna de cenizas, gases y vapor de agua superó los 64 kilómetros de altura, rompiendo los límites de la mesosfera. La inyección masiva de material a altitudes tan elevadas permitió que los compuestos químicos viajaran a través de corrientes de aire de alta velocidad, propagando radicales de cloro en un área mucho más grande de lo que ocurriría en una erupción más pequeña.

La presencia de agua de mar fue un factor determinante para la escala de la reacción. Al tratarse de un volcán submarino, la interacción del magma incandescente con el océano generó una cantidad colosal de vapor. El vapor de Esse actuó como catalizador para reacciones químicas posteriores en la estratosfera. La combinación específica de altitud, radiación solar y humedad creó las condiciones exactas para que el cloro volcánico se convirtiera en un agente limpiador atmosférico.

Los investigadores observaron que la eficiencia del proceso disminuía gradualmente a medida que la nube se dispersaba y los radicales de cloro se estabilizaban. La ventana de observación de diez días proporcionó datos suficientes para modelar el comportamiento químico de la atmósfera bajo estrés extremo. La información recopilada ahora forma parte de bases de datos globales sobre la dinámica climática y sirve como base para simulaciones por computadora más precisas.

Riscos el cambio climático y el debate sobre las intervenciones artificiales

El descubrimiento reavivó las discusiones sobre la geoingeniería, un campo teórico que propone la manipulación intencional del clima de la Tierra para combatir el calentamiento global. Los investigadores de Alguns sugieren que dispersar artificialmente compuestos de hierro o cloro sobre los océanos podría replicar el efecto del volcán y acelerar la destrucción del metano. La técnica buscaría imitar el proceso natural documentado por Nature Communications para reducir la temperatura promedio del planeta.

Especialistas del área climática advierte sobre los peligros de este tipo de intervenciones. Pete Edwards, científico de Universidade de York, expresó su preocupación por las propuestas de geoingeniería basadas en la inyección de químicos. Ele señaló que la liberación artificial de radicales libres puede alterar la dinámica de las corrientes de aire y provocar daños irreversibles a la capa de ozono. La complejidad de la atmósfera hace imposible predecir todos los efectos secundarios de una acción a escala global.

La comunidad científica mantiene el consenso de que la reducción directa de las emisiones industriales y agrícolas sigue siendo el único método seguro para controlar el calentamiento global. El evento Hunga Tonga-Hunga Ha’apai demostró la capacidad de la naturaleza para procesar gases de efecto invernadero, pero también destacó la fragilidad del equilibrio químico de Terra. Se están realizando estudios sobre la erupción para mapear los impactos a largo plazo de la inyección de vapor de agua en la estratosfera.

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