NOAA confirma El Niño y apunta a un 63% de posibilidades de que se produzca un evento muy fuerte en 2026-2027

El Niño - Sentinel-6 Michael Freilich/NASA/NOAA

El Niño - Sentinel-6 Michael Freilich/NASA/NOAA

La Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) anunció este jueves (11) la confirmación oficial de El Niño, con condiciones ya establecidas en el Pacífico Ecuatorial. La agencia expresó su preocupación por la intensidad, indicando una probabilidad del 63% de que el fenómeno se vuelva muy fuerte entre noviembre y enero, y podría estar entre los mayores desde 1950.

El fenómeno, caracterizado por el calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico, altera los patrones globales de precipitaciones y temperaturas. En Brasil, se espera que los efectos se intensifiquen a partir de la primavera, con más precipitaciones en el sur y riesgo de sequía en el norte y noreste.

El Niño – Foto: NOAA

¿Qué cambios en la práctica para Brasil?

Los expertos destacan que, en un planeta ya calentado por el cambio climático, incluso un El Niño moderado amplifica los extremos. En el sur, el aumento de las precipitaciones aumenta el riesgo de inundaciones, tormentas y deslizamientos de tierra, algo que es especialmente preocupante en Rio Grande do Sul, que aún se está recuperando de los recientes acontecimientos. En el Norte y Nordeste, la reducción de las precipitaciones puede agravar las sequías, afectar los ríos de la Amazonía, los incendios y el abastecimiento de las comunidades ribereñas.

En el Sudeste y Centro-Oeste, las proyecciones indican olas de calor más frecuentes y lluvias irregulares, con impactos en la agricultura y los embalses hidroeléctricos. El fenómeno puede ejercer presión sobre la generación de energía, aumentar los costos e influir en los precios de los alimentos.

Comparación con eventos pasados

El último El Niño fuerte, en 2023-2024, ya contribuyó a récords globales y extremos de calor en Brasil. Si la actual alcanza una intensidad “muy fuerte”, podría rivalizar con las de 1997-98 o 2015-16, que marcaron graves sequías, inundaciones y olas de calor históricas. La diferencia ahora es el contexto de calentamiento global a largo plazo, que tiende a hacer que los impactos sean más intensos.

Los científicos vigilan el acoplamiento entre el océano y la atmósfera para definir la fuerza final del evento, que suele durar unos 12 meses.

Preparación y seguimiento

Organismos como Cemaden e INMET siguen la evolución. Los productores rurales y gestores públicos ya están alertados sobre ajustes en la siembra, el manejo del agua y los planes de contingencia. El Niño no causa el calentamiento global, pero actúa como amplificador de un mundo más cálido.

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