Acariciar a los gatos en momentos de estrés puede aumentar el malestar emocional, según un estudio

Pessoa abraçando gato

Pessoa abraçando gato - Zhenny-zhenny/shutterstock.com

Volver a casa después de un día agotador puede llevar a muchos a buscar consuelo en sus mascotas. Mientras que un perro tiende a mostrar gran entusiasmo y calidez, el comportamiento de un gato puede ser menos predecible, desde un retraimiento hasta una reacción más hostil, como un silbido.

Aunque los dueños de felinos suelen defender el cariño de sus mascotas, una investigación reciente realizada en los Países Bajos buscó comprender qué especie, de hecho, contribuye más al bienestar emocional. Durante cinco días, los científicos monitorearon a los dueños de mascotas para analizar el impacto de las interacciones con perros o gatos en el estado de ánimo diario.

Publicada en la revista especializada Frontiers in Psychology, la encuesta utilizó una aplicación de teléfono inteligente para recopilar datos. La aplicación envió aproximadamente diez alertas diarias a los participantes durante cinco días, incluidos los fines de semana, para registrar interacciones espontáneas con sus animales.

Cada vez que aparecía la notificación, se pedía a los voluntarios que respondieran breves cuestionarios sobre su interacción con la mascota, su estado de ánimo en ese momento y el nivel de estrés que sentían, centrándose en la propia percepción de los dueños.

Los resultados iniciales indicaron que el contacto con cualquier mascota estaba relacionado con una mejora momentánea del estado de ánimo. Tanto perros como gatos consiguieron generar una sensación de bienestar en sus dueños durante un breve periodo de tiempo.

Sin embargo, a pesar de promover un pico temporal de felicidad, ni los perros ni los gatos han demostrado eficacia para reducir el estrés de sus dueños. Si bien la presencia de perros no afectó significativamente los niveles de tensión, los felinos, sorprendentemente, se asociaron con un posible empeoramiento del estrés en sus dueños.

A pesar de los interesantes hallazgos, la investigación tiene ciertas salvedades. El número de participantes con gatos (36) fue considerablemente menor que el de dueños de perros (75), comprometiendo la equivalencia de la comparación. Además, la encuesta carece de “poder estadístico” sólido para establecer conclusiones irrefutables, algo admitido por los propios científicos.

También es importante considerar que la realidad de las interacciones puede ser más compleja. Para lograr una mayor precisión estadística, los analistas necesitaban descartar situaciones en las que perros y gatos vivieran en la misma residencia.

Sin embargo, muchos dueños de mascotas, e incluso aquellos que siguen dibujos animados clásicos como “Tom y Jerry”, entienden que los hogares con varios animales no siempre funcionan en armonía.

El efecto beneficioso no siempre proviene de un solo animal, sino que puede surgir de la convivencia entre distintas especies. Sin embargo, son esenciales estudios adicionales para profundizar esta comprensión.

Mascotas, gatos, perros, animales domésticos – Foto: Evelyn Mccarthy/ Istockphoto.com

La personalidad individual de una mascota influye en la interacción

Es fundamental reconocer que cada mascota tiene su propia individualidad. Al igual que los humanos, un perro o un gato puede presentar características como ser distante o afectuoso, perezoso o enérgico, juguetón o más reservado. La forma en que los dueños establecen vínculos con sus mascotas está influenciada por la interacción entre su propia personalidad y la de los animales, haciendo referencia al concepto psicológico de apego, que sugiere que las experiencias en la infancia pueden moldear las relaciones en la vida adulta.

Otro punto a destacar es que los investigadores utilizaron preguntas directas de un solo ítem para evaluar aspectos como el contacto con los animales. Si bien esto acelera la investigación, limita el conocimiento sobre la naturaleza exacta de las interacciones observadas (ya sea un cálido abrazo o una breve caricia). Sin tales detalles, resulta difícil determinar cómo la calidad específica de estas interacciones afectó los resultados finales.

La distinción es relevante, ya que los perros y los gatos tienen diferentes demandas interactivas. Históricamente, los perros fueron seleccionados para colaborar con los humanos, mientras que los gatos tenían su domesticación ligada al control de poblaciones de plagas, como los roedores.

La cría selectiva de los gatos era significativamente menos intensa que la de los perros, lo que les lleva a mantener rasgos de su ancestro salvaje, como el comportamiento solitario y territorial, algo que suelen observar sus dueños. A la hora de interpretar las señales felinas, es habitual que los humanos tengamos dificultades para identificar cuando sus gatos están insatisfechos.

De hecho, los desafíos de comunicación no son exclusivos de los felinos; Los dueños de perros también pueden tener dificultades para notar signos de ansiedad o malestar en sus compañeros caninos.

A pesar de los puntos planteados, el uso de animales para mejorar el bienestar humano es una práctica documentada desde el siglo XVIII, con décadas de evidencia sólida. Está claro, sin embargo, que la calidad y el tipo de interacción entre el animal y el dueño son factores determinantes.

Si un gato decide acurrucarse en su regazo para descansar un momento, se puede aliviar el estrés del dueño. Por otro lado, si el animal muestra resistencia y protesta con maullidos, insistir en el cariño puede resultar en un aumento del agotamiento del dueño.

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