Confirmando un acuerdo previo con las escuderías, la Federación Internacional del Automóvil (FIA) oficializó, el pasado martes 23, la adopción de modificaciones en los motores de la Fórmula 1 para las temporadas 2027 y 2028. El principal cambio reside en la proporción entre combustión y parte eléctrica, que evolucionará del actual 53%/47% al 58%/42% en 2027 y, posteriormente, al 60%/40% en 2028.
La iniciativa, anunciada originalmente el 10 de junio, fue bien recibida por los competidores, a pesar de que muchos querían intervenciones más profundas.
El ente regulador aclaró que los ajustes se centrarán en la potencia del motor de combustión, la gestión del combustible y el uso del sistema de recuperación de energía, permitiendo una mayor adaptabilidad en la gestión de la potencia durante las carreras.
Los lineamientos fueron confirmados por el Consejo Mundial del Deporte Motor de la FIA, durante una reunión celebrada este martes en la ciudad de Macao, China. La normativa técnica actual ya había provocado una importante transformación en los monoplazas de Fórmula 1, introduciendo motores híbridos que exigen una gestión intensa y constante de la energía por parte de los pilotos, proceso que aún genera retos de adaptación.
Sin embargo, la receptividad a los cambios generó un fuerte descontento en el paddock, con el tetracampeón Max Verstappen, de Red Bull, expresando públicamente su descontento.
Comparó los vehículos de 2026 con una “Fórmula E con esteroides” e incluso consideró alejarse del deporte si la situación del coche no mostraba mejoras significativas.

