El comportamiento inusual de un niño de tres años, que empezaba a despertarse por las noches llorando y preguntando por la escuela, encendió las alarmas en la psicóloga Shaiane Costa.
El llanto persistente del niño mientras se acercaba a la Escuela de Educación Tío Chico, ubicada en Porto Alegre, levantó sospechas entre la madre. Esta institución, vinculada a la Brigada Militar de Rio Grande do Sul, ofrece educación gratuita para hijos de brigadistas entre dos y seis años.
La madre relató que el pequeño Pedro, nombre ficticio para proteger su identidad, llegaba a casa mencionando castigos y pidiendo disculpas en repetidas ocasiones por cualquier error. Si, por ejemplo, se le cayera un vaso de agua, el niño se disculparía insistentemente. El llanto se intensificó visiblemente al llegar a la escuela.
El colmo para Shaiane fue presenciar otro día en el que Pedro fue llevado al interior del colegio llorando y saltando, sin que ella pudiera acceder ni acompañar a su hijo.
Con la situación insostenible, al día siguiente, Shaiane decidió poner una grabadora en la mochila del niño.
Inicialmente, Shaiane afirmó que no tenía motivos para preocuparse por la institución donde permanecía su hijo durante parte del día.
Para ingresar a la escuela, la familia esperó a que el niño cumpliera los dos años, edad mínima de inscripción, y fue aprobado en un proceso de selección cuyos criterios de admisión desconocían.
Tras el periodo inicial de adaptación, Pedro empezó a acostumbrarse al entorno y a formar vínculos de amistad.
Sin embargo, ciertos incidentes en el colegio, como el día en que el niño regresó con una inexplicable mordida en el brazo, causaron malestar a la madre.
Cuando se le preguntó si Pedro había denunciado el incidente a la maestra, respondió que no, ya que ella estaría ocupada con otros niños y, por ese motivo, prefería no hablar.
“No podía entender. ¿Cómo es posible que nadie notara esa mordida?”, expresó la madre.
Al pedirle aclaraciones a la maestra, Shaiane fue informada que lo sucedido no había sido visto por nadie y que el niño no parecía haber llorado.
“Consideramos que la situación es extraña. Un mordisco como ese sin duda causaría dolor y es natural que un niño llore”, comentó.
Entre los hechos que alarmaron a la familia, también estuvo el día en que Pedro regresó con fiebre alta, sin que sus padres fueran alertados con antelación por parte del colegio.
En otra ocasión, Pedro llegó a casa con un fuerte sarpullido que le dificultaba moverse.
La madre informó que en ninguno de estos incidentes la institución educativa demostró conocimiento de los hechos.
“Pequeñas situaciones como estas se acumulaban y parecía que nadie prestaba atención”, dijo Shaiane.
Los intentos de contactar con la escuela, según la versión de la madre, a menudo resultaban en frustración.
“Tengo varios registros de mensajes enviados al profesor, quien siempre minimizó las incidencias”, declaró. “No hubo aceptación por su parte, sólo respuestas como ‘ah, esto pasa, es normal'”.
“Envié mensajes al sargento, que desempeña el papel de coordinador de la escuela, y no obtuve respuesta”, añadió. “Me sentí completamente ignorado”.
En los meses siguientes, Shaiane notó que la primera pregunta de su hijo al despertar era sobre la necesidad de ir a la escuela. Tras una confirmación positiva, pasó la mañana en silencio en casa.
“No jugaba, mostraba falta de energía y disposición. Parecía que llevaba toda la mañana esperando un momento de sufrimiento”, describió la madre.
Ante la falta de comunicación del colegio y los preocupantes incidentes, Shaiane decidió utilizar la grabadora.
Ese día cuando colocaron el dispositivo en su mochila, el niño regresó a casa con la voz ronca.
“Apenas podía hablar y recuerdo haberle enviado un mensaje de texto a mi marido diciéndole ‘está resfriado'”, recordó.
Poco después, la madre escuchó el audio grabado.
“Fue un shock”, dijo.
Extractos de la grabación, obtenidos por medios de prensa, muestran al niño llorando, pidiendo su chupete y llorando por su madre.
“Mi hijo gritó durante aproximadamente 40 minutos y terminó calmándose solo, pues hay un punto de la grabación donde dice ‘me calmé’”, narró Shaiane. “Estaba completamente abandonado”.
En una parte del audio se escucha una voz femenina que le dice al niño: “¿Qué estás haciendo? No vas a pintar más”, y el niño responde: “Lo siento”.
La mujer entonces declara: “No, no vas a pintar más, se acabó. Me encanta pintar y lo haré”. El niño comienza a llorar, llama a su madre y la mujer responde: “No digas ‘mami'”.
Un fragmento aún más alarmante de la grabación reveló la voz de una mujer que decía: “Llora, puedes llorar, llora mucho, llora como quieras. Si no lo haces, te disparo”.
“La grabación registra constantemente ruidos y escucho a mi hijo gritar y preguntar por su madre”, relató Shaiane.
“Está claro, entonces, que ese día llegó a casa ronco no por un resfriado, sino por un llanto intenso”, concluyó la madre.
Preguntas sobre el tratamiento y la respuesta institucional
Los hechos descritos tuvieron lugar el año anterior. Shaiane y su marido acudieron al Ministerio Público de Rio Grande do Sul (MPRS), que les instruyó a formalizar una denuncia ante la Oficina de Asuntos Internos de la Brigada Militar de Rio Grande do Sul.
En un comunicado, el departamento de prensa de la Brigada Militar confirmó la apertura de una indagatoria para investigar los hechos, mencionando el retiro del maestro de Pedro durante la investigación.
Sin embargo, la notificadora volvió a sus funciones antes de que se completara la investigación. Según Shaiane, otros padres de estudiantes organizaron una petición solicitando el regreso del profesional.
“Hubo intentos de silenciarnos. De hecho, una madre publicó un extracto del proceso confidencial en un grupo de WhatsApp”, informó Shaiane.
La nota de la Brigada Militar indicó que el peritaje, realizado por el propio Departamento del Interior, concluyó que “los expedientes analizados no contaban con elementos técnicos suficientes para confirmar plenamente el contenido divulgado, ni permitían identificar de manera concluyente la autoría vocal”.
El documento también señala que, “de las pruebas recabadas, incluidas las declaraciones y el informe pericial, no se encontraron elementos suficientes para acreditar una infracción penal o transgresión disciplinaria”. La realización de la investigación por parte de la propia institución militar, responsable de la escuela, generó dudas sobre la imparcialidad del proceso ante las denuncias de una madre.
Contradictoriamente, declaraciones de dos empleados del colegio, que comparecen en el proceso, revelaron que ambos reconocieron la voz en la grabación e identificaron a la maestra de Pedro.
A pesar del reclamo de la Brigada sobre la falta de pruebas, la docente fue despedida del colegio a finales de año, sin que se diera una explicación oficial sobre su salida del cargo.
La Brigada manifestó que “no es responsabilidad de la institución hacer pública información individualizada relativa a servidores públicos o empleados”.
Al ser consultado sobre si el docente reconoció los discursos en los audios, la institución declaró que “no está autorizada a divulgar declaraciones, declaraciones o cargos atribuidos a personas involucradas en procedimientos administrativos o investigativos”.
Respecto a los frustrados intentos de Shaiane de dialogar con la escuela, la Brigada aseguró que ésta “mantiene canales permanentes de comunicación con las familias y atiende con seriedad todas las demandas recibidas”. Sin embargo, la corporación no confirmó ni comentó “hechos específicos”, citando protección de datos e información.
La investigación de Asuntos Internos solicitó el archivo del caso en el Tribunal Militar de Rio Grande do Sul, pero el proceso continúa.
Actualmente la madre se encuentra a la espera de que el MPRS realice su propia investigación. La investigación está abierta en la fiscalía, pero no se obtuvo información adicional sobre el avance del proceso ni en el informe presentado a la oficina de prensa ni al fiscal responsable.
Desde principios de este año, Pedro está inscrito en una nueva institución educativa privada, donde ya ha establecido nuevas amistades y busca una rutina más relajada. Shaiane revela que todavía muestra miedo a puerta cerrada y sigue pidiendo disculpas excesivas por pequeños errores.
“El niño tiene pánico por las puertas cerradas, ya que informó que lo encerraron en la oficina del sargento como forma de castigo”, explicó Shaiane. “Aunque el colegio siempre lo ha negado, un documento enviado durante el proceso confirmó, con fecha y hora, su presencia en la oficina del coordinador”.
“Me pregunto por qué un niño de apenas dos años y medio fue llevado a la oficina del sargento”, preguntó la madre.
El niño aún presenta algunos detonantes emocionales cuyo origen exacto los padres no pueden identificar del todo. “Esto se debe precisamente al desconocimiento de todo lo que realmente pasó”, comentó.
Shaiane espera que el tiempo y el apoyo terapéutico ayuden a su hijo a superar parte de lo sucedido.
Ella, sin embargo, afirma que no puede olvidar.
“Las grabaciones, que solo abarcan un solo día, son una muestra que me persigue profundamente, ya que constantemente nos preguntamos: ¿qué más podría haber enfrentado?”, concluyó la madre.

