Investigadores de la USP crean método para detectar estrellas devoradoras de planetas

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Via Lactéa - hauptmao_98/shutterstock.com

Un descubrimiento científico realizado por un equipo internacional, liderado por investigadores de la Universidad de São Paulo (USP), reveló un método inédito para detectar estrellas que consumieron sus planetas. El proceso innovador se basa en identificar cambios en la cantidad de berilio, un elemento químico de aparición relativamente baja, lo que promete un nuevo enfoque para comprender cómo se desarrollan los sistemas planetarios.

El estudio, publicado recientemente en la revista Astronomy & Astrophysics, investigó un par de estrellas de tipo solar, designadas como HD 129171 y HD 129209. Estas estrellas, que tienen características similares a nuestro Sol en términos de actividad física, química y magnética, forman un sistema binario.

La expectativa inicial era que las estrellas binarias, nacidas de la misma nube molecular al mismo tiempo, tendrían composiciones químicas casi idénticas. Sin embargo, los científicos han observado diferencias notables entre los dos.

Descubrimiento de un método innovador para rastrear estrellas

La estrella HD 129171 demostró un alto nivel de elementos refractarios, aquellos que normalmente se condensan en estado sólido y forman planetas rocosos. Anne Rathsam, estudiante de doctorado del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas (IAG-USP) y autora principal del artículo, afirmó que este hallazgo indica fuertemente la ingestión de material planetario a lo largo de la trayectoria evolutiva de la estrella.

Aunque ya se había considerado la posibilidad de que algunas estrellas incorporen planetas o fragmentos de ellos, la gran aportación de este trabajo está en demostrar, por primera vez, que la variación en la abundancia de berilio en estrellas binarias puede servir como un indicador fiel de este fenómeno.

Desfile de los planetas del sistema solar – Artsiom P/shutterstock.com

El papel esencial del berilio en la identificación de eventos cósmicos

El berilio se caracteriza por no producirse en el núcleo estelar durante la vida de una estrella. Así, su detección en la luz emitida por una estrella actúa como señal de alerta, señalando que la estrella absorbió material rocoso, como restos de planetas, mucho después de su formación inicial.

Los investigadores aclaran que el litio, el berilio y el boro representan una peculiaridad en la composición química del universo. Mientras que otros elementos químicos surgen de la nucleosíntesis primordial o estelar, el berilio y el boro se crean principalmente mediante un proceso llamado “espalación cósmica”. En él, partículas de alta energía desintegran núcleos más densos, como el carbono, el nitrógeno y el oxígeno, generando elementos más ligeros.

El litio, aunque también se originó principalmente por espalación (con una porción mínima de nucleosíntesis primordial y una producción rara en tipos específicos de estrellas), se utilizó anteriormente como un posible marcador de hundimiento planetario. Rathsam, sin embargo, destaca que el berilio es más duradero, lo que permite que su firma química persista durante un período de tiempo más largo.

Observaciones detalladas revelan ingestión de materia planetaria

Para realizar la investigación, el equipo utilizó datos del espectrógrafo UVES, instrumento instalado en el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), ubicado en Chile. Este equipo de alta precisión es capaz de descomponer la luz de las estrellas en sus distintas longitudes de onda, lo que permite la identificación de firmas químicas extremadamente sutiles.

Los resultados de las observaciones mostraron que HD 129171 tiene una cantidad significativamente mayor de elementos refractarios, como hierro, magnesio, silicio, calcio y titanio, en comparación con su compañera HD 129209. Además, esta estrella tiene excesos tanto de litio como de berilio. Según los científicos, el patrón observado es consistente con la absorción de material rocoso equivalente a más de 11 veces la masa de la Tierra.

Rathsam explicó que el origen de este material podría ser o bien de un único planeta grande o de la suma de varios cuerpos más pequeños. Sin embargo, en estrellas similares al Sol, la mezcla interna es tan eficiente que la firma química final no nos permite diferenciar entre estos dos escenarios.

Dinámica violenta de los sistemas estelares y la rareza de la estabilidad

Aunque el análisis químico es la principal contribución original del estudio, con la elección del berilio como marcador de hundimiento planetario, los autores también exploraron los mecanismos dinámicos que pueden llevar a los planetas a ser absorbidos por sus estrellas anfitrionas. Dichos mecanismos incluyen interacciones gravitacionales entre planetas, perturbaciones causadas por estrellas compañeras y procesos de migración orbital. Estos factores pueden dar lugar a órbitas extremadamente excéntricas e inestables, provocando la expulsión de planetas, colisiones entre ellos o su eventual absorción por la estrella central.

Una conclusión crucial de la investigación sugiere la posible escasez de sistemas estables, como nuestro Sistema Solar. Jorge Luis Meléndez Moreno, profesor del IAG-USP y asesor del estudio, señala que varias pruebas independientes corroboran esa hipótesis. Las simulaciones por computadora de la formación planetaria indican que configuraciones similares a las del Sistema Solar (con gigantes gaseosos en órbitas exteriores casi circulares y planetas rocosos en órbitas interiores estables) no son un resultado frecuente. Además, los estudios de observación de estrellas similares al Sol han revelado pocos análogos de Júpiter en órbitas comparables a las de nuestro gigante gaseoso.

Meléndez señala que, al analizar datos de simulaciones dinámicas, observaciones de exoplanetas y estudios químicos de estrellas binarias, surge un escenario consistente, que sugiere que sistemas como el Solar pueden ser menos comunes de lo que se imaginaba anteriormente. Esto implica que la estabilidad orbital, crucial para la persistencia de entornos habitables durante miles de millones de años, puede ser una rara excepción, lo que aumenta la comprensión de las condiciones necesarias para la evolución de la vida compleja en el universo.

Implicaciones para la formación estelar y la búsqueda de vida compleja

Meléndez añade que los sistemas binarios se encuentran ampliamente en la Vía Láctea, y las estimaciones indican que aproximadamente la mitad de las estrellas de la galaxia tienen una compañera gravitacional. Como las dos estrellas de un sistema binario se forman simultáneamente y a partir de la misma nube molecular, las diferencias químicas observadas entre ellas sirven como una fuerte indicación de que procesos posteriores, como la ingestión de planetas, han alterado su composición original.

Rathsam señala que si bien los planetas de nuestro sistema tienen órbitas relativamente estables y de baja excentricidad, la frecuencia de hundimiento planetario sugiere que muchos sistemas estelares pasan por fases dinámicas turbulentas. Tal inestabilidad, subraya, tiene implicaciones directas para la existencia de vida compleja. Para que la vida no sólo surja y evolucione a lo largo de miles de millones de años, sino también prospere, un planeta debe mantener una órbita suficientemente estable, protegida de perturbaciones gravitacionales significativas.

Además de arrojar nueva luz sobre la evolución de los sistemas planetarios, el estudio también incide en las teorías de formación estelar y en la técnica conocida como “etiquetaje químico”, utilizada para reconstruir la historia de la Vía Láctea a partir de la composición química de las estrellas.

Si las variaciones químicas observadas en las estrellas binarias se originaran a partir de heterogeneidades en la nube primordial que las generó, sería necesaria una revisión de los modelos actuales de formación estelar. Los resultados obtenidos por el equipo, sin embargo, refuerzan la hipótesis de la ingestión planetaria.

La investigación contó con la participación de científicos de la USP, la Academia de Ciencias de Polonia, la Academia de Ciencias de China, la Universidad de Monash, en Australia, y observatorios astronómicos italianos, con apoyo financiero de la Fapesp a través de un Proyecto Temático coordinado por Meléndez.

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