Revisión de Supergirl 2026: Milly Alcock crea una heroína sarcástica que se desvía del tono de Superman

Supergirl - Divulgação

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La película “Supergirl”, dirigida por Craig Gillespie, sorprende adoptando un tono más melancólico y oscuro, alejándose del realismo que se ha vuelto habitual en las producciones de superhéroes. Esta nueva incorporación al canon reformulado de DC Studios rompe con las narrativas convencionales y el estilo “sencillo” asociado a su primo, Superman, interpretado por David Corenswet, quien hace apariciones ocasionales en la trama.

Los espectadores que siguieron “Superman” de James Gunn ya pudieron vislumbrar a la sarcástica prima del héroe, Kara, interpretada por Milly Alcock, que parecía borracha e irritable al final de la producción. Su largometraje en solitario la sigue en viajes a planetas distantes, buscando lugares con un sol rojo para neutralizar sus poderes kryptonianos, permitiéndole entregarse al olvido y a la bebida.

No es necesario conocer en profundidad la trayectoria de Kara para comprender su tristeza, aunque el guion de Ana Nogueira revela conmovedores detalles en un flashback central. Tanto Kara como Clark son los únicos supervivientes de un planeta aniquilado y cargan con el mismo profundo dolor de pérdida. Sin embargo, Kara también alberga una intensa ira que intenta reprimir, resaltando los conflictos internos de un personaje que se esfuerza por ser una buena persona, tarea que resulta desafiante.

El despertar de Kara en un nuevo escenario para Supergirl

La búsqueda de bondad de Kara, el último deseo de su madre, se pone a prueba constantemente. Cuando una intrépida huérfana, Ruthye (Eve Ridley), aparece en un bar remoto donde se refugian Kara y su perro Krypto, con la intención de cazar al merodeador intergaláctico Matthias Schoenaerts, conocido como Krem de las Colinas Amarillas, surge un nuevo propósito para la heroína. La misión de Ruthye no inspira inmediatamente a Kara, pero enciende una chispa de interés.

Esa chispa se convierte en llama cuando Krem, interpretado por Schoenaerts, envenena a Krypto y roba la nave espacial de Kara, llevándose su traje de Supergirl con él. Kara y Ruthye se embarcan entonces en un intenso viaje a través de un universo hostil y grotesco, donde la influencia de “Mad Max” se hace evidente. Con bandidos motorizados, pasión por los vehículos modificados y un grupo de “Novias” robadas, la película de Gillespie recuerda más a “Beyond Thunderdome” que a “Guardianes de la Galaxia”.

Influencias y estilo visual de la producción de Supergirl

A pesar de las innovaciones, algunos elementos familiares permanecen, como las escenas de acción que resaltan la velocidad de Kara en contraste con el lento movimiento de los demás. El director Gillespie, al igual que Gunn, incorpora música ecléctica a la banda sonora, con opciones que van desde lo artificial (como una versión acústica de “The Middle”) hasta lo inspirador (como “Silver Lining”, de Rilo Kiley). Sin embargo, los entornos son distintos, incluida una ciudad sucia y en decadencia que recuerda a un desolado “Blade Runner” y un desierto árido con un sol verde que intensifica la atmósfera de otro mundo.

La profundidad de la narrativa y lo que significa ser bueno para Supergirl

A pesar de la naturaleza relativamente contenida de la misión de venganza personal de los protagonistas y la búsqueda de un antídoto para Krypto, “Supergirl” todavía coquetea con algunos clichés del género, como la introducción de un querido personaje de los cómics. Afortunadamente, la única aparición de otra figura destacable de DC es la de Lobo, interpretado por Jason Momoa, que aparece como un ser completamente desequilibrado, ayudando a las chicas en momentos clave y aportando la necesaria pero siempre impredecible potencia de fuego en su motocicleta espacial.

La gran diferencia de “Supergirl”, que puede desviar a los fanáticos que buscan más de lo mismo, radica en su narrativa íntima y su enfoque de temas profundos. El viaje de Kara y Ruthye rara vez es alegre y se adentra en los rincones más oscuros del universo y sus habitantes. Aunque el destino del universo no está en juego, lo que está en juego es personal. Milly Alcock, interpretando a un personaje que podría ser visto como “antipático”, logra infundir a Kara una dimensión humana y un carisma extraordinario, lo que la hace digna de apoyo.

Mientras lucha por salvar Krypto, su último vínculo con su hogar, Kara se ve obligada a enfrentarse a algo más complejo: la esencia de Ruthye y, en consecuencia, la suya propia. Estas preguntas, sobre qué significa ser un superhéroe y, principalmente, qué significa ser bueno, son el motor central de la película de Gillespie. Se espera que futuras producciones de “Supergirl” puedan ser más ligeras y divertidas, pero manteniendo la profundidad y la pregunta crucial de este primer largometraje: ¿qué significa realmente ser bueno? La respuesta no es sencilla.

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