Un estudio revela cómo los caracoles modulan la mucosidad para diferentes funciones

Caramujo

Caramujo - Gerrit Lammers/Shutterstock.com

Investigaciones recientes han revelado la complejidad detrás de la producción de moco de los caracoles, un secreto natural que ahora los científicos comprenden mejor. Publicada en la revista *Science*, la investigación realizada por un equipo alemán, que incluye a miembros del Instituto Max Planck de Coloides e Interfaces, reveló cómo estos moluscos ajustan las propiedades de su secreción. La clave de esta capacidad de “ingeniería” del moco reside en la acción conjunta del colágeno y el calcio.

La mucosidad de caracol, compuesta principalmente de agua, adquiere su textura viscosa y resbaladiza gracias a las mucinas y a los hidratos de carbono complejos. Además de su uso en cosmética, la sustancia tiene un gran potencial para la administración de fármacos. En 2020, los investigadores observaron que la combinación de secreciones de caracoles de jardín con nanopartículas de oro aceleraba la cicatrización de heridas y demostraba efectos antiinflamatorios en ratones. Un estudio anterior, de 2023, ya había identificado tres tipos de moco producido por el caracol de jardín: un humectante para proteger la piel, un adhesivo y un lubricante para la locomoción.

Caramujo – Caramujo – Gerrit Lammers/Shutterstock.com

El equipo de investigación centró sus estudios en el caracol de bosque (*Cepaea nemoralis*), considerado ideal por su capacidad para secretar cinco tipos distintos de moco, cada uno con una finalidad específica. Al igual que los caracoles de jardín, este grupo produce una mucosidad que actúa como un lubricante para facilitar el movimiento y otro adhesivo, que permite al animal adherirse a diferentes superficies. También hay una capa de moco especial, conocida como epifragma, que se libera durante la hibernación invernal y es rica en calcita, sellando el caparazón y protegiendo al caracol de los depredadores y de las duras condiciones ambientales.

Cuando se siente amenazado, *C. nemoralis* también produce dos tipos adicionales de moco protector. Uno de ellos es una sustancia amarilla, pegajosa, comparable a la de otros moluscos, muy resistente a la rotura. El segundo tipo es una sustancia efervescente que los científicos creen que sirve para asfixiar a los pequeños depredadores o expulsarlos del caparazón.

Los investigadores llevaron a cabo un análisis en profundidad de los cinco tipos de moco, utilizando varias técnicas avanzadas como proteómica, fluorescencia de rayos X, difracción de rayos X, microscopía electrónica de barrido criogénica y cromatografía líquida. Los análisis revelaron que, aunque todos los mocos tienen una composición proteica similar, el colágeno tipo IV constituye su principal componente estructural. Las variaciones en las propiedades mecánicas de cada tipo de moco están determinadas por las diferentes cantidades de proteínas y la presencia de carbonato cálcico amorfo (ACC). Los dos tipos de moco defensivo, por ejemplo, tenían la mayor cantidad de proteínas.

Los resultados obtenidos “indican que estas proteínas se utilizan para ajustar el grado de entrecruzamiento y, en consecuencia, la densidad de la red, lo que incide directamente en sus características mecánicas”, según concluyen los autores del estudio. Agregaron que “cada tipo de moco demuestra una estructura jerárquica única y compleja, influenciada por el procesamiento del material mucoso”. Esta profunda comprensión de los mecanismos detrás de la “ingeniería” del moco abre la puerta al desarrollo de nuevos materiales biomiméticos con propiedades personalizables, inspirando avances en áreas como la medicina y la industria cosmética.

Además, se observó que el calcio “se secreta activamente junto con el moco, actuando como fuente de iones para la reticulación o como precursor mineral para el refuerzo de la estructura”.

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