El cometa interestelar 3I/ATLAS viaja a 58 km/s y Júpiter alterará su ruta

3I/Atlas

3I/Atlas - Reprodução/NASA

La comunidad astronómica sigue de cerca la trayectoria de un raro visitante que cruza nuestro sistema planetario. El cometa 3I/ATLAS, identificado como un objeto de origen interestelar, se encuentra en aproximación al planeta Júpiter, evento que promete reconfigurar su recorrido por el espacio. Detectado inicialmente en julio de 2025 por el sistema de seguimiento ATLAS, ubicado en Chile, el cuerpo celeste viaja a una impresionante velocidad de 58 kilómetros por segundo. Esta velocidad extrema es la principal señal de que no está ligada a la gravedad de nuestro Sol, lo que confirma su naturaleza alienígena. Se consolida como el tercer cuerpo interestelar confirmado por la ciencia, siguiendo los pasos de los famosos 1I/’Oumuamua y 2I/Borisov, y ofreciendo una nueva ventana para estudios sobre la formación de otros sistemas estelares.

La culminación de esta visita a nuestro vecino gaseoso está prevista para el 16 de marzo de 2026. Durante este momento de máxima aproximación, el cometa pasará a una distancia de 0,358 Unidades Astronómicas del centro de Júpiter, lo que equivale aproximadamente a 5,36 millones de kilómetros. Aunque parezca una distancia colosal para los estándares terrestres, en términos astronómicos se trata de un encuentro extremadamente cercano, capaz de generar importantes consecuencias físicas y orbitales para el viajero de hielo y polvo.

彗星 3I/ATLAS – ハッブル宇宙望遠鏡/NASA、

La atracción gravitacional de Júpiter y la misión de la sonda Juno

Al ser el planeta más masivo de nuestro vecindario, Júpiter actúa como una auténtica honda gravitacional en el espacio. Los investigadores señalan que este estrecho paso modificará inevitablemente la ruta del 3I/ATLAS. El inmenso campo gravitacional del gigante gaseoso provocará una desviación en la trayectoria del cometa, un fenómeno ampliamente conocido en astrofísica pero rara vez presenciado en tiempo real con un objeto procedente de fuera del Sistema Solar. Además del cambio de ruta, la interacción puede provocar cambios en la estructura física del núcleo del cometa, posiblemente intensificando la liberación de gases debido a las fuertes fuerzas de marea.

Para registrar cada detalle de este histórico encuentro, la NASA movilizó la sonda Juno, que ya se encuentra en la órbita joviana. Entre el 9 y el 22 de marzo de 2026, los instrumentos de alta precisión de la nave espacial apuntarán al cometa. El objetivo principal es recopilar datos sin precedentes sobre la composición del material y el nivel de actividad del objeto mientras atraviesa el complejo entorno magnético de Júpiter. Si se produce una interacción gravitacional severa, la telemetría de Juno podrá medir las variaciones orbitales más sutiles, lo que permitirá a los científicos trazar con precisión el nuevo camino que seguirá el cometa hacia el espacio profundo.

Orígenes antiguos y el largo viaje por la Vía Láctea

El pasado de 3I/ATLAS es tan intrigante como su futuro. Los análisis espectroscópicos y el seguimiento inverso de su órbita indican que este cuerpo celeste probablemente se formó en el disco grueso de la Vía Láctea, una región galáctica caracterizada por albergar generaciones de estrellas muy antiguas. Esto sugiere que el cometa en sí es una reliquia primordial de nuestra galaxia. Los cálculos astronómicos estiman que lleva viajando por el vacío interestelar al menos 100.000 años. Un hallazgo aún más sorprendente revela que el objeto no ha pasado cerca de ninguna otra estrella en los últimos 10 millones de años, manteniendo su química original preservada en un congelador.

Esta prístina composición química comenzó a revelarse tan pronto como el cometa sintió el calor de nuestro Sol. Los observatorios terrestres pudieron detectar la emisión de gases específicos, incluidos el cianógeno y los radicales de carbono. La liberación de estos elementos volátiles formó una coma asimétrica, que es la nube de gas y polvo que rodea el núcleo del cometa. La forma peculiar y la firma química de este coma proporcionan pistas cruciales sobre las condiciones ambientales del distante sistema planetario donde nació 3I/ATLAS.

El recorrido por el Sistema Solar y el seguimiento por parte de las agencias espaciales

Mucho antes de encontrarse con Júpiter, el cometa ya era objeto de una intensa vigilancia internacional. En noviembre de 2025, la sonda JUICE, operada por la Agencia Espacial Europea, logró fotografiar el objeto contra el fondo estrellado mientras viajaba hacia el sistema joviano. Se espera que el paquete completo de datos científicos capturados por esta misión llegue a la Tierra en febrero de 2026. Los científicos esperan esta información para obtener descripciones detalladas de la morfología de la nube de gas que acompaña al núcleo.

El viajero interestelar también hizo una aparición notable en las cercanías de Marte en octubre de 2025. En aquella ocasión, el telescopio Gemini Norte, instalado en Hawaii, fue encargado de registrar el evento, capturando imágenes de alta resolución que resaltaron los cambios en la actividad de la coma. Para comprender la escala del paso de 3I/ATLAS por nuestro sistema, es posible observar el cronograma de sus aproximaciones más importantes:

  • 29 de octubre de 2025: El cometa alcanzó el perihelio, su punto más cercano al Sol, a una distancia de 1,36 Unidades Astronómicas.
  • 3 de octubre de 2025: Paso cercano a Marte, alcanzando las 0,194 Unidades Astronómicas del planeta rojo.
  • 3 de noviembre de 2025: Cruzando la órbita de Venus, a una distancia de 0,65 Unidades Astronómicas.
  • 19 de diciembre de 2025: Punto de máxima aproximación a la Tierra, alcanzando una cifra segura de 1.798 Unidades Astronómicas, sin riesgo de impacto.

Comportamiento físico atípico y el adiós definitivo a nuestro sistema

Después de alcanzar su punto más caliente cerca del Sol, 3I/ATLAS demostró intensas reacciones físicas. El cometa experimentó episodios de explosiones de brillo, un comportamiento esperado cuando la radiación solar sublima abruptamente el hielo interno. Este proceso dio como resultado la formación de distintas colas de polvo e iones, creando un espectáculo visual para los telescopios. Además, las observaciones fotométricas revelaron una variación cíclica en su luminosidad, lo que permitió a los astrónomos determinar que el núcleo del cometa completa una rotación alrededor de su propio eje cada cuatro horas.

En enero de 2026, el telescopio espacial TESS de la NASA llevó a cabo una campaña de observación dedicada a estudiar esta rotación y el nivel general de actividad del cuerpo celeste. Uno de los descubrimientos más sorprendentes de este análisis fue la altísima concentración de dióxido de carbono. Esta abundancia de CO2 diferencia drásticamente a 3I/ATLAS de los típicos cometas que se forman dentro de nuestro Sistema Solar, reforzando su identidad alienígena e indicando que se forjó en un entorno químico sustancialmente diferente al nuestro.

Después de completar su danza gravitacional con Júpiter, el cometa continuará su viaje de ida fuera del Sistema Solar. Las proyecciones matemáticas indican que, alrededor del año 2189, el objeto alcanzará el borde interior de la Nube de Oort, la enorme burbuja de escombros congelados que rodea nuestro vecindario cósmico. Tardará otros 8.000 años en cruzar el límite exterior de esta nube, desapareciendo definitivamente en el medio interestelar. Hasta que eso suceda, seguirá siendo uno de los objetivos más valiosos para la ciencia planetaria contemporánea.

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