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Mix Vale

El Irã se enfrenta a una de sus mayores olas de inestabilidad social en los últimos años, con manifestaciones populares que se extienden a más de 100 ciudades en las 31 provincias del país. En respuesta a la escalada de actos, que ya cumplen 12 días consecutivos, el gobierno implementó un apagón casi total de internet, aislando a la población y dificultando la comunicación interna y externa. Las protestas, que comenzaron con cuestiones económicas, evolucionaron hasta convertirse en un movimiento de fuerte crítica política al régimen, lo que desembocó en violentos enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

La crisis comenzó el 28 de diciembre de 2025, provocada por la severa devaluación de la moneda local, el rial, y una inflación galopante que afecta el poder adquisitivo de la población. El detonante fue una huelga de los comerciantes en Grande Bazar de Teerã, que rápidamente obtuvo apoyo en otras partes del país. La situación ha atraído la atención internacional, y el ex presidente del Estados Unidos, Donald Trump, ha amenazado con una respuesta contundente si se intensifica la represión contra los civiles.

La interrupción del acceso a Internet fue confirmada por organismos de vigilancia digital, que registraron una caída de más del 90% en el tráfico de datos a partir de las 20.00 horas, hora local. La medida afectó tanto a las redes móviles como a las fijas, en un claro intento de perturbar la organización de nuevas manifestaciones y controlar el flujo de información sobre la represión, que ya ha dejado decenas de muertos y miles de detenidos.

Protesto irã
Protesta en Irán – Reprodução

La crisis económica como detonante de manifestaciones

La economía iraní se ha visto gravemente afectada por la reimposición de sanciones internacionales relacionadas con su programa nuclear, que ha acelerado la devaluación del rial a niveles récord. La situación Essa provocó una espiral inflacionaria que hizo que los bienes de consumo básicos, como alimentos y combustible, fueran inaccesibles para una gran parte de la población. La pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre económica fueron los principales catalizadores del inicio de las protestas, que comenzaron con carácter sectorial y rápidamente se generalizaron. El cierre de bazares en ciudades estratégicas como Teerã, Tabriz,

El descontento, inicialmente concentrado entre comerciantes y trabajadores autónomos, encontró eco en otras capas de la sociedad. Greves en los mercados tradicionales se extendió a otros sectores, como el transporte y los servicios, paralizando parcialmente la actividad económica en varias regiones. Los manifestantes comenzaron a expresar su frustración no sólo por la situación, sino también por la gestión de la economía por parte del gobierno, que se enfrenta a una recesión prevista. Las agendas, antes restringidas a cuestiones financieras, se ampliaron para incluir críticas directas al liderazgo político del país, reflejando un descontento más profundo y estructural que estaba latente.

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Ampliación nacional de actos y represión.

Lo que comenzó como una serie de actos localizados rápidamente se convirtió en un movimiento a nivel nacional, que alcanzó al menos 111 ciudades, desde grandes metrópolis hasta áreas rurales, lo que demuestra la naturaleza generalizada de la insatisfacción. Em Mashhad, ciudad natal del líder supremo Ali Khamenei, miles de personas salieron a las calles centrales, en un gesto de significativo desafío. Em Teerã, las protestas se extendieron por varios barrios, con una fuerte participación de conductores que tocaron continuamente las bocinas en apoyo a los manifestantes. La movilización también llegó al ámbito académico, con estudiantes de 36 universidades organizando acciones y coreando consignas contra el sistema político. La respuesta de las autoridades fue dura y coordinada. Las fuerzas de seguridad Forças se movilizaron a gran escala para dispersar a la multitud, utilizando gases lacrimógenos y, en varios casos documentados, munición real. Organizações Los organismos de derechos humanos que siguen la situación informan de un saldo de al menos 45 muertos desde el inicio de las protestas, entre ellos ocho menores, siendo el 7 de enero el día más mortífero, con 13 víctimas mortales. Além Además, más de dos mil personas fueron arrestadas en diferentes provincias y hay informes de hospitales invadidos por agentes para detener a manifestantes heridos, una grave violación de las normas internacionales.

El apagón digital como herramienta de control

La decisión de cortar el acceso a Internet en todo el país es una estrategia que ya utiliza el gobierno iraní en tiempos de crisis para silenciar la disidencia. La medida pretende principalmente impedir que los manifestantes se coordinen a través de aplicaciones de mensajería y redes sociales, además de bloquear la difusión de imágenes y vídeos de la represión al resto del mundo.

El cierre fue abrupto y generalizado, afectando a los principales operadores de telefonía y proveedores de Internet. La táctica de aislamiento digital Essa convierte al país en una “caja negra”, donde verificar información sobre violaciones de derechos humanos se vuelve extremadamente difícil para la prensa y los organismos internacionales, aumentando la vulnerabilidad de la población civil.

Reacciones del gobierno y la comunidad internacional

Ante la escalada de violencia, el presidente Masoud Pezeshkian hizo un llamamiento público a las fuerzas de seguridad para que actúen con la “máxima moderación”. En sus declaraciones reconoció las dificultades económicas que enfrenta la población y prometió abrir canales de diálogo para escuchar sus demandas.

Esta postura, sin embargo, contrasta con las operaciones de contención que continúan activas sobre el terreno. Autoridades del régimen han buscado diferenciar lo que consideran “protestas legítimas” de “acciones que amenazan el orden público”, una retórica que justifica la represión contra grupos considerados más radicales.

En el escenario externo, la declaración de Donald Trump tuvo fuertes repercusiones. El ex presidente estadounidense afirmó que Estados Unidos respondería con la fuerza si el gobierno iraní avanzaba en la “represión letal de civiles”, aumentando la tensión geopolítica. Autoridades Las mujeres iraníes clasificaron el discurso como una injerencia inaceptable en los asuntos internos.

Perfil diverso de los manifestantes

La actual ola de protestas destaca por la diversidad de sus participantes. Comerciantes, que inició el movimiento, mantuvo sus tiendas cerradas en unas 50 ciudades, lo que demuestra una resiliencia económica continua.

Los estudiantes universitarios aportaron una dimensión más politizada a los actos, organizando manifestaciones en los campus y planteando cuestiones relacionadas con la libertad de expresión y los derechos civiles.

Los conductores y trabajadores informales también se reunieron en gran número, expresando las dificultades que enfrentan a diario para garantizar el sustento de sus familias.

La participación femenina ha sido notable en varias ciudades, continuando el papel protagónico que las mujeres iraníes han asumido en las recientes movilizaciones por mayores derechos y libertades.

Balance de víctimas y detenciones

Organizaciones independientes, como la noruega Iran Human Rights, siguen de cerca el número de víctimas. El balance actualizado apunta a 45 muertos civiles, pero la cifra podría ser mayor debido a las dificultades de comunicación impuestas por el apagón de internet.

Cientos de personas resultaron heridas en los enfrentamientos, que abrumaron los sistemas de salud locales. Las más de dos mil detenciones incluyen a activistas, periodistas y ciudadanos comunes, generando gran preocupación entre los grupos de derechos humanos por el trato a los prisioneros.

Escenario de incertidumbre

A pesar del fuerte aparato de represión y el aislamiento digital, siguen circulando llamados a nuevas acciones por medios alternativos. La situación sigue siendo tensa e impredecible, con las fuerzas de seguridad manteniendo una presencia abierta en puntos estratégicos de las principales ciudades, mientras la población resiste en medio de una crisis económica y política sin precedentes.

Luís Henrique Costa é jornalista formado pela FMU, editor-chefe e fundador do Mix Vale, portal de notícias em atividade desde 2013. Responde pela direção editorial do veículo, que cobre Brasil e mundo em economia, benefícios sociais, esportes, tecnologia, ciência e entretenimento. Atua na área há mais de 15 anos e lidera uma equipe de cerca de 15 colaboradores.

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