El fútbol nacional está a punto de vivir un capítulo sin precedentes en su trayectoria centenaria, cuando el plantel cinco veces campeón del mundo ingresará a las canchas del torneo más importante de la FIFA de la mano de un profesional nacido más allá de nuestras fronteras.
Cumpliendo un año de trabajo en la sede de la máxima entidad de este deporte en el país, el reconocido estratega italiano Carlo Ancelotti, poseedor de un currículum envidiable en el fútbol europeo con cuatro títulos de Liga de Campeones, asume el desafío de guiar a una selección nacional por primera vez en su victoriosa carrera.
Sin embargo, la creencia de que el multicampeón de Europa es el pionero internacional absoluto en vestir el maillot verde y amarillo constituye un error histórico. A lo largo de las últimas décadas, otros tres profesionales nacidos en el extranjero tuvieron el honor de guiar a la selección canaria, aunque ninguno de ellos logró competir por el ansiado trofeo del Mundial.
En los siguientes párrafos rescatamos la memoria y los detalles de los pasos de estos comandantes pioneros que dejaron sus firmas en el banquillo del equipo más respetado del planeta.
Pionero uruguayo en los inicios del deporte nacional
La ruptura de la exclusividad nacional se produjo en la década de 1920, cuando el uruguayo Ramón Platero tomó las riendas de la selección canaria. En aquella época, el deporte bretón estaba aún en sus primeros pasos hacia la profesionalización en el país, y la selección brasileña llevaba poco más de una década de actuaciones oficiales en los céspedes sudamericanos.
Profundo conocedor de la escena local, el sudamericano se ganó una sólida reputación entrenando a gigantes de Río de Janeiro, como Flamengo, Vasco da Gama y Fluminense. Este prestigio lo calificó para encabezar la delegación en el Campeonato Sudamericano de 1925, torneo con sede en Argentina que se convertiría en la actual Copa América.
La planificación original de la confederación designó al brasileño Joaquim Guimarães para el papel al borde del campo. Sin embargo, una reestructuración de último momento elevó a Guimarães al cargo de director deportivo, otorgando al profesional del país vecino la responsabilidad directa de implementar los entrenamientos y definir la táctica con los jugadores convocados.
El resultado de esa gira internacional resultó en que la selección nacional terminara subcampeona de la competición. El balance final del equipo bajo la tutela del uruguayo incluyó dos impresionantes triunfos contra el equipo paraguayo, así como un reñido empate y un revés contra el equipo local, Argentina.
La insólita división de tareas con un periodista de Portugal
Casi dos décadas después, el lisboeta Jorge Gomes de Lima escribió su nombre en esa selecta lista. Llegado muy joven a territorio brasileño, el europeo, popularmente llamado Joreca, construyó una carrera multifacética: brilló en micrófonos de radio deportivos, se licenció en educación física e incluso trabajó como árbitro antes de migrar definitivamente al tablero de dibujo táctico.
El gran salto en su carrera se produjo al frente del São Paulo Futebol Clube, institución con la que obtuvo trofeos estatales en las temporadas de 1943, 1945 y 1946. El abrumador desempeño en el fútbol paulista llamó la atención de los directivos federales, que propusieron un modelo de gestión compartida, colocando al jugador portugués al lado del legendario Flávio Costa.
La experiencia de doble comando, realizada en los estadios Pacaembu y São Januário, duró el equivalente a dos partidos amistosos contra la selección uruguaya. Pese a cosechar importantes victorias en estos enfrentamientos, la dirección decidió abandonar el innovador formato, desconectando al europeo del proyecto y centralizando las decisiones en manos del técnico brasileño, que acabaría sufriendo la dolorosa derrota en el Maracanazo de 1950.
El día que un club paulista representó al país a las órdenes argentinas
El tercer nombre de esta cronología, y último antes de la era contemporánea, proviene precisamente de la nación protagonista de la mayor rivalidad continental con los brasileños. El argentino Nelson Ernesto Filpo Núñez grabó su nombre en la historia cuando dirigió a la selección nacional en los años sesenta.
El jugador bonaerense construyó una relación duradera con el país que llegaría a convertirse en el único pentacampeón del mundo. Durante un largo período, que se extendió desde mediados del siglo pasado hasta la década de los noventa, el carismático comandante recorrió innumerables clubes repartidos por distintas regiones del país.
En el apogeo de su carrera, el argentino fue el cerebro detrás de la legendaria “Primeira Academia” de la Sociedade Esportiva Palmeiras, un equipo formidable que se enfrentó al Santos dirigido por el rey Pelé. Debido a este fútbol llamativo, la federación tomó una decisión atípica: invitó a toda la plantilla del club paulista a vestir la camiseta de Brasil en el acto de inauguración del estadio Mineirão, el 7 de septiembre de 1965, transfiriendo automáticamente el portapapeles al técnico extranjero.
El paso relámpago duró exactamente los noventa minutos de aquel acto festivo. El improvisado equipo, que mantuvo la química y el alma del conjunto alviverde, no hizo caso a Uruguay y goleó contundentemente por 3-0, garantizando una fiesta completa para los hinchas mineros presentes en las gradas.
El camino trazado para la búsqueda de un sexto campeonato mundial
Por estos días, el escenario es de intensa preparación en los pasillos de la Confederación Brasileña de Fútbol, donde el actual comité técnico europeo estudia hojas de cálculo y análisis de rendimiento destinados a compromisos inminentes en el calendario internacional.
El grupo de deportistas, cuyo principal referente técnico es el delantero Vinicius Jr., hará su esperado debut en el torneo mundial contra la selección marroquí, poco después de finalizar el último periodo de pruebas en partidos amistosos. Inscrita en el grupo C de la competición, la escuadra verde y amarilla tiene encuentros programados contra Haití, previsto para el día 19, y cierra la fase inicial midiéndose a Escocia, el día 24.
Dependiendo de la actuación en la fase de grupos, el camino hacia el título presentará diferentes niveles de dificultad en los octavos de final. Las proyecciones matemáticas indican los siguientes escenarios cruzados para la primera fase eliminatoria:
- Al avanzar en primer o segundo lugar del grupo C, el rival necesariamente abandonará el grupo F.
- En este escenario de clasificación directa, los posibles oponentes incluyen equipos de Holanda, Japón, Suecia o Túnez.
Por otro lado, si se produce un tropiezo y la clasificación se consigue únicamente mediante la repesca de los mejores terceros clasificados, el nivel de exigencia aumentará drásticamente. En esta hipotética situación, el cruce apuntaría a los líderes de los grupos A, E o I, lo que pondría a Brasil en camino de colisión temprana contra potencias que ya levantaron la copa, como las temidas selecciones de Alemania o Francia.
