Han pasado cuatro décadas desde el momento icónico que redefinió la historia del fútbol mundial. El 22 de junio de 1986, Diego Armando Maradona anotó dos de los goles más memorables en un solo partido mundialista, solidificando su leyenda en el Estadio Azteca, en la Ciudad de México, durante el enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra en cuartos de final.
Ese día fue escenario de una genialidad incuestionable, pero también de una polémica que alimentaría debates durante años. En sólo 10,87 segundos, el astro argentino recorrió 55 metros del campo, regateando de manera espectacular a los rivales ingleses, culminando en la jugada conocida como el “Gol del Siglo”.
El inolvidable viaje del “Gol del Siglo”
El reloj marcaba aproximadamente 55 minutos de juego cuando Maradona inició su obra maestra. Recibiendo el balón en su propio campo, de espaldas a la portería, rápidamente demostró su capacidad para controlar y ver el juego. Con un toque magistral, dribló al mediocampista Peter Beardsley, dejándolo atrás.
Avanzando con el balón, Maradona aprovechó un pase sobre Steve Reid para girar y deshacerse de su marcador, alineándose para atacar hacia la portería inglesa. Ya en territorio rival, el número 10 aceleró, con Beardsley abandonando la persecución mientras Reid intentaba, en vano, alcanzarlo.
El defensa Terry Butcher salió a su encuentro, pero Maradona frenó el ritmo con toques cortos, esperando el momento exacto para driblarlo hacia el centro del campo. El defensa Terry Fenwick lo esperaba en el borde del área, pero el argentino usó la carrera de Jorge Burruchaga como señuelo, driblando a Fenwick con un pase raso antes de disparar hacia la portería.
Dentro del área, Butcher logró acercarse por la derecha, mientras el portero Peter Shilton salió a intentar bloquear el disparo. Bajo presión, Maradona optó por un regate decisivo sobre el portero, rematando con el interior de su pie izquierdo, desde una posición complicada, para marcar el que sería inmortalizado como el “Gol del Siglo”.
La “mano de dios” que precedió al genio
Cinco minutos antes del disparo que pasaría a la historia por su belleza, Maradona ya había encontrado la red en un momento de pura polémica. El incidente se conoció como la “Mano de Dios”, cuando el argentino utilizó su puño izquierdo para superar al portero Shilton, que medía 18 centímetros más. El gol, marcado tras un regate en zigzag sobre Steve Hodge, lo concedió el árbitro tunecino Ali Bennaceur, que no advirtió la irregularidad.
Maradona, consciente de la infracción, rápidamente corrió hacia un costado del campo para celebrar, lanzando una mirada de reojo al árbitro. Sólo unos pocos jugadores ingleses protestaron con vehemencia. Tras el partido, el astro explicó que el gol lo había marcado “un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios”, frase que rápidamente se convirtió en uno de sus apodos más famosos y en un símbolo de su irreverencia.
Impacto de la Guerra de Malvinas en el enfrentamiento en el campo
El partido entre Argentina e Inglaterra trascendió el deporte y tuvo un fuerte significado político y emocional. El juego tuvo lugar apenas cuatro años después de la Guerra de las Malvinas, una guerra entre ambos países que se cobró la vida de cientos de soldados y civiles. La rivalidad, que ya era intensa en el fútbol, se vio amplificada por el reciente trauma nacional.
La prensa de la época, incluido el diario EL PAÍS, se centró en la forma en que el conflicto armado ensombrecía el Estadio Azteca. Aunque jugadores y técnicos intentaron minimizar el tema, entre los aficionados argentinos se escucharon consignas nacionalistas y la preocupación por posibles incidentes impregnó el ambiente. El recuerdo de la guerra fue una presencia innegable, añadiendo una capa de dramatismo y fervor al ya tenso escenario de cuartos de final.
Los estratosféricos números de Maradona en el histórico partido
La actuación de Maradona contra Inglaterra fue monumental, algo que las estadísticas, actualizadas por expertos como Statsbomb, ayudan a medir. Aquella tarde, el número 10 se mostró prácticamente imparable, siendo una auténtica pesadilla para la defensa inglesa. Sus números de regate y su influencia en el juego son impresionantes.
Vea algunos datos del desempeño de Maradona:
- Regates completados:12 de 14 intentos exitosos. La mayoría se produjo en campo contrario, principalmente en el lado derecho.
- Desarmas sufridas:37, con sólo 8 sancionados con faltas por el árbitro, demostrando el marcaje implacable.
- Acciones progresivas:20, llevando el balón a posiciones avanzadas. Fueron 8 pases y 12 regates, incluido el “Gol del Siglo”.
- Acabados:7 intentos, lo que representó la mitad del total del equipo argentino en el partido.
- Goles esperados (xG):Maradona fue responsable de 1,2 de los 1,6 goles esperados de Argentina en el partido, lo que subraya su capacidad para crear peligro.
El equipo argentino, dirigido por Maradona, mostró control colectivo en varias fases del partido, culminando con dos oportunidades de gol en el segundo tiempo que fueron aprovechadas. Inglaterra, a pesar de generar ataques peligrosos, sólo logró reducir el marcador al final del partido.
El uniforme improvisado que pasó a ser parte de la leyenda
Un detalle pintoresco del partido fue el uniforme de la selección argentina. El técnico Carlos Bilardo se mostró disconforme con el tejido de las camisetas utilizadas en los octavos de final, que eran de algodón, pesadas y retenían el sudor. Para el choque crucial contra Inglaterra, quería algo más ligero y más adaptado al calor mexicano.
La marca proveedora no pudo producir un nuevo uniforme a tiempo. La solución fue una búsqueda frenética de tiendas en la Ciudad de México la noche anterior al partido. Las piezas elegidas fueron adaptadas apresuradamente, con números plateados improvisados, similares a los de un uniforme de fútbol americano. Fue con esta camiseta improvisada que Maradona marcó sus goles históricos. Décadas más tarde, en 2019, una de estas camisetas se convirtió en la más valiosa del deporte y se vendió por aproximadamente 9,1 millones de dólares en una subasta.
La brillante campaña de Maradona en el Mundial de 1986
La genialidad de Maradona en el Mundial de 1986 no se limitó al choque con Inglaterra. Su actuación fue superlativa durante todo el torneo, llevando a Argentina a su segundo título mundial. El equipo encabezó su fase de grupos, con victorias sobre Corea del Sur y Bulgaria y un empate con Italia, antes de eliminar a Uruguay en octavos de final.
Tras el triunfo ante los ingleses, el capitán argentino llevó al equipo a las victorias sobre Bélgica en la semifinal y, finalmente, ante Alemania Federal en la gran final. De los 14 goles marcados por Argentina en el torneo, 10 impresionantes tuvieron participación directa de Maradona, ya sea con goles o asistencias. Estuvo involucrado en más de la mitad de los tiros del equipo, con 30 tiros a portería y 27 oportunidades creadas para sus compañeros.
Los récords de Maradona que lo diferencian de las estrellas actuales
La singularidad de la actuación de Maradona en 1986 es aún más evidente si se compara con la de los nombres más importantes de la historia del fútbol. Sigue siendo, hasta el día de hoy, el único jugador en Copas del Mundo que marca un gol y brinda al menos cinco asistencias en un solo torneo. Ni siquiera goleadores legendarios o estrellas como Zico, Ronaldo, Messi o Mbappé alcanzaron estas cifras simultáneamente en una misma edición. Esto subraya la extraordinaria capacidad de Maradona para ser decisivo tanto con sus propios tiros como creando jugadas para sus compañeros.
Además de su contribución directa a los goles, el impacto de Maradona fue más allá de las estadísticas ofensivas. Durante el Mundial de 1986, completó 53 regates exitosos, una cifra 37 veces mayor que cualquier otro jugador del torneo. Según los registros de Opta, que cubren todos los Mundiales desde 1966, ningún otro atleta ha superado esta marca en una sola edición del torneo. En particular, lo logró bajo presión constante, cometiendo 53 faltas en siete partidos, un promedio de 7,6 por partido. Se trata de la cifra más alta jamás registrada para un jugador en la historia de los Mundiales, lo que le convierte, al mismo tiempo, en el jugador más decisivo y el más perseguido de la competición.
