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El cometa errante 3I/ATLAS revela una composición química más antigua que el propio Sol

Cometa 3I/ATLAS
Foto: Cometa 3I/ATLAS - Telescópio Espacial Hubble/NASA,
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Científicos vinculados al Observatorio Europeo Austral han detectado propiedades únicas en un cuerpo rocoso fuera de nuestra vecindad cósmica. El viajero espacial llamado 3I/ATLAS ha sido sometido a exámenes químicos en profundidad, exponiendo una estructura que subvierte la línea de tiempo astronómica convencional. La información captada muestra que la génesis de este artefacto se produjo en un momento mucho anterior a la aparición de nuestro propio astro rey, cuya edad se estima en unos 4.600 millones de años.

El seguimiento se realizó directamente desde las instalaciones chilenas en el desierto de Atacama, utilizando el potente Very Large Telescope. Gracias a la sensibilidad lumínica de esta colosal máquina, los investigadores pudieron aislar la firma visual de la nube gaseosa que rodea el corazón del cometa. El estudio detallado, publicado recientemente en la revista Nature Astronomy, explica cómo la cantidad de isótopos actúa como un verdadero marcador temporal de estos fragmentos del universo.

Cometa 3I/ATLAS
Cometa 3I/ATLAS – ESA/Juice/JANUS

El equipo de expertos determinó que 3I/ATLAS nació en los límites helados de una antigua disposición estelar. Este sector primordial del cosmos padecía una drástica falta de metales pesados, un escenario típico de cuando el universo, hoy de 13.800 millones de años, era aún joven y las grandes estrellas no habían diseminado elementos complejos por el espacio. Encontrar un cuerpo celeste que tenga esta composición química exacta abre una nueva puerta para comprender escenarios planetarios de la antigüedad.

Instrumentos de última generación permiten la lectura de compuestos químicos antiguos

Lo que más llamó la atención de los astrónomos de todo el mundo sobre 3I/ATLAS fue su radiación luminosa inusual para un intruso extrasolar. Este destello atípico funcionó como un faro en la oscuridad del vacío, ofreciendo el escenario ideal para que los equipos terrestres realicen mediciones milimétricas. Toda la luz reflejada en la capa de polvo y gas que rodea la roca contiene datos cruciales sobre los materiales básicos que forjaron su estructura.

Para registrar estas métricas, los académicos recurrieron al espectrógrafo UVES, un dispositivo integrado en el complejo telescópico de Chile que puede fragmentar la luz en sus tonos primarios. Este esfuerzo investigativo fue liderado por Cyrielle Opitom, investigadora de la Universidad de Edimburgo, con sede en el Reino Unido. El objetivo central del grupo británico era calcular el volumen preciso de las variaciones de nitrógeno y carbono alojadas en las partículas de cianuro expulsadas por el objeto.

El método de espectroscopia funciona de manera similar a un escáner de códigos de barras a escala galáctica. Cada sustancia química absorbe y proyecta fotones en ritmos únicos, creando estelas luminosas u oscuras en el gráfico generado por las lentes del centro de investigación. Al medir estas firmas visuales, el equipo dirigido por Opitom pudo identificar no sólo la identidad de los compuestos del cometa, sino también la relación matemática exacta entre las versiones ligera y pesada de cada elemento.

Las comparaciones revelan contrastes entre el artefacto extraterrestre y los cometas locales.

Los registros de la astronomía contemporánea incluyen apariciones muy raras de cuerpos procedentes del espacio profundo, lo que transforma cualquier identificación en un hito científico. 3I/ATLAS es el tercer viajero interestelar documentado por bases terrestres, poco después de dos rocas que reescribieron la comprensión humana del movimiento galáctico. Colocar a estos forasteros al lado de los cometas en nuestro vecindario expone la inmensa pluralidad de formaciones en el universo.

La evaluación de las proporciones de isótopos permite crear conexiones directas entre rocas generadas en sistemas solares completamente diferentes. Los investigadores aplican estos indicadores numéricos para ubicar los cuerpos celestes dentro de grupos de nacimiento específicos.

  • El pionero 1I/ʻOumuamua abrió la lista de visitantes extranjeros, mostrando un cuerpo estirado y la ausencia total de estela de gas, factor que impidió cualquier examen químico más denso.
  • El sucesor 2I/Borisov actuó de manera casi idéntica a las rocas heladas de nuestra Nube de Oort, pero su baja luminosidad limitó el trabajo de los espectrógrafos.
  • 3I/ATLAS combinó su origen alienígena con una brillantez espectacular, permitiendo el primer mapeo molecular absoluto de un cuerpo extraño a nuestro sistema.
  • Los cometas nacidos en el Sistema Solar tienen marcas de nitrógeno y carbono muy estampadas que reflejan la nebulosa primordial que giraba alrededor del Sol recién nacido.

Estas discrepancias en la arquitectura química atestiguan que la Vía Láctea esconde innumerables métodos de creación de planetas. La materia prima que estructura 3I/ATLAS viajó congelada y protegida de cambios durante eones a través del vacío del espacio, manteniendo intacto el perfil químico de su lugar de origen.

Anomalías de gas indican nacimiento en una región de frío extremo

Los índices isotópicos detectados en la atmósfera del cometa actúan como un fósil cósmico inmutable. Aravind Krishnakumar, miembro del Instituto STAR de la Universidad de Lieja y uno de los autores del estudio, analizó las irregularidades químicas detectadas. El académico destacó que las tasas de nitrógeno y carbono de 3I/ATLAS están completamente fuera de lo normal cuando se coloca al lado de cualquier trozo de hielo que rodee nuestra estrella.

Esta desviación en la composición indica que la roca tomó forma en un sector dominado por temperaturas absurdamente bajas, muy superiores al frío que se encuentra en los límites de nuestro propio sistema. La falta de metales más densos corrobora la idea de que la estrella que albergaba a este cometa formaba parte de un linaje estelar muy antiguo, creado antes de que las explosiones de supernovas fertilizaran la galaxia con nuevos elementos.

Lo que garantiza la exactitud de los descubrimientos es precisamente la preservación de estas moléculas durante el viaje a través de la oscuridad del universo. A medida que el objeto atravesaba zonas de vacío absoluto, lejos de las interferencias radiactivas de otros soles, su núcleo helado permaneció blindado hasta que sintió el calor de nuestra estrella, momento en el que comenzó a liberar el polvo que ahora estudian los científicos.

Las observaciones de James Webb validan los hallazgos con la detección de deuterio

La búsqueda de las raíces de 3I/ATLAS se ha vuelto aún más fascinante con la publicación de un artículo complementario, también respaldado por la revista Nature. Un grupo de científicos del Centro de Vuelo Espacial Goddard, base de operaciones de la NASA, activó las lentes infrarrojas del Telescopio Espacial James Webb para analizar el mismo objetivo. Las lecturas tomadas desde la órbita terrestre confirmaron y ampliaron los hallazgos del observatorio de Chile.

Los sensores de la agencia espacial estadounidense detectaron un volumen inusual de deuterio en la cola del cometa. El deuterio actúa como una versión pesada del hidrógeno y alberga un neutrón adicional en su centro, lo que lo convierte en un marcador esencial para rastrear la historia del agua en el cosmos. La abundancia de este componente es una clara señal de que los gases y líquidos de la roca se solidificaron en un ambiente cercano al cero absoluto, dentro de una espesa nube molecular protegida de cualquier fuente de calor.

La combinación de informes generados por el Very Large Telescope y James Webb ofrece la fotografía más detallada jamás creada de un cuerpo nacido en otro sistema solar. La combinación de métricas de nitrógeno, carbono e hidrógeno pesado refuerza la premisa de que 3I/ATLAS es una reliquia de una era olvidada de la Vía Láctea. Con estos dos frentes de investigación, la astronomía gana una regla sin precedentes para medir la química de los futuros viajeros que decidan cruzarse en nuestro camino.

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