Millones de personas en todo el planeta dedican horas al día a consumir contenidos digitales, pero los propios creadores de las tecnologías más influyentes adoptan un enfoque diferente en sus hogares. Información reciente muestra que destacados ejecutivos, como Peter Thiel, Bill Gates y Steve Jobs, aplican severas restricciones al tiempo que sus hijos pasan frente a la pantalla, una práctica que difiere del patrón observado en la mayoría de las familias. Esta realidad gana importancia a medida que crecen los debates globales sobre la regulación del acceso de niños y adolescentes a las redes sociales, con países como Australia y Malasia que ya prohíben su uso a niños menores de 16 años, mientras que Francia, el Reino Unido y Dinamarca han desarrollado leyes similares.
Peter Thiel, conocido como uno de los primeros inversores de Facebook, restringe el uso de la pantalla de sus dos hijos pequeños a solo una hora y media por semana, información publicada durante un evento en 2024. Aunque sorprendió al público en ese momento, esta práctica refleja una pauta común entre los desarrolladores de algunas de las tecnologías más atractivas. Del mismo modo, Evan Spiegel, director general de Snap, fijó un límite de 1h30 de tiempo de pantalla por semana para su primogénito, convirtiéndose en el multimillonario más joven del mundo en 2015. Bill Gates, cofundador de Microsoft, impuso normas aún más estrictas, prohibiendo los teléfonos móviles a sus hijos antes de los 14 años y prohibiendo completamente los dispositivos electrónicos durante las comidas. Incluso Steve Jobs, uno de los fundadores de Apple, ya había afirmado en 2010 que sus hijos no tenían contacto con el iPad, buscando evitar un tiempo excesivo frente a la pantalla.
El comportamiento paradójico de los creadores de grandes tecnologías
Shou Zi Chew, director ejecutivo de TikTok, afirmó que sus hijos aún no tienen la edad suficiente para utilizar la conocida aplicación de vídeos cortos. Sin embargo, haría una concesión si estuvieran en Estados Unidos, empleando configuraciones parentales específicas, como eliminar anuncios y restringir la publicación de contenidos a menores de 13 años. Por otro lado, Steve Chen, uno de los cofundadores de YouTube, no permite que sus hijos vean vídeos cortos, justificando que este formato reduce la capacidad de atención y puede ser perjudicial para el desarrollo cerebral. Sumándose a esta complejidad, Elon Musk expresó remordimiento por no haber establecido más límites al uso de las redes sociales por parte de sus propios hijos, destacando la ironía inherente a este segmento.
La dicotomía entre las actitudes de los creadores de tecnología y el uso masivo de estas herramientas por parte de la sociedad plantea profundos interrogantes sobre la ética en el desarrollo de plataformas digitales. Si bien las grandes empresas de tecnología obtienen ganancias sustanciales gracias a la alta participación de los usuarios, sus altos directivos optan por proteger a sus propios hijos de las consecuencias negativas. Esta tendencia está corroborada por estudios recientes: una encuesta realizada en 2025 con 100.000 participantes reveló que el contacto frecuente con vídeos cortos está relacionado con una reducción del rendimiento cognitivo y un empeoramiento de la salud mental, lo que afecta a personas de todas las edades.
Cómo afecta el uso excesivo de pantallas a la salud mental y nuevas regulaciones
Datos de la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente indican que, en Estados Unidos, los niños y adolescentes de 8 a 18 años dedican, en promedio, siete horas y media al día a actividades de pantalla. Este escenario dio origen al concepto de “niños iPad” y ha alimentado intensamente la discusión sobre los límites del uso de la tecnología durante la infancia.
Las elecciones de estos magnates de la tecnología, aunque personales, apuntan a una aceptación implícita de los peligros vinculados al uso excesivo de las pantallas. En un momento en que los gobiernos de todo el mundo avanzan hacia regulaciones más estrictas, el sector tecnológico se enfrenta al desafío de conciliar la innovación con su responsabilidad social. El precedente sentado por los propios líderes del mercado sugiere que la respuesta no está únicamente en las herramientas de control parental, sino más bien en una remodelación fundamental de la interacción entre los jóvenes y los dispositivos digitales.
