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Una fracción específica del colesterol, la lipoproteína(a), o simplemente Lp(a), ha preocupado a los cardiólogos debido a su fuerte vínculo con el riesgo de ataques cardíacos, ya que está determinada en gran medida por la herencia genética y es resistente a los tratamientos convencionales. Mientras la medicina celebra la aprobación de nuevos fármacos para el colesterol LDL, el “malo”, anunciado este jueves 16 de julio de 2026 en Estados Unidos, la atención se centra en este enemigo silencioso que exige un enfoque diferente. La búsqueda de soluciones efectivas para la Lp(a) es uno de los mayores desafíos actuales en cardiología.

La amenaza silenciosa de la lipoproteína(a) y su origen genético

A diferencia del colesterol LDL, cuyos niveles están significativamente influenciados por los hábitos de vida y pueden controlarse con medicamentos como las estatinas, la concentración de lipoproteína(a) en la sangre está definida casi en su totalidad por la genética individual. Se estima que aproximadamente el 90% de su valor está determinado por la herencia familiar. Esta particularidad lo convierte en un marcador de riesgo cardiovascular que no responde a la dieta, al ejercicio físico ni a la mayoría de fármacos disponibles actualmente para reducir el colesterol.

La complejidad de la Lp(a) reside precisamente en su origen. Las personas nacen con predisposición a tener niveles más altos o más bajos, por lo que es imposible corregirlo solo con cambios en el estilo de vida. Esta característica genética hace que alrededor de una de cada cinco personas tenga niveles elevados de lipoproteína(a) sin siquiera ser consciente de ello, ya que la prueba no se solicita de forma rutinaria.

Comprender el riesgo cardiovascular asociado con la Lp(a) elevada

El interés en la lipoproteína (a) se intensificó a medida que los estudios observacionales revelaron una asociación directa entre niveles elevados de lipoproteína (a) y resultados cardiovasculares graves. Los pacientes con valores superiores a 50 mg/dL, que corresponden al cuartil más alto de la población, enfrentan un riesgo hasta tres veces mayor de sufrir un infarto. Además de su impacto en el corazón, la Lp(a) también contribuye a la calcificación de la válvula aórtica, un problema común en los ancianos.

Es importante resaltar que la lipoproteína(a) actúa independientemente del LDL. Esto significa que dos personas con el mismo nivel de colesterol “malo” pueden presentar riesgos cardiovasculares muy diferentes, dependiendo de la concentración de Lp(a) en su organismo. Esta fracción actúa como un indicador adicional de peligro, lo que requiere una evaluación más profunda de la salud del corazón.

¿Por qué es fundamental medir la lipoproteína(a) y cómo actuar ahora?

Durante muchos años, la medición de la lipoproteína(a) se consideró de poca relevancia práctica, ya que no existían tratamientos específicos para reducirla y sus resultados rara vez cambiaban el manejo médico. Sin embargo, este escenario ha cambiado rápidamente. Nuevas directrices, como la publicada en marzo de 2026 por el Colegio Americano de Cardiología y la Asociación Americana del Corazón, recomiendan medir la Lp(a) al menos una vez en la vida a todos los adultos.

Esta guía tiene como objetivo permitir que cada individuo conozca su riesgo cardiovascular intrínseco. Se trata de un análisis de sangre sencillo que se realiza una sola vez, ya que el valor de Lp(a) tiende a permanecer estable durante toda la vida. Aunque el descubrimiento de una lipoproteína elevada no supone, por ahora, el inicio de un tratamiento específico para bajarla, sirve como una advertencia crucial para intensificar el control de todos los demás factores de riesgo que puedan modificarse.

    Las principales acciones recomendadas para personas con niveles elevados de Lp(a) son:

  • Mantenga el colesterol LDL en niveles bajos.
  • Controlar estrictamente los triglicéridos.
  • Controle la presión arterial constantemente.
  • Gestionar la glucemia para evitar desequilibrios.
  • Practica actividad física con regularidad.
  • Adoptar una dieta equilibrada y saludable.

Perspectivas prometedoras con nuevos tratamientos en desarrollo

Es posible que el vacío terapéutico para la lipoproteína (a) esté a punto de llenarse. Varias compañías farmacéuticas están desarrollando sustancias para reducir esta fracción del colesterol, siendo el pelacarseno de Novartis una de las más avanzadas. Este medicamento, administrado en inyecciones mensuales, demostró en estudios iniciales una capacidad para reducir la Lp(a) en aproximadamente un 80%.

El pelacarseno es el foco del estudio Horizon, el primer gran ensayo clínico que investiga si la reducción de los niveles de Lp(a) realmente se traduce en una reducción de los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares. Con más de 8.000 pacientes seguidos durante años, los resultados se esperan con impaciencia y deberían presentarse en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), en Munich, a finales de agosto de 2026. Otras terapias, incluida una versión en tabletas, también están en fase de prueba.

Aunque la promesa es grande, la comunidad médica mantiene una advertencia importante: aún no se ha demostrado que la reducción de la lipoproteína(a) sea sinónimo de reducción de los eventos cardiovasculares. Las investigaciones que demuestran esta relación directa, con una reducción efectiva de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, generalmente requieren más de cinco años de seguimiento. Los estudios que se publicarán próximamente son los primeros pasos para llenar este vacío y determinar si, de hecho, intervenir en los niveles de Lp(a) puede salvar vidas.

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