El colesterol genético que resiste las estatinas aumenta tres veces el riesgo de sufrir un ataque cardíaco; entenderPor Beatriz
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La aprobación de la primera pastilla para combatir el colesterol LDL en Estados Unidos marcó un gran avance, ampliando el arsenal de medicamentos disponibles. Sin embargo, este nuevo desarrollo no aborda una forma específica de colesterol que preocupa a los cardiólogos y que la mayoría de las personas desconocen.
Se trata de lipoproteína (a) o Lp (a), una fracción del colesterol que está determinada casi en su totalidad por factores genéticos. Niveles elevados de esta sustancia se asocian con un riesgo de sufrir un infarto que puede ser hasta tres veces mayor.
La peculiaridad de su nombre, con la “a” minúscula y el diminutivo “Lp(a)” utilizado entre los médicos, esconde un importante factor de riesgo. Recién ahora la Lp(a) comienza a recibir la debida atención en las clínicas, impulsada por las nuevas recomendaciones sanitarias y la expectativa de tratamientos innovadores capaces de reducir sus niveles.
Colesterol que se hereda: la influencia de los genes y no de la dieta
A diferencia del colesterol LDL, cuyos niveles pueden verse influenciados por los hábitos alimentarios, el peso y el uso de medicamentos, la lipoproteína (a) está determinada predominantemente por la herencia familiar.
Según el cardiólogo Elzo Mattar, director del Departamento de Hipertensión Arterial de la Sociedad Brasileña de Cardiología (SBC) y profesor de la Facultad de Medicina Estadual de São José do Rio Preto (Famerp), alrededor del 90% del valor individual de Lp(a) proviene de la genética.
Se estima que aproximadamente una de cada cinco personas tiene niveles elevados de Lp(a), a menudo sin ser consciente de ello.
“La lipoproteína(a) está determinada principalmente por la genética y no se corrige con la dieta. La persona nace con predisposición a tener niveles más altos o más bajos”, explica el especialista.
Este origen genético convierte a la Lp(a) en un desafío único: es un factor importante, pero difícil de controlar, ya que la dieta, el ejercicio físico y las estatinas, pilares en el control del colesterol, tienen poco o ningún efecto sobre ella.
El impacto de los niveles elevados de lipoproteína (a) en la salud cardiovascular
El interés en la lipoproteína (a) ha aumentado a medida que los estudios observacionales han establecido un vínculo entre sus niveles elevados y resultados graves. Según Mattar, concentraciones superiores a 50 mg/dL equivalentes al cuartil más alto de la población se relacionan con un riesgo de infarto aproximadamente tres veces mayor. Además, esta fracción también contribuye a la calcificación de la válvula aórtica, una afección común en personas de edad avanzada.
Al funcionar independientemente del colesterol LDL, la lipoproteína (a) actúa como un marcador de riesgo adicional. Esto significa que dos personas con niveles idénticos de colesterol “malo” pueden tener diferentes riesgos cardiovasculares, dependiendo de sus valores de Lp(a).
El reciente cambio en la recomendación de dosificación de lipoproteína(a)
Durante muchos años, la medición de la lipoproteína(a) no tuvo mucho impacto práctico, ya que no existían tratamientos específicos y el resultado apenas modificaba el manejo médico. Sin embargo, este panorama empezó a cambiar.
En marzo de 2026, la guía sobre dislipidemia, publicada por el Colegio Americano de Cardiología y la Asociación Americana del Corazón, junto con otras entidades médicas, pasó a recomendar que todos los adultos realicen una medición de lipoproteína(a) al menos una vez en la vida. Mattar también respalda esta orientación.
“La recomendación actual es que cada individuo controle su nivel de lipoproteínas al menos una vez en la vida para conocer su propio riesgo cardiovascular”, afirma el cardiólogo.
Se trata de un análisis de sangre sencillo, que generalmente se realiza una vez, ya que los valores tienden a permanecer estables durante toda la vida. Aunque descubrir un nivel elevado de Lp(a) no significa, por ahora, iniciar una medicación específica para reducirlo, la información sirve como una advertencia imprescindible para intensificar el control de otros factores de riesgo modificables.
“Quienes tienen lipoproteínas altas deben tener un especial cuidado: mantener el LDL en niveles bajos, los triglicéridos controlados, la presión arterial y la glucemia en orden, además de practicar actividad física y seguir una dieta equilibrada”, aconseja el especialista.

Nuevas terapias en desarrollo prometen avances contra el colesterol genético
La falta de opciones terapéuticas específicas para la Lp(a) puede estar llegando a su fin. Actualmente, varias empresas farmacéuticas están desarrollando y probando sustancias destinadas a reducir la lipoproteína (a). Entre ellos, el pelacarseno, de Novartis, es el más prometedor, una inyección mensual que, en estudios iniciales, demostró una reducción de la fracción de alrededor del 80%.
Este fármaco es el foco principal del estudio Horizon, el primer gran ensayo clínico diseñado para ver si la reducción de la lipoproteína (a) realmente da como resultado una reducción de los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares. El estudio sigue a más de 8.000 pacientes durante varios años.
Los resultados completos del estudio se esperan para finales de 2026, con presentaciones previstas para el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), que tendrá lugar a finales de agosto, en Múnich. También se encuentran en fase de prueba otros enfoques terapéuticos, incluida una versión en tabletas.
Mattar, sin embargo, destaca una distinción crucial entre la expectativa de un nuevo tratamiento y la prueba de sus beneficios: la reducción de la lipoproteína(a) todavía no equivale a la reducción de los eventos cardiovasculares.
“Es probable que la reducción de la lipoproteína(a) traiga beneficios, pero todavía no tenemos estudios que confirmen esta relación. Las investigaciones que demuestran una reducción significativa de los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares requieren un seguimiento de más de cinco años”, explica.
Éste es exactamente el vacío que los estudios que se presentarán en las próximas semanas están empezando a llenar: buscarán no sólo demostrar cuán eficaces son los nuevos fármacos para reducir la lipoproteína (a), sino, más importante aún, si esta disminución se traduce en un menor número de ataques cardíacos.
Por ahora, incluso sin un tratamiento directo para cambiarlo, el nivel de lipoproteína(a) es un dato valioso que hay que conocer, ya que indica la importancia de proteger diligentemente todos los demás aspectos de la salud.
Y, dentro de unos meses, la comunidad médica podrá confirmar que un riesgo, que durante mucho tiempo sólo podía identificarse, finalmente puede mitigarse y, sobre todo, que su reducción efectivamente salva vidas.







