El repartidor Felipe Eduardo dos Santos Silva, de 23 años, reveló a la Policía Civil que dudó en ayudar al ciclista Cláudio Rafael Landeiro durante la violenta golpiza en Copacabana, el 11 de agosto, por temor al comportamiento del guardia de seguridad, al que calificó de “poseído”. Felipe es uno de los cuatro hombres acusados de la muerte de Cláudio, de 37 años, quien fue brutalmente atacado tras ser identificado erróneamente como un ladrón de bicicletas. El vehículo, sin embargo, pertenecía a la hermana de la víctima, detalle crucial que expone la tragedia de la confusión. Los ataques, que duraron casi nueve minutos, según la Policía Civil, contaron con la participación de Felipe, quien admitió haber retenido a Cláudio para impedir su fuga, ayudándolo a derribarlo y pateándolo cuatro veces en la espalda. También confesó haber registrado los bolsillos de la víctima y haber tirado su billetera después de abandonar el lugar.
Además de Felipe, el guardia de seguridad Davi Santos Machado, otro guardia de seguridad Jorge Luiz Ricardo Dias y el repartidor Ailton José da Silva fueron imputados por triple homicidio, bajo las justificaciones de medio cruel, motivo fútil e imposibilidad de defender a la víctima. La investigación continúa para identificar otros posibles implicados en los ataques.
Felipe decidió denunciarse ante las autoridades el 21 de agosto de 2026, luego de enterarse de que se había girado orden de aprehensión en su contra. El repartidor se entregó a agentes de la Comisaría 12ª, ubicada en Tijuca, acompañado de su abogado.
El relato del repartidor de la noche de los atentados
Según la versión presentada por Felipe, se encontraba trabajando como repartidor de una aplicación de comida en Copacabana la noche del 11 de agosto. Poco antes de medianoche, mientras se esperaba una nueva entrega en la Rua Viveiros de Castro, junto con otros dos repartidores, apareció un cuarto hombre, también repartidor de bicicletas, informando que un guardia de seguridad de una tienda intentaba capturar a un “ladrón de bicicletas” en la Rua Barata Ribeiro.
Felipe afirmó que él y otro repartidor acudieron al lugar sin bajarse de sus bicicletas, con la intención, según su testimonio, de recuperar el vehículo que presuntamente había sido robado.
En la calle Barata Ribeiro, cerca de la calle Belford Roxo, encontraron a un guardia de seguridad que llevaba un bate de madera. Según Felipe, el hombre declaró:
“El tipo estaba robando una bicicleta. Se dirigió en dirección a la princesa Isabel”, fue lo que denunció el guardia de seguridad a la policía.
Felipe dijo que, en ese momento, no había claridad sobre quién era el dueño de la bicicleta presuntamente robada. Aun así, él y el otro repartidor continuaron en la dirección indicada. En la calle Felipe de Oliveira se encontraron con Cláudio caminando por la acera. Felipe afirmó haber preguntado dónde estaba la bicicleta y por qué la había robado. El repartidor informó que Cláudio no respondió y se sentó en las escaleras de la entrada de un edificio después de caminar unos metros.
Felipe siguió haciendo preguntas, pero Cláudio permaneció en silencio. El repartidor afirmó que le dijo a la víctima que se fuera, pero ella no se movió. Según Felipe, incluso sin hablar, Cláudio parecía nervioso. El repartidor dijo que creía que la víctima había sido atacada previamente por el guardia de seguridad y logró escapar.
Fue en ese momento que Felipe admitió haber hecho un video de Cláudio. Según su testimonio, esta fue la única grabación que produjo durante todo el incidente. En el video, según Felipe, dice:
“¡Ahí, tropas, actividad, eh! ¡Oh! ¡Ánade ahí, oh! ¡Oh!”
Al otro repartidor, aún según el informe de Felipe, se le escucha decir:
“¡Ladrón ahí, oh! ¡Tómalo, aplástalo! Ahí, ahí está”.
Al final de la grabación, aparece el guardia de seguridad y confirma que Cláudio era el buscado. Felipe le atribuye la frase al hombre: “¡Ese es!”
Detalles de las agresiones contra el ciclista
Según la versión del repartidor, después de confirmar la identidad de Cláudio, el guardia de seguridad asestó el primer golpe. La víctima intentó huir. Felipe luego admite que retuvo a Cláudio para impedir su fuga y lo ayudó a caer al suelo. Según él, luego de que lograron poner a la víctima en el suelo, le lanzó cuatro patadas consecutivas, todas en la espalda.
El repartidor insistió en que ninguno de los golpes que le propinó alcanzó la cabeza de Cláudio.
Felipe dijo que, luego de las patadas, comenzó a buscar objetos en los bolsillos de la víctima. Afirmó haber encontrado sólo una cartera, que contenía “algunos papeles viejos”. El repartidor afirmó que había cogido la cartera y la había tirado tras abandonar el lugar del ataque.
El miedo del repartidor ante el comportamiento del guardia de seguridad.
Felipe afirma que abandonó el lugar porque temía que el guardia de seguridad terminara matando a Cláudio. Según él, el hombre golpeó varias veces la cabeza de la víctima con un bate de madera y parecía “poseído”. El repartidor afirmó que pensó en ayudar a Cláudio, pero tuvo miedo de intervenir físicamente debido al estado alterado del guardia de seguridad. Cuando abandonó la escena, incluso vio al guardia de seguridad usando su teléfono para llamar a la policía.
Felipe manifestó que, luego de salir, regresó a trabajar con normalidad y continuó realizando entregas hasta aproximadamente las 3 am, completando al menos tres más en ese período.
La versión de Felipe es que no tenía intención de matar a Cláudio ni de retenerlo para que otras personas le propinaran golpes mortales. Según él, sólo sujetó a la víctima para evitar que escapara, ya que creyó en la información proporcionada por el guardia de seguridad de que era un ladrón.
Felipe afirmó que anteriormente le habían robado una bicicleta, lo que le llevó a creer fácilmente el relato del robo del guardia de seguridad.
Cómo la emoción influyó en la percepción de Felipe
Durante su testimonio, el repartidor Felipe dijo que “en el calor de la emoción”, estaba seguro de que Cláudio era un ladrón. Manifestó que, tras participar en la agresión, se dio cuenta de que la situación “se había salido de control”. Felipe observó que los golpes propinados por el guardia de seguridad fueron muy fuertes y alcanzaron principalmente la cabeza de Cláudio, contrastando con su propia afirmación de haberle sólo pateado en la espalda.
El informe de la autopsia del Instituto Médico Legal (IML) concluyó que Cláudio Landeiro murió como consecuencia de una hemorragia interna, traumatismo craneoencefálico y lesiones en el bazo y el riñón izquierdo, todos provocados por un objeto contundente. El examen identificó, entre otras lesiones, fracturas de cráneo, hemorragias cerebrales y laceraciones del bazo, poniendo de relieve la brutalidad del ataque.
