Un movimiento de protesta global, PSBlackout, comenzó oficialmente el 23 de agosto de 2026, movilizando a los fanáticos de la marca PlayStation en todo el mundo. La acción organizada surge como una reacción directa a la estrategia de Sony de acelerar su transición hacia un modelo de negocio completamente digital, que se espera que esté completo en 2028.
Quienes se sumaron a la causa se comprometieron a impedir el acceso a sus cuentas, no iniciar ningún juego y no realizar compras digitales por un período de siete días consecutivos. El objetivo central del boicot es expresar el descontento de la comunidad y exigir el mantenimiento de los medios físicos en el mercado.
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La reorientación estratégica de la compañía busca optimizar las ganancias en su plataforma de venta online y reducir los gastos asociados a la fabricación y distribución de juegos en formato físico. Este movimiento, que sigue una tendencia creciente en la industria de los juegos, lleva a Sony a dirigir su enfoque a la consolidación de consolas contemporáneas, que pueden venderse con reproductores de discos opcionales o sin esta funcionalidad, impactando directamente la forma en que los consumidores adquieren e interactúan con sus juegos en el futuro.
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El cambio significativo en la postura de la compañía generó una fuerte oposición entre los usuarios a nivel mundial, culminando en un apoyo significativo para PSBlackout. Los coleccionistas y aficionados a los juegos defienden con vehemencia la garantía de la posesión física de los títulos y expresan su preocupación por la posibilidad de un control irrestricto por parte de las plataformas de marketing digital.
A pesar de las manifestaciones y la visibilidad alcanzada por PSBlackout, la empresa indica que no hay planes de revertir su estrategia. El sector del juego electrónico, en general, tiende a avanzar progresivamente hacia un modelo basado únicamente en servicios de suscripción y adquisiciones digitales.
