Las bacterias tomadas por los astronautas logran sobrevivir en el polo sur lunar

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Planeta Terra, Lua Foto: Planeta Terra, Lua - murat4art/ Shutterstock.com

El transporte accidental de formas de vida microscópicas por parte de tripulaciones espaciales podría resultar en la supervivencia de estos seres en las regiones más oscuras del polo sur lunar. Este hallazgo sin precedentes fue formalizado por un equipo conjunto de científicos vinculados a la NASA y expertos de la Universidad de Maryland.

Aunque la superficie del satélite natural es ampliamente conocida por su duro clima y el constante bombardeo de radiación ultravioleta (UV), ciertas formas biológicas en la Tierra logran encontrar refugios temporales. Simulaciones informáticas recientes demuestran que las grietas protegidas de la luz solar directa garantizarían la integridad de hongos y bacterias durante un período de hasta siete días.

Luna, cráter
Luna, cráter – Rawpixel.com/shutterstock.com

Publicado oficialmente en las páginas de la prestigiosa revista científica Science Advances, el estudio liderado por la agencia espacial estadounidense adquiere un enorme peso estratégico. Esto ocurre precisamente en un momento en el que la humanidad planea establecer bases fijas en el entorno lunar y traza las primeras rutas tripuladas hacia Marte.

El investigador asociado del Departamento de Astronomía de la Universidad de Maryland, Stefano Bertone, coautor del proyecto, se mostró absolutamente asombrado por los datos obtenidos. El experto destacó que, durante la creación de mapeos de colores para ilustrar áreas de resistencia biológica, se derribó por completo el viejo dogma científico de que el ambiente lunar aniquilaría cualquier organismo.

Impactos directos de la presencia humana en la pureza del entorno espacial

Las conclusiones del artículo destacan la notable capacidad de adaptación biológica ante escenarios inhóspitos, lo que alerta sobre futuras expediciones interplanetarias. A medida que aumenta el tráfico de astronautas, los desechos orgánicos terrestres podrían mezclarse con compuestos nativos, creando un grave obstáculo para los científicos que intentan identificar firmas químicas únicas o rastros de vida extraterrestre.

El cuerpo humano funciona como un dispersor continuo de material biológico, independientemente del traje utilizado. Para que os hagáis una idea, un minúsculo fragmento de epidermis transporta fácilmente un millón de agentes bacterianos, lo que significa que un simple paso hacia el regolito lunar tiene el poder de transferir cientos de millones de células vivas. Según Bertone, incluso aplicando las estrictas directrices de protección planetaria establecidas por el Comité de Investigación Espacial (COSPAR), existe un margen muy alto para contaminar el paisaje extraterrestre y perjudicar los análisis científicos realizados allí.

Desarrollar estrategias de contención y comprender a fondo estas dinámicas de contaminación biológica se ha convertido en un paso obligatorio para cualquier agencia que planee enviar tripulaciones al espacio.

El principal director de investigación y científico planetario del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA, Prabal Saxena, destacó la urgencia de catalogar el estado prístino de estas estrellas. El líder del proyecto argumentó que en la búsqueda de pistas biológicas en el suelo marciano, la ciencia debe estar absolutamente segura de que no se trata simplemente de redescubrir microbios que viajan en la propia nave espacial de la Tierra.

La barrera natural formada por los cráteres contra la radiación solar

Mapear los puntos de supervivencia exactos requiere un análisis detallado de la geometría de iluminación en los extremos del satélite. Como el eje de rotación lunar tiene una inclinación mínima, los rayos del sol llegan a los polos casi rozando, provocando que pequeños relieves proyecten inmensas sombras que actúan como escudos térmicos, preservando las moléculas de agua y bloqueando las radiaciones letales.

Estudios académicos anteriores descartaron la viabilidad biológica en las zonas ecuatoriales, que fueron los objetivos de las misiones Apolo. El gran error de estas antiguas proyecciones fue ignorar las variaciones topográficas que crean microclimas específicos, un defecto evidente en las regiones polares, donde paredes rocosas y profundas depresiones garantizan una oscuridad perpetua precisamente en los lugares elegidos para la construcción de futuras bases habitadas.

La inserción de datos sobre elevaciones y huecos en el terreno representó la mayor diferencia en la modelización, como señaló Bertone. El astrónomo cuestionó hasta qué punto la accidentada geografía del astro funcionaría como un filtro natural contra los rayos ultravioleta, garantizando la integridad celular de las muestras biológicas analizadas virtualmente.

Simulaciones por computadora centradas en los lugares de aterrizaje de la misión Artemisa

El equipo sometió a pruebas virtuales organismos comunes en la epidermis humana y en el interior de estaciones espaciales en tres sectores del Polo Sur, que son los objetivos prioritarios para el aterrizaje de la misión Artemis III, prevista para devolver a los humanos a la Luna en 2026. Para lograr precisión, los científicos cruzaron métricas térmicas y altimétricas capturadas por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA con algoritmos avanzados de dispersión de radiación.

El uso de la tecnología de trazado de rayos permitió calcular el comportamiento exacto de los fotones, simulando refracciones y la formación de penumbras en un entorno de baja gravedad. Esta herramienta visual se alimentó con registros del Altímetro Láser Lunar Orbiter, instrumento que entrega una radiografía completa del relieve, detallando los siguientes aspectos:

  • El nivel de brillo reflejado por la superficie de la roca.
  • Los ángulos exactos de pendiente del suelo en los cráteres.
  • El grado de rugosidad y rugosidad del terreno cartografiado.

El experto aclaró que la tecnología puede seguir la trayectoria de la iluminación solar desde su origen, calculando cada rebote provocado por los cantos rodados antes del impacto final sobre el regolito. El coautor del estudio recordó que incluso los abismos clasificados como zonas de sombra permanente acaban recibiendo dosis indirectas de radiación ultravioleta, un fenómeno muy complejo que sólo pudo cuantificarse gracias a la sensibilidad del nuevo método aplicado.

Resistencia a los hongos y estado de latencia en el vacío espacial.

El mapeo reveló zonas seguras de diferentes proporciones, capaces de albergar vida microscópica durante una semana entera. Lo más destacado de las pruebas fue el hongo de la especie Aspergillus, que demostró un formidable blindaje contra la degradación ultravioleta, presentando una posibilidad real de resistir hasta en un tercio de los territorios que sufren una incidencia lumínica parcial durante el duro invierno del satélite.

La encuesta confirmó que todas las cepas analizadas encontraron refugios viables en los tres cuadrantes virtuales. Mientras que el hongo Aspergillus aseguró una semana de vida en una pequeña fracción del mapa general, un grupo de cinco variantes bacterianas demostró ser capaz de resistir las condiciones extremas en lo profundo del cráter De Gerlache Rim, ignorando por completo los reflejos mortales de la radiación dispersa.

Sin embargo, sobrevivir es muy diferente de prosperar y multiplicar colonias. Los seres biológicos atrapados en este ambiente helado entran en un estado de profunda suspensión metabólica, esperando un milagro químico que los despierte. Como el planeta no tiene una atmósfera densa ni agua líquida que fluya por su superficie, la reproducción celular activa sigue siendo físicamente imposible en el escenario actual.

A pesar de las limitaciones reproductivas, el simple hecho de que no mueran instantáneamente cambia las reglas del juego. Bertone reiteró que esta resistencia latente obliga a la comunidad científica a repensar los protocolos de seguridad de las próximas misiones, velando por que la exploración humana no convierta el espacio en un depósito de gérmenes latentes.

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Luís Henrique Costa é jornalista formado pela FMU, editor-chefe e fundador do Mix Vale, portal de notícias em atividade desde 2013. Responde pela direção editorial do veículo, que cobre Brasil e mundo em economia, benefícios sociais, esportes, tecnologia, ciência e entretenimento. Atua na área há mais de 15 anos e lidera uma equipe de cerca de 15 colaboradores.

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