Telescopio William Herschel detecta cinco iones en el objeto 3I/ATLAS
El visitante interestelar 3I/ATLAS se sitúa ya a una distancia de 1.770 millones de kilómetros respecto a la Tierra mientras avanza a 209 mil kilómetros por hora en su trayecto hacia el espacio exterior. Evaluaciones astroquímicas presentadas el miércoles (23 de septiembre de 2026) determinaron que la condensación de este cuerpo celeste ocurrió en un entorno térmico inferior a los 240 grados bajo cero, equivalente a unos 30 Kelvin, en la periferia helada de un sistema estelar primigenio. La velocidad hiperbólica que mantiene confirma que el objeto no regresará a las inmediaciones del Sol.
Dichos cálculos se fundamentan en registros espectroscópicos recopilados en el observatorio de La Palma, situado en las Islas Canarias, combinados con modelos teóricos de evolución estelar. La investigadora Léa Ferellec, científica adscrita a la Northumbria University, destacó la trascendencia de estos hallazgos para la astrofísica moderna. “Este objeto nos da una rara chance de estudiar material que se formó en un lugar completamente diferente del nuestro Sistema Solar. Descubrir que él es tan rico en nitrógeno nos muestra que probablemente se formó bajo condiciones de frío extremo, lejos de su estrella nativa”, afirmó la especialista al valorar la composición obtenida.
Medición espectroscópica en La Palma rastrea la estela iónica
A diferencia de los procedimientos convencionales centrados en la nube de gas que rodea el núcleo, las mediciones efectuadas con el telescopio William Herschel examinaron de forma directa la cola de plasma producida tras el paso del cometa por el punto más cercano al Sol. Mediante el espectrógrafo WEAVE, el equipo científico logró detectar de manera simultánea cinco clases distintas de iones en dicha estructura: nitrógeno molecular, monóxido de carbono, dióxido de carbono, agua ionizada y catión metilidino, catalogados en la nomenclatura química como N2+, CO+, CO2+, H2O+ y CH+. Esta identificación múltiple representa un hito técnico sin precedentes en la observación directa de visitantes interestelares.
La notable concentración de nitrógeno molecular en correspondencia directa con los valores de monóxido de carbono permitió definir con exactitud el umbral térmico que caracterizó la cuna cósmica del cometa. La astrónoma Cyrielle Opitom, investigadora de la Universidad de Edimburgo, formó parte del equipo observacional que vigiló la dispersión y el comportamiento de las emisiones tras el perihelio. Aquel seguimiento sistemático resultó determinante para comprobar que los elementos volátiles del objeto permanecieron congelados sin alteraciones químicas desde su aglutinación original en el sistema de procedencia.
Firmas de deuterio señalan baja concentración metálica estelar
Un informe complementario presentado el lunes (21 de septiembre de 2026) por el investigador Kenji Furuya, perteneciente al RIKEN Pioneering Research Institute de Japón, analizó minuciosamente la composición atómica del agua congelada que transporta el cuerpo. Los modelos matemáticos identificaron una marcada anomalía en la relación existente entre el deuterio y el hidrógeno simple, además de desfases claros en las proporciones de los isótopos de carbono-12 y carbono-13. Estos indicadores funcionan dentro de la astrofísica como una huella cronológica que describe el medio exacto donde se aglutinaron los bloques de hielo primordiales.
Los valores isotópicos registrados confirman que el cuerpo celeste fue expulsado desde los dominios de una estrella cuyo índice de metalicidad alcanzaba únicamente la mitad del nivel detectado en el Sol. Dicho dato implica que el astro anfitrión original poseía una concentración mucho menor de elementos químicos más pesados que el helio en comparación con la estrella solar. Este rasgo sitúa el origen de la formación en un sistema planetario sumamente antiguo o gestado en áreas remotas y periféricas del disco galáctico.
Registro de viajeros hiperbólicos que cruzaron la órbita terrestre
El paso de 3I/ATLAS constituye apenas la tercera incursión formalmente corroborada de un objeto extrasolar en las inmediaciones del sistema planetario desde que existen registros astronómicos modernos. La primera detección tuvo lugar en 2017 con el avistamiento del asteroide 1I/’Oumuamua, a la que siguió en 2019 el descubrimiento del cometa 2I/Borisov. El seguimiento exhaustivo del cuerpo actual integró los esfuerzos coordinados de plataformas orbitales como los telescopios James Webb y Hubble, la estación terrestre Very Large Telescope en Chile y los sensores de las misiones planetarias Juice y Europa Clipper.
Hitos principales en el seguimiento astronómico internacional
La recopilación científica en torno al desplazamiento y comportamiento químico del cometa interestelar quedó documentada mediante distintas fases de trabajo en observatorios terrestres y centros espaciales. Estas observaciones permitieron reconstruir tanto su evolución tras el perihelio como las firmas químicas asociadas a su trayectoria:
- 1 de julio de 2025: detección inicial y confirmación del cuerpo hiperbólico a cargo de las instalaciones de rastreo ATLAS en territorio chileno.
- 29 de octubre de 2025: culminación del paso por el perihelio al situarse en el punto de mayor proximidad respecto a la órbita solar a las 11:45 UT.
- 30 de noviembre de 2025: inicio de la campaña de mediciones espectroscópicas de alta sensibilidad mediante el equipo WEAVE en el archipiélago de Canarias.
- 8 de septiembre de 2026: comunicación formal de las tasas iónicas de nitrógeno molecular en las sesiones de la Royal Astronomical Society.
- 21 de septiembre de 2026: difusión del modelo teórico sobre deuterio y proporciones de metalicidad estelar desarrollado por el instituto RIKEN.
La localización precisa y la identidad del astro donde se consolidó este cuerpo celeste antes de su expulsión definitiva hacia el vacío interestelar continúan siendo una incógnita para los investigadores. Mientras 3I/ATLAS mantiene su curso en una trayectoria hiperbólica sin retorno que lo aleja de los dominios planetarios, los equipos científicos internacionales continúan procesando los extensos catálogos de información generados por sondas espaciales y telescopios terrestres.

