Un equipo astronómico internacional encabezado por la Universidad de Sydney localizó el sistema estelar de procedencia del destello electromagnético FRB 20240304B. La radiación completó una trayectoria de más de 10.000 millones de años luz hasta alcanzar las instalaciones científicas terrestres, lo que marca la mayor distancia registrada hasta la fecha para una ráfaga rápida de radio en el historial de la observación espacial.
El reporte pormenorizado sobre las coordenadas físicas y las características estructurales de la fuente emisora apareció el jueves 8 de octubre de 2026 en la publicación especializada Science. El registro inicial de este fenómeno astronómico ocurrió el 4 de marzo de 2024 mediante la tecnología del proyecto MeerTRAP, montado en la red del radiotelescopio MeerKAT en territorio de Sudáfrica, que rastrea ondas en el rango de frecuencias comprendido entre los 900 MHz y los 1.700 MHz.
Registro electromagnético supera marcas previas y expone las etapas iniciales del cosmos
Las denominadas ráfagas rápidas de radio constituyen descargas energéticas de enorme magnitud que liberan campos equivalentes a la energía solar acumulada durante siglos en lapsos de milisegundos. Estos fenómenos, detectados por los observatorios astronómicos por primera ocasión en 2007, suelen disiparse en el espacio de manera instantánea, circunstancia que complica el cálculo exacto de sus puntos de partida cósmicos en las cartas celestes.
En el caso del pulso FRB 20240304B, las ondas electromagnéticas se desprendieron cuando la edad del universo rondaba los 3.000 millones de años, lo que representa menos de una cuarta parte de su cronología actual de 13.800 millones de años. El análisis técnico constató un corrimiento al rojo cosmológico tasado en 2,148, parámetro físico que cuantifica el grado de estiramiento del tejido espacial durante el viaje de la luz y que duplicó los máximos de lejanía vigentes para esta clase de señales.
Los cómputos observacionales determinan que la energía lumínica cubrió una distancia temporal equivalente a 10.700 millones de años de recorrido antes de interactuar con los sensores de los radiotelescopios en la Tierra. “Este es un vislumbre extraordinario del universo distante. Capturamos una ráfaga rápida de radio de una época en que el universo tenía apenas cerca de 3 mil millones de años y usamos ese breve clarão de luz de radio para aprender sobre la materia que atravesó a lo largo de miles de millones de años”, declaró la astrofísica Manisha Caleb, profesora de la Universidad de Sydney y autora principal del artículo.
Capacidades infrarrojas espaciales resuelven el límite de detección de las estaciones terrestres
Fijar el emplazamiento original del fenómeno demandó la triangulación de mediciones procedentes de plataformas en superficie y de satélites científicos de gran alcance. Distintos observatorios ópticos terrestres de primer orden, entre ellos el Observatorio Keck ubicado en Hawái, enfocaron sus lentes hacia las coordenadas delimitadas por las antenas africanas sin registrar ningún tipo de señal óptica debido a la luminosidad sumamente débil del sistema emisor.
La verificación visual definitiva junto con el despiece espectrográfico se llevaron a cabo gracias a la instrumentación infrarroja NIRCam y NIRSpec del Telescopio Espacial James Webb. Este dispositivo espacial interceptó la radiación infrarroja afectada por la expansión métrica del cosmos, lo que facilitó el cálculo de las dimensiones reales y el reconocimiento del entorno donde surgió la emisión inicial.
La sensibilidad instrumental permitió aislar los componentes químicos del objetivo sin las interferencias térmicas que afectan a los observatorios instalados sobre la corteza terrestre. “Nuestros resultados muestran todavía más la capacidad increíble del telescopio espacial Webb, con el que podemos sobrepasar límites más allá de lo que era posible anteriormente”, señaló Themiya Nanayakkara, astrofísico de la Universidad de Sydney y coordinador conjunto del análisis de datos.
Formación de estrellas domina un sistema enano de baja masa en el universo temprano
El procesado de las lecturas captadas por el telescopio espacial arrojó la presencia de una estructura que se aparta del perfil habitual de las galaxias donde nacen estas emisiones electromagnéticas. Lejos de tratarse de una galaxia espiral gigantesca o de gran madurez evolutiva, los datos muestran una galaxia enana con una reducida proporción de elementos pesados y un ritmo continuo de nacimiento estelar. Dentro de la clasificación astronómica, las sustancias de mayor masa atómica que el hidrógeno y el helio son denominadas metales, y su carencia evidencia que el sistema no ha atravesado ciclos largos de renovación estelar.
La estimación de la masa estelar de este cuerpo cósmico reveló índices aproximadamente 1.000 veces inferiores al promedio analizado en el catálogo histórico de galaxias anfitrionas de ráfagas rápidas de radio. “La galaxia anfitriona destaca en toda la muestra de galaxias que tenemos. Y no era lo que estábamos esperando”, explicó Ben Stappers, profesor de la Universidad de Manchester e investigador responsable de la iniciativa MeerTRAP.
La configuración estructural atípica de este cuerpo celeste añade variables desconocidas a los patrones de evolución galáctica durante las primeras etapas cósmicas. “La galaxia que alberga esta ráfaga es sorprendentemente pequeña, pobre en metales y pasa por un episodio muy activo de formación estelar”, precisó Laura Driessen, investigadora adscrita a la Universidad de Sydney y partícipe de la publicación científica.
La existencia de una alta tasa de estrellas recién nacidas sustenta la deducción científica de que el evento fue producido por un magnetar, que consiste en una estrella de neutrones joven provista de intensos campos magnéticos. El hallazgo frecuente de cuerpos masivos en etapas previas al colapso respalda esta explicación frente al modelo de choque y fusión de pares de estrellas de neutrones antiguas, si bien los investigadores mantienen abiertas las verificaciones sobre el objeto emisor.
Ondas electromagnéticas sirven de sonda para calcular la distribución de materia intergaláctica
El recorrido espacial de más de 10.000 millones de años efectuado por la señal FRB 20240304B otorga al evento una función adicional para estudiar el medio cósmico. A medida que el haz viaja entre galaxias, interactúa de forma gradual con electrones libres y partículas de gas ionizado que pueblan la red cósmica, lo que provoca retrasos escalonados según las frecuencias de la onda. Esa dispersión calculada proporciona a los astrofísicos una herramienta para medir la masa difusa que permanece oculta a la vista en los vacíos espaciales.
El estudio incorporó también las contribuciones teóricas de J. Xavier Prochaska, profesor perteneciente a la Universidad de California en Santa Cruz. La red internacional de especialistas busca ahora utilizar las capacidades conjuntas del radiotelescopio MeerKAT y de la plataforma espacial James Webb para localizar nuevos pulsos ultracortos del cosmos temprano y calibrar la evolución del gas intergaláctico a gran escala.
