El cuerpo lucha solo contra el VIH: la ciencia investiga individuos raros en busca de una nueva cura
Loreen Willenberg, una mujer de 71 años que vivía en California, representó durante décadas un enigma para la comunidad científica en la lucha contra el VIH. Diagnosticada en 1992, era uno de los raros “controladores de élite”, individuos capaces de suprimir el virus en sus cuerpos sin necesidad de medicación antirretroviral. Su vida normal, a pesar de la infección, desafiaba la comprensión convencional de la enfermedad.
En un avance notable anunciado en la Sociedad Internacional del SIDA 2025, investigadores dirigidos por el profesor Xu Yu del Instituto Ragon anunciaron que Willenberg probablemente estaba completamente libre de VIH. Esta afirmación la hizo poco antes de su muerte en abril de 2026 a causa de un cáncer, pero dejó un legado irrefutable: la prueba de que el cuerpo humano puede, en circunstancias excepcionales, erradicar uno de los virus más desafiantes de la historia.
Descubriendo la resistencia natural al VIH
El término “controladores de élite” describe una pequeña fracción, alrededor del 0,5%, de todas las personas infectadas por el VIH que logran mantener el virus bajo control. A diferencia de la mayoría, sus cuerpos no desarrollan SIDA y no necesitan tratamientos antirretrovirales para contener la replicación viral. Durante muchos años, esta capacidad ha intrigado a la comunidad científica.
La extravagancia de Willenberg se hizo aún más evidente cuando, en 2022, le diagnosticaron cáncer en etapa cuatro. Las terapias intensas contra el VIH, que normalmente inhiben el sistema inmunológico, deberían haber permitido que el VIH resurgiera. Sin embargo, el virus siguió siendo indetectable, lo que confirma su extraordinaria resistencia.
La táctica de la naturaleza: atrapamiento viral en “desiertos genéticos”
Normalmente, el VIH se replica insertando su material genético en el ADN de las células del huésped, propagándose rápidamente y atacando a los glóbulos blancos. Los medicamentos antirretrovirales, desarrollados a mediados de la década de 1990, fueron cruciales para prevenir la replicación viral y la progresión de la enfermedad hacia el SIDA, permitiendo que millones de personas vivieran con la infección.
Sin embargo, estos medicamentos generalmente no eliminan completamente el virus, que permanece latente en “depósitos” del cuerpo. En los controladores de élite, como Loreen y la paciente Esperanza de Argentina, la situación es diferente. La investigación de 2020 realizada por Xu Yu y su equipo en 64 de esas personas reveló un mecanismo sorprendente:
- Bloqueo genético:El virus está confinado a vastas regiones de ADN conocidas como “desiertos genéticos”.
- Incapacidad de replicar:En estas áreas, el VIH se aísla de los genes activos, evitando que se apodere de la maquinaria genética necesaria para multiplicarse.
- Curación funcional:Este fenómeno sugiere un modelo de “cura funcional”, en el que el virus está presente pero inactivo e inofensivo.
Se cree que las células T CD8+, un brazo del sistema inmunológico adaptativo de estos controladores, están especialmente equipadas para obligar al VIH a refugiarse en estas regiones genéticamente inertes.
El ejército innato: células asesinas naturales en primera línea
Además de las células T CD8+, estudios recientes señalan el papel fundamental de las células asesinas naturales (NK), parte del sistema inmunológico innato, que es la primera línea de defensa del cuerpo. En un grupo de pacientes franceses, la cohorte Visconti, que lograron vivir sin antirretrovirales después de años de tratamiento, se encontraron variantes genéticas que influyen en el comportamiento de las células NK.
Christina Thobakgale, jefa de la división de inmunología de la Universidad de Witwatersrand, dirigió una investigación que demostró que los controladores de élite tienen más células NK que expresan la molécula CD69, un biomarcador de activación. Estas células altamente activas parecen ser capaces de detectar y destruir células infectadas por el virus, incluso en lugares profundos del cuerpo, como los intestinos y los ganglios linfáticos.
La hipótesis es que las células NK eficientes pueden ayudar a eliminar los “focos ocultos” del VIH. Si se prueba esta teoría, podría guiar el desarrollo de vacunas terapéuticas que activen las células NK en estos lugares estratégicos, imitando la biología de los controladores de élite y superando uno de los mayores desafíos en la curación del VIH: la capacidad del virus para ocultarse.
Por qué las mujeres son cruciales en la búsqueda de una cura para el VIH
Un hecho significativo, que a menudo se pasa por alto en las investigaciones, es que la mayoría de los controladores de élite son mujeres. Nuevas investigaciones indican que el sistema inmunológico femenino puede tener células NK que sean más efectivas para combatir el VIH. Pese a ello, históricamente la mayoría de los ensayos clínicos centrados en erradicar el virus se han realizado en hombres.
El profesor Xu Yu destaca esta disparidad: “No estudiamos suficientes mujeres en ensayos y estudios relacionados con la curación”, afirma. Señala que las mujeres tienen entre dos y cinco veces más probabilidades de convertirse en controladoras de élite, lo que resalta la necesidad urgente de dirigir más investigaciones a esta población. Comprender mejor las características inmunológicas femeninas podría acelerar significativamente el desarrollo de nuevas terapias y vacunas.
El legado de una vida y la esperanza de la erradicación
La historia de Loreen Willenberg y otros controladores de élite es un rayo de esperanza para los 40,8 millones de personas que viven con el VIH en todo el mundo. Sus experimentos ofrecen información valiosa sobre la capacidad del cuerpo humano para resistir y, en casos raros, erradicar el virus por sí solo.
Los avances en la comprensión de los “desiertos genéticos” y el papel de las células NK abren nuevas vías para desarrollar tratamientos de próxima generación. La inclusión y el enfoque en la biología femenina en los estudios pueden revelar aún más secretos. Aunque Loreen no vivió para ver el fin de la epidemia, sus contribuciones allanaron el camino para un futuro en el que la cura del VIH pueda convertirse en una realidad para todos.
















