Los votantes colombianos deciden este domingo un nuevo presidente en una votación entre derecha e izquierda con fuerte influencia externa
Más de 41 millones de ciudadanos colombianos están habilitados para acudir a las urnas este domingo 21 de junio para elegir quién asumirá la presidencia del país para el período comprendido entre agosto de 2026 y agosto de 2030. El cargo más alto de la nación no permite la reelección.
La disputa final es entre dos nombres de espectros políticos opuestos: Iván Cepeda, representante de la izquierda y fuerte aliado del actual presidente, Gustavo Petro, y Abelardo De La Espriella, figura de extrema derecha que cuenta con el apoyo explícito de Donald Trump, presidente de Estados Unidos.
En la primera vuelta, celebrada el 31 de mayo, Abelardo de La Espriella tomó la delantera con el 43,7% de los votos válidos, mientras que Iván Cepeda obtuvo el 40,9%. Este margen de sólo 673.000 votos hace que la segunda vuelta sea especialmente ajustada. Con la participación del 57% de los electores en un país donde el voto no es obligatorio, la capacidad de movilizar a más del 40% que se abstuvo en la primera vuelta será el factor determinante para la victoria.
Iván Cepeda, quien cumple su tercer mandato como senador, es reconocido por su formación en filosofía y su incisiva labor en la defensa de los derechos humanos. Es hijo de Manuel Cepeda Vargas, también exsenador de izquierda, asesinado en 1994, durante un período de intensa violencia política en Colombia.
Como candidato de la coalición gobernante Pacto Histórico, Cepeda se propone continuar las políticas y el proyecto que estableció el primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia, encabezado por Gustavo Petro.
Por otro lado, Abelardo de La Espriella, que recibió el apoyo público de Donald Trump para esta elección, señala una política exterior de mayor proximidad a la Casa Blanca e Israel. Se presenta como un “outsider” político, ya que nunca ocupó un cargo electo, y es un abogado multimillonario que admira al presidente argentino Javier Milei.
Antes de su candidatura, Espriella vivió en Italia y se desempeñó como defensor de figuras controvertidas, entre ellas Jorge Visbal, asociado con grupos paramilitares colombianos, y Alex Saab, un empresario que trabajó para el gobierno venezolano de Nicolás Maduro.
Colombia, un país que ha enfrentado conflictos armados durante más de cinco décadas, llega a estas elecciones presidenciales en medio de persistentes casos de violencia política y enfrentamientos con grupos armados. El ambicioso proyecto “Paz Total”, impulsado por la actual administración, aún no ha logrado resolver completamente estas tensiones.
A pesar de los desafíos relacionados con la seguridad, la nación sudamericana, con sus 53 millones de habitantes, siendo el segundo país más poblado de la región, ha registrado indicadores económicos favorables. Esto incluye el crecimiento salarial y la aprobación, en los últimos años, de importantes reformas en el ámbito laboral y de seguridad social, que resultaron en la ampliación de derechos para trabajadores y jubilados.
La influencia de las elecciones colombianas en la geopolítica regional
El resultado de la segunda vuelta colombiana, que se realizará este domingo, tendrá un impacto considerable en el equilibrio de fuerzas políticas en América del Sur. La votación se produce en un momento en que el gobierno de Donald Trump intensifica su presión sobre las naciones de la región para que alineen sus políticas con la agenda de Washington.
Sebástian Granda Henao, profesor de Fronteras y Derechos Humanos de la Universidad Federal de Grande Dourados (UFGD), explicó que una eventual victoria de Espriella fortalecería la influencia de Trump en América del Sur. Señala que esto sería “otro chip en el tablero del modo imperial de gobernar de Trump, presentándose al mundo exigiendo obediencia”, y podría frenar las iniciativas de alianzas contra la desigualdad, la transición energética y la preservación del medio ambiente.
Por otro lado, el profesor Granda Henao destaca que la elección de Iván Cepeda representaría la continuidad de una articulación regional entre Colombia, Brasil y México, países que han demostrado alineamientos y posiciones comunes en temas internacionales en los últimos años.
















