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Mix Vale

Los expertos en biología evolutiva acaban de catalogar a un antiguo pariente de los grandes reptiles acuáticos que conocemos hoy. A diferencia de todo lo visto en la fauna contemporánea, este ejemplar prehistórico presentaba una anatomía completamente inesperada para su linaje, alterando la comprensión de la diversidad morfológica que precedió a la aparición de los depredadores en ríos y pantanos.

Peculiar anatomía del nuevo ejemplar encontrado en Estados Unidos

El animal extinto, llamado científicamente Labrujasuchus expectatus, llamó la atención por caminar sobre dos patas, lucir extremidades superiores extremadamente cortas y tener un pico sin dientes. Los detalles de esta inusual estructura física fueron dados a conocer el pasado 26 de mayo, a través de un artículo en la revista especializada Journal of Vertebrate Paleontology. Para la comunidad académica, la formalización de este hallazgo resuelve un largo misterio sobre la continuidad de especies en el árbol genealógico de los reptiles.

cocodrilo
cocodrilo – Vollverglasung/Shutterstock.com

Las excavaciones que dieron como resultado esta identificación tuvieron lugar en 2006, cuando los investigadores exploraban una formación rocosa de alrededor de 212 millones de años, correspondiente a la última parte del período Triásico. Durante el trabajo de campo en la famosa región de Ghost Ranch, ubicada en Nuevo México, el equipo logró recuperar partes de la columna, huesos de las extremidades y otros fragmentos fosilizados. El sitio es históricamente reconocido por su riqueza paleontológica y también por haber servido de inspiración para las pinturas de la artista estadounidense Georgia O’Keeffe.

Similitudes engañosas con los dinosaurios y el verdadero linaje

A primera vista, la silueta del animal recién descrito recuerda mucho a los ornitomimosaurios, un grupo de dinosaurios parecidos a los avestruces que dominaron el paisaje de la Tierra millones de años después, durante el período Cretácico. Sin embargo, los análisis anatómicos confirmaron que la criatura no pertenecía a esta categoría, sino a la familia de los shuvosaurios. Estos peculiares seres tenían características físicas que convergían con los dinosaurios, aunque formaron parte de la rama evolutiva que culminó en los cocodrilos modernos.

Ante la dificultad de asociar un bípedo desdentado con los temibles depredadores cuadrúpedos actuales, el paleontólogo y líder del estudio de la Universidad de Stony Brook, Alan Turner, se propuso detallar la relación. El experto explicó que el ejemplar no funciona como abuelo directo de los caimanes modernos, sino más bien como un pariente colateral extremadamente lejano. Este linaje en concreto tomó un rumbo independiente hace cientos de millones de años, formando una rama paralela que acabó no sobreviviendo hasta nuestros días.

El escenario de transformaciones drásticas durante el período Triásico

El intervalo de tiempo conocido como período Triásico, que se extendió entre hace 252 millones y 201 millones de años, marcó una fase de intensa experimentación biológica en la Tierra, impulsada por el vacío ecológico dejado tras la extinción masiva del Pérmico. En este escenario de recuperación global, varias estrategias de supervivencia comenzaron a ser probadas por la naturaleza, dando como resultado fenómenos de evolución convergente. Según los autores de la investigación, caminar sobre dos piernas era una adaptación poco común entre los parientes de los cocodrilos, pero resultó ser un modelo biomecánico de enorme éxito, adoptado más tarde por los grandes dinosaurios y las aves modernas.

Además de presentar una morfología fascinante, la catalogación del nuevo reptil sirve como un puente crucial dentro del registro fósil norteamericano. La criatura está situada cronológicamente exactamente en medio de otras dos especies de shuvosaurios que ya habían sido cartografiadas en la misma zona geográfica. Esta localización temporal confirma una antigua hipótesis de los científicos, que dedujeron la existencia de un eslabón perdido capaz de conectar los extremos de esta cadena evolutiva local.

El director del Instituto de Dinosaurios del Museo de Historia Natural del condado de Los Ángeles y coautor de la encuesta, Nathan Smith, destacó la previsibilidad matemática de este hallazgo. Señaló que la presencia confirmada de ejemplares tanto del inicio como del final del Triásico servía como un claro indicio de que formas intermedias habitaban la región. Todo lo que se necesitaba era que las expediciones de campo encontraran los restos correctos para validar la teoría.

Origen del nombre científico y otros descubrimientos en la misma región

La certeza de que algún día este animal sería encontrado terminó inmortalizada en la nomenclatura oficial elegida por el equipo, utilizando el término específico expectatus, que se refiere a algo esperado. El primer nombre, Labrujasuchus, rinde homenaje histórico al sitio de excavación, combinando la antigua designación española de la zona, conocida como Ranchos de los Brujos, con el sufijo griego suchus, utilizado tradicionalmente para clasificar a los parientes de los cocodrilos.

Este anuncio científico gana aún más peso al llegar poco después de la revelación de otro depredador prehistórico originario de la misma cuenca sedimentaria de Nuevo México, detallada en abril en la publicación Proceedings of the Royal Society B. La región de Ghost Ranch ha demostrado ser un verdadero almacén de fósiles que ayudan a reconstruir el rompecabezas del período Triásico, revelando criaturas con perfiles muy diferentes:

  • El Labrujasuchus expectatus recientemente descrito, que dependía de la locomoción bípeda y un pico desdentado para buscar alimento en su entorno.
  • Eosphorosuchus lacrimosa, un carnívoro cuadrúpedo del tamaño de un perro salvaje, equipado con un cráneo enorme y mandíbulas aplastantes.

Curiosamente, la trayectoria de identificación de este segundo fósil implicó décadas de olvido en los archivos académicos. Los huesos habían sido recolectados originalmente en 1948 y permanecieron más de medio siglo almacenados en las reservas técnicas del Museo Peabody, perteneciente a la Universidad de Yale. El punto de inflexión se produjo cuando la paleontóloga Miranda Margulis-Ohnuma decidió volver a examinar el material y notó importantes discrepancias anatómicas en la cara del animal, lo que demuestra que había sido clasificado erróneamente en el pasado.

El investigador responsable de esta revisión taxonómica destacó la importancia de revisar colecciones antiguas con una perspectiva actualizada. Ella argumentó que la base de datos sobre las primeras etapas de la evolución de los cocodrilos todavía está bastante fragmentada, lo que significa que cualquier nuevo fragmento de hueso tiene el poder de reescribir los libros de texto de biología. El continuo avance de los análisis de laboratorio garantiza que el pasado de la Tierra siga siendo redescubierto con cada nuevo cajón que se abre en los museos de historia natural.

Luís Henrique Costa é jornalista formado pela FMU, editor-chefe e fundador do Mix Vale, portal de notícias em atividade desde 2013. Responde pela direção editorial do veículo, que cobre Brasil e mundo em economia, benefícios sociais, esportes, tecnologia, ciência e entretenimento. Atua na área há mais de 15 anos e lidera uma equipe de cerca de 15 colaboradores.

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