Un singular hallazgo de calamar, ocurrido durante una expedición de caza de cachalotes en la Antártida entre 1955 y 1956, permaneció durante décadas sin que se advirtiera su verdadera importancia. El espécimen, encontrado en el estómago de un mamífero marino, fue recolectado y archivado en colecciones científicas.
Durante casi siete décadas, el animal estuvo almacenado, sin que la comunidad científica reconociera su relevancia. Sólo ahora, con un análisis más profundo, los investigadores han confirmado que se trataba de un descubrimiento mucho más significativo de lo que se imaginaba inicialmente. El largo período de inactividad pone de relieve la meticulosa revisión y reevaluación de las colecciones científicas, que a menudo guardan secretos valiosos durante años.
El equipo de científicos reveló que el calamar no sólo representa una nueva especie, sino más bien una familia completamente desconocida de calamares oceánicos. Esta clasificación indica un nivel mucho más alto de rareza y novedad, ampliando significativamente el conocimiento sobre la biodiversidad de los ecosistemas marinos profundos. La existencia de esta familia era completamente desconocida hasta el momento.
