El Niño: Ministerio de Salud refuerza anticipación a desafíos de salud pública
Brasil se prepara para enfrentar un fuerte El Niño, que genera una importante alerta no sólo por los impactos climáticos directos, como sequías y lluvias extremas, sino también por las repercusiones en la salud de la población. El fenómeno natural, caracterizado por el calentamiento anormal de las aguas del Océano Pacífico Ecuatorial, se intensifica en un escenario de cambio climático global, resultando en eventos más severos e impredecibles.
El 30 de agosto de 2026, Agnès Soares, directora del Departamento de Vigilancia de Salud Ambiental y Salud Ocupacional del Ministerio de Salud, habló sobre el tema y enfatizó la necesidad de actuar “con antelación”. El experto destacó que resolver los problemas cuando ya están ocurriendo no es efectivo y es fundamental una preparación proactiva.
La urgencia de anticiparnos a los desafíos climáticos
Agnès Soares señaló que El Niño de este año se manifiesta en un planeta que ya se está calentando. Los efectos del cambio climático, ya observados, pueden tener consecuencias dramáticas tanto para la salud de las personas como para la infraestructura de los sistemas de salud. El aumento de las temperaturas a niveles inusuales y durante periodos prolongados, combinado con una mayor amplitud térmica, requiere tiempo de adaptación y recuperación de la población y de los servicios asistenciales.
Por ello, el director defiende la preparación en dos frentes: la población, que necesita saber actuar en cada situación, y el propio sistema sanitario. Aclaró que, además del calor, otros fenómenos como lluvias intensas, cambios bruscos de temperatura, fuertes vientos, deslizamientos de tierra, inundaciones y sequías afectan la salud directa o indirectamente, configurando a El Niño como un problema de salud pública. Para minimizar estos impactos, es crucial una respuesta articulada, consciente y adaptada a las particularidades de cada región.
Impactos directos de El Niño en la salud de la población
En 2024, Brasil vivió un período crítico de dengue, con 6,6 millones de casos probables, tras los fuertes efectos de El Niño de ese año. Para 2027, el Ministerio de Salud proyecta un riesgo de que el país alcance los 1,7 millones de casos, aunque Agnes considera que estas proyecciones se ajustan constantemente según las nuevas percepciones.
El fenómeno climático incide en la proliferación de arbovirus como el dengue al acelerar la maduración de las larvas debido al calor. Además, las inundaciones, las inundaciones y las lluvias crean entornos favorables para la reproducción del mosquito *Aedes aegypti*. El director destacó que la enfermedad, antes más restringida, ahora se ha extendido por todo el país, incluso en regiones del Sur que antes no registraban muchos casos. La vigilancia epidemiológica debe estar alineada con la información climática y las acciones de combate deben considerar el tipo de dengue en circulación, ubicación y cobertura de vacunación.
Presión sobre los sistemas de salud y otros efectos indirectos
Además del aumento de ciertas enfermedades, el director detalló que El Niño impone una presión importante a los sistemas de salud. Los pacientes con otras condiciones de salud, como diabetes, hipertensión o problemas cardíacos, pueden enfrentar dificultades para acceder a camas y una atención más rápida debido a la sobrecarga causada por enfermedades impactadas por el cambio climático.
La respuesta de estados y municipios requiere de la implementación de sistemas de alerta temprana, planes de contingencia, señalización de áreas seguras y capacidad de movilización rápida. Un ejemplo citado es el riesgo de sequía en los ríos amazónicos, que puede aislar a las comunidades. El seguimiento temprano es vital para garantizar que la ayuda se transporte antes de que la situación se convierta en una crisis sanitaria. Asimismo, los puntos de hidratación en las ciudades afectadas por las olas de calor deben instalarse de forma preventiva, y no en el momento álgido de la crisis.
Estrategias de respuesta del Ministerio de Salud
El Ministerio de Salud está tomando varias medidas para mitigar los efectos de El Niño:
- Movilización de nueve puestos de la Fuerza Nacional del SUS, con el objetivo de garantizar que los equipos puedan acceder a las regiones de riesgo en un plazo de 12 horas, cuando sea necesario.
- Realizar talleres sobre El Niño en todas las regiones del país, promoviendo debates y orientaciones específicas.
- Creación de una red de centros de información sobre salud y clima en ciudades como Porto Alegre, Curitiba, Cuiabá, Belo Horizonte, Belém y Santarém, con equipos capacitados sobre los riesgos de cada bioma.
- Lanzamiento de un índice de calor extremo, un panel capaz de alertar a los municipios sobre olas de calor con hasta cinco días de antelación.
Concientización y colaboración imprescindible
Agnes Soares evalúa que el diálogo sobre los impactos climáticos es más accesible a la población, ya que “no estamos hablando de cosas futuras, son cosas que ya estamos viviendo”. Señaló que ahora la gente entiende que las olas de calor no son sólo un “día de playa”, sino un riesgo que puede ser fatal. Esta conciencia de que el cambio climático representa un problema complejo de salud pública facilita la búsqueda de respuestas intersectoriales.
El director también destacó los potenciales impactos en la producción de alimentos, que pueden conducir a la vulnerabilidad alimentaria, y en la calidad del agua, debido al daño ambiental. Por lo tanto, se considera esencial un seguimiento continuo. La solución, según ella, es colectiva, multisectorial e intersectorial, con la participación activa de la población en la búsqueda de medidas adecuadas. La urgencia se ve reforzada por la predicción de la Oficina de Meteorología del Reino Unido de que 2027 podría convertirse en el año más caluroso jamás registrado.
