Los investigadores utilizaron radiación ultravioleta para examinar los restos de un crocodilomorfo que data de hace 125 millones de años, revelando características sorprendentes como el cartílago del pecho, los receptores sensoriales y las texturas de la piel. El hallazgo, registrado en territorio español, ofrece a los científicos una perspectiva completamente nueva sobre la biología de estos antiguos reptiles. El estudio detallado sobre Montsecosuchus depereti se publicó en la revista científica Zoological Journal of the Linnean Society el 13 de junio de 2026.
Descubierto hace más de cien años en el noreste de España, este pequeño depredador del Cretácico Inferior empezó a mostrar rasgos que pasaban desapercibidos a simple vista. Gracias al uso de una iluminación especial, el equipo científico pudo mapear fragmentos de piel increíblemente intactos, así como estructuras del tórax y posibles pigmentaciones originales. Dicha evidencia proporciona una valiosa visión general de la biología y la apariencia visual de esta criatura extinta, llenando los vacíos sobre el desarrollo temprano de los crocodilomorfos.
El papel de la fluorescencia en el descubrimiento de estructuras anatómicas ocultas
El avance se produjo por casualidad, mientras los paleontólogos Jesús Serrano y Oscar Castillo organizaban un catálogo digital de piezas alojadas en instituciones europeas. Al aplicar rayos de luz ultravioleta al holotipo, notaron que el material orgánico fosilizado emitía una fluorescencia diferente a la de la roca matriz. Esta técnica no destructiva resaltó contornos imposibles de ver con iluminación convencional, separando visualmente el hueso de la materia blanda petrificada.
El investigador principal del estudio, Oscar Castillo-Visa, destacó que la aplicación de esta frecuencia de luz permite ver minucias que de otro modo quedarían escondidas para siempre en la piedra. Con este método, los expertos documentaron diversos tejidos, con énfasis en las escamas de la epidermis, lo que supone la primera evaluación detallada de la cubierta corporal de la especie desde su descripción a principios del siglo pasado.
Los datos recopilados indican una gran diversidad en la forma y el tamaño de las escamas en todo el cuerpo del animal. Además, el análisis demostró que el depredador no presentaba la cola larga y plana típica de los cocodrilos actuales, alterando la percepción que la ciencia tenía sobre la locomoción e hidrodinámica de estos animales en el pasado remoto.
Evolución del sistema respiratorio y mapeo de los órganos sensoriales.
El escaneo con luz también mostró tejido cartilaginoso en la región del tórax, lo que sugiere que el espécimen ya tenía un sofisticado aparato respiratorio. Este detalle demuestra que ciertos linajes basales desarrollaron una caja torácica compleja en las primeras etapas de su historia evolutiva. Al evaluar este escenario, Castillo-Visa señala que tales atributos demuestran una alta capacidad de adaptación a una rutina de vida semiacuática, a pesar de que se trata de un organismo primitivo.
El equipo de científicos también detectó marcas que indican la presencia de receptores sensoriales en las escamas, en particular en la cola, los costados, las patas y el cuello. En las especies modernas, estos diminutos órganos sirven para captar estímulos químicos, cambios de temperatura, toques físicos y fluctuaciones de la presión acuática, facilitando la caza en aguas turbias.
Como estos sensores aparecen sólo en puntos aislados del fósil catalán, los investigadores deducen que la característica evolucionó gradualmente a lo largo de los milenios. El proceso evolutivo probablemente comenzó en zonas específicas antes de cubrir todo el cuerpo de linajes posteriores, mostrando un paso intermedio fundamental en la adaptación sensorial de los grandes reptiles acuáticos.
Patrones de camuflaje y el registro de pigmentación más antiguo
Uno de los puntos más fascinantes del estudio es el descubrimiento de pigmentación conservada en la parte trasera del fósil. Bajo la radiación especial, aparecieron rayas claras y oscuras intercaladas en las escamas caudales, lo que el equipo interpreta como el patrón cromático auténtico del animal. Si la hipótesis se confirma tras nuevas pruebas, será el registro de color más antiguo jamás documentado en un pariente del linaje de los cocodrilos.
Este tipo de marcas posiblemente sirvió como camuflaje rompedor de patrones, ayudando a ocultar la silueta del depredador en el entorno de caza entre el follaje y el agua. Albert G. Sellés, autor también de la investigación, aclara que no es posible precisar el tono exacto de la cola, pero es lógico suponer que los colores no diferirían demasiado del patrón observado en las especies contemporáneas, que utilizan estrategias visuales similares para sobrevivir.
La importancia geológica y el legado del yacimiento de la Pedrera de Meià
Hace unos 125 millones de años, el pequeño reptil murió en un lago kárstico, situado cerca de la costa de lo que hoy llamamos Prepirineo catalán. El cadáver se hundió en un barro finísimo que dio lugar a las calizas litográficas de la Pedrera de Meià, zona que hoy forma parte del Geoparque Global Origins, certificado por la Unesco. La casi total ausencia de oxígeno en el fondo de este lago impidió la proliferación de bacterias en descomposición, creando el ambiente químico perfecto para que los tejidos delicados se fosilizaran junto con los huesos.
El lugar lleva el título de Konservat-Lagerstätte, una clasificación internacional otorgada a depósitos de fósiles muy raros capaces de inmortalizar partes blandas con una fidelidad muy alta. Gracias a la abundancia de materiales depositados allí, la zona se ha consolidado como una fuente primaria para la investigación de la flora y la fauna del período Cretácico Inferior europeo.
Hasta la fecha, los excavadores han retirado más de ocho mil piezas del sitio, revelando un ecosistema rico y diverso. Entre los principales hallazgos que compartieron hábitat con el crocodilomorfo destacan los siguientes grupos:
- Invertebrados terrestres y voladores en impecable estado de conservación, como arañas, moscas, avispas y escarabajos.
- Animales acuáticos y semiacuáticos que formaban la base de la cadena alimentaria, incluidos crustáceos, peces y anfibios primitivos.
- Una colección botánica única que incluye la Montsechia, considerada por la comunidad científica la planta con flor más antigua jamás catalogada en el mundo.
El público general tiene la oportunidad de observar gran parte de esta colección en el Centro de Interpretación del Montsec de Meià, situado en la ciudad de Vilanova de Meià. El complejo expositivo forma parte del circuito Dinosaurios de los Pirineos, un esfuerzo conjunto entre centros de visitantes y museos para divulgar la riqueza fósil escondida en las montañas catalanas y promover el turismo científico en la región.
La ejecución del proyecto contó con el apoyo financiero de varias iniciativas gubernamentales y académicas, incluidos los fondos ARQ001SOL-173-2022, PLEC2021-007903 y VEBPI, además del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España. El ejemplar principal, identificado con el código MGB-512 y que mide unos 50 centímetros, sigue siendo una de las piezas centrales del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, lo que demuestra que las colecciones antiguas aún guardan secretos valiosos para la ciencia moderna cuando se analizan con las nuevas tecnologías.
