Meteorito de 2.000 millones de años trae moléculas de ADN e impulsa la teoría de la vida desde el espacio
Un impactante descubrimiento en un meteorito de aproximadamente 2 mil millones de años ha revelado la presencia de estructuras de nucleótidos que sorprendentemente se parecen a las del ADN humano. Este hallazgo reavivó los debates científicos sobre el origen primordial de la vida, planteando la posibilidad de que los componentes químicos esenciales para la existencia no sólo se formaran en la Tierra, sino mucho antes, en entornos cósmicos. Con la identificación de estas sustancias en fragmentos de meteoritos se abren nuevas líneas de investigación para comprender la vida extraterrestre.
Los científicos detallan que las moléculas orgánicas ubicadas en estos antiguos meteoritos, estimados en 2 mil millones de años, tienen similitudes con nucleótidos fundamentales como la adenina, guanina, citosina y timina, componentes del ADN humano. Sin embargo, sus características son distintivas y presentan firmas isotópicas y disposiciones moleculares únicas. Estos rastros específicos son cruciales para confirmar de manera inequívoca que estas estructuras tuvieron su origen en el espacio exterior, eliminando dudas sobre una posible contaminación terrestre y reforzando la hipótesis de que la vida pudo haber sido “sembrada” en nuestro planeta.

Esta sólida evidencia fortalece significativamente la “panspermia”, una teoría que postula que sustancias químicas vitales llegaron a la Tierra transportadas por asteroides y meteoritos. Estos materiales espaciales habrían funcionado como precursores químicos, impulsando el desarrollo de la vida en el planeta.
Los investigadores explican que estas moléculas orgánicas pueden sintetizarse gradualmente por diferentes mecanismos: por la radiación presente en las nubes moleculares interestelares, por reacciones químicas con el agua dentro de los propios meteoritos, o incluso formarse en las condiciones extremas de altas temperaturas y presiones generadas por las colisiones de asteroides, funcionando como un verdadero “reactor químico” natural en el espacio.
El reciente descubrimiento evoca el recuerdo de la emblemática revelación del meteorito Murchison, en Australia, en 1969. En aquella ocasión, los científicos identificaron más de 90 aminoácidos en sus fragmentos, hallazgo que ya cuestionaba la idea de que las moléculas de la vida pudieran formarse exclusivamente en la Tierra. Actualmente, con técnicas mejoradas de espectrometría de masas y análisis de isótopos, los científicos pueden identificar y caracterizar moléculas análogas al ADN con mucha mayor precisión en meteoritos más antiguos.
















