Los científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA emplean el prototipo ERNEST (Exploration Rover for Navigating Extreme Sloped Terrain) en pruebas en el desierto para mejorar los sistemas de movilidad y la autonomía de la inteligencia artificial para futuras expediciones espaciales.
La agencia espacial norteamericana, a través del JPL, reveló importantes avances en las pruebas con ERNEST, un nuevo modelo de vehículo autónomo. Las evaluaciones más recientes se realizaron en el desierto de Colorado, en Estados Unidos, con foco en superar terrenos desafiantes.
El vehículo experimental recorrió aproximadamente 26 kilómetros en 37 horas de funcionamiento, repartidas en una semana de evaluaciones. El objetivo es crear equipos con mayor autonomía y velocidad, capaces de explorar eficazmente zonas de difícil acceso en otros cuerpos celestes, incluidas regiones con iluminación desafiante como las del polo sur lunar.
Paralelamente, la NASA está desarrollando la misión Dragonfly, prevista para 2034, que enviará un vehículo aéreo a Titán, la luna más grande de Saturno. La expedición tiene como objetivo estudiar la composición química y las formaciones orgánicas de su superficie en un contexto espacial remoto.
Avances significativos en la exploración espacial robótica
ERNEST, que significa Exploration Rover for Navigating Extreme Sloped Terrain, sirve como plataforma para probar futuros viajes a la Luna. Su estructura ha sido sometida a rigurosos exámenes en escenarios terrestres que replican las duras condiciones de otros planetas y satélites.
En las pruebas realizadas en el desierto de Colorado, el prototipo demostró una notable destreza a la hora de desplazarse sobre superficies irregulares, alcanzando velocidades superiores a las de los rovers Curiosity y Perseverance, actualmente en Marte. Este resultado se considera un avance fundamental para ampliar los horizontes de las misiones robóticas.
Issa Nesnas, tecnóloga principal del JPL y líder de los experimentos, enfatizó que el objetivo es optimizar la movilidad y autonomía de los sistemas. Según información del equipo, afirmó: “Estas pruebas nos ayudan a perfeccionar el hardware de locomoción y el software de autonomía para viajar distancias extremas, en una amplia gama de terrenos y bajo las diversas condiciones de iluminación esperadas en la Luna”.
En marzo de 2026, durante la fase de campo en el desierto de Colorado, en el sur de California, el equipo del JPL realizó ERNEST en diferentes momentos del día. Esto incluyó operaciones al amanecer, al anochecer y a la noche, períodos en los que las sombras alargadas replican el entorno lunar.
Las mejoras en estos sistemas ya son visibles en los vehículos exploradores que operan en Marte. Perseverance, por ejemplo, realiza la mayoría de sus rutas de forma autónoma, realizando controles continuos para garantizar la seguridad de su movimiento. Esta competencia permite cubrir grandes distancias con mayor eficiencia operativa.
Mientras tanto, la NASA tiene la intención de ampliar aún más la aplicación de tecnologías robóticas a otros cuerpos celestes. La misión Dragonfly explorará Titán, la luna de Saturno famosa por sus ríos y lagos de metano, y necesitará una gran autonomía en sus decisiones debido a los extensos periodos sin contacto con la Tierra.
Según Zibi Turtle, investigador del Laboratorio de Física Aplicada de Johns Hopkins y principal responsable de la misión, el emprendimiento no se centra principalmente en la detección directa de vida. En cambio, su objetivo es investigar los procesos químicos que precedieron al desarrollo biológico en nuestro planeta.
En Titán, el vehículo volador pasará hasta 16 días terrestres en cada sitio de investigación antes de trasladarse a un nuevo punto. La misión tiene el potencial de aportar datos valiosos para el estudio de otras zonas del Sistema Solar, como Encelado, otra luna que despierta interés porque presenta condiciones propicias para la existencia de vida.

