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La aprobación de un nuevo fármaco para el colesterol “malo” (LDL) en Estados Unidos ha ampliado el arsenal terapéutico disponible. Sin embargo, este nuevo desarrollo no aborda un tipo particular de colesterol que ha despertado preocupación entre los especialistas cardíacos y que la mayoría de la población desconoce.

Se trata de lipoproteína(a), conocida como Lp(a), una fracción del colesterol que se define predominantemente por herencia genética. Unos niveles elevados de esta sustancia están directamente relacionados con un riesgo de sufrir un infarto que puede ser hasta tres veces mayor.

Su nombre ya apunta a una característica única, con la “a” en minúscula, y la molécula a menudo recibe un tratamiento diminuto en los círculos médicos. A pesar de su apodo, representa un factor de riesgo que recién ahora está ganando el debido reconocimiento en las clínicas, impulsado por directrices recientes y la expectativa de terapias innovadoras para reducirlo.

Arterias y venas engrosadas, enfermedad de las arterias coronarias, colesterol alto.
Arterias y venas engrosadas, enfermedad de las arterias coronarias, colesterol alto – NPW-STUDIO/Shutterstock.com

Cómo se hereda genéticamente un tipo de colesterol

A diferencia del colesterol LDL, cuyos niveles pueden modificarse mediante la dieta, el peso y los medicamentos, la concentración de la lipoproteína (a) está determinada principalmente por la composición genética del individuo.

Según el cardiólogo Elzo Mattar, director del Departamento de Hipertensión Arterial de la Sociedad Brasileña de Cardiología (SBC) y profesor de la Facultad de Medicina Estadual de São José do Rio Preto (Famerp), aproximadamente el 90% del valor de esta lipoproteína en cada individuo es de origen genético. Se estima que alrededor del 20% de la población presenta niveles elevados, muchas veces sin ser consciente de esta condición.

“La lipoproteína(a) tiene su determinación primaria en la genética y no puede corregirse mediante la dieta”, explica el cardiólogo. Añade que “el individuo nace con predisposición a tener niveles mayores o menores del mismo”.

Esta característica genética lo configura como un elemento de gran importancia, pero también de difícil gestión, ya que pilares fundamentales en el control del colesterol, como la dieta, el ejercicio físico y las estatinas, tienen poca o nula influencia en sus niveles.

Comprender los riesgos para la salud relacionados con la lipoproteína (a)

El interés en torno a la lipoproteína (a) se ha intensificado a medida que la investigación observacional ha demostrado una fuerte correlación entre niveles elevados y eventos cardiovasculares graves. Según el médico Elzo Mattar, concentraciones superiores a aproximadamente 50 mg/dL, que corresponde al cuartil más alto de la población, se asocian con un riesgo de ataque cardíaco aproximadamente tres veces mayor. Además, esta fracción contribuye a la calcificación de la válvula aórtica, una condición frecuente entre las personas mayores.

Al tener una acción independiente de la LDL, la lipoproteína(a) sirve como marcador complementario relevante. Esto significa que dos individuos con niveles idénticos de colesterol “malo” pueden presentar riesgos cardiovasculares diferentes, dependiendo de la concentración de este valor específico.

Razones de la falta de una dosis común de lipoproteína(a) hasta la fecha

Durante muchos años, medir la lipoproteína(a) tuvo poca utilidad clínica, ya que no existían tratamientos específicos para ella y los resultados de la prueba rara vez influían en los enfoques médicos. Sin embargo, este panorama está en proceso de transformación.

Una nueva directriz sobre dislipidemia, publicada en marzo de 2026 por el Colegio Estadounidense de Cardiología y la Asociación Estadounidense del Corazón, junto con otras instituciones médicas, ahora recomienda medir la lipoproteína (a) al menos una vez en la vida adulta. Esta recomendación también la respalda el cardiólogo Elzo Mattar.

“La orientación actual es que todos los adultos se midan las lipoproteínas al menos una vez en la vida, para conocer su riesgo cardiovascular individual”, afirma el especialista.

Se trata de un procedimiento sencillo, que se realiza mediante un único análisis de sangre, ya que su valor generalmente se mantiene constante durante toda la vida. La detección de niveles elevados de lipoproteína(a) no implica inmediatamente la necesidad de un tratamiento farmacológico específico, pero sirve como una advertencia importante para intensificar el control de todos los demás factores de riesgo modificables.

“Las personas con lipoproteínas altas deben tener un especial cuidado con su salud: es fundamental mantener el colesterol LDL en niveles bajos, los triglicéridos controlados, la presión arterial y la glucemia en orden, además de hacer ejercicio y seguir una dieta equilibrada”, aconseja el cardiólogo.

Perspectivas de nuevos fármacos para reducir la lipoproteína(a)

La falta de opciones terapéuticas específicas para la Lp(a) puede estar cerca de superarse. Actualmente, varias empresas farmacéuticas están desarrollando y probando nuevas sustancias para reducirlo. Entre los más prometedores destaca el pelacarseno de Novartis, un tratamiento inyectable mensual que, en las primeras fases de investigación, demostró reducir esta fracción en alrededor de un 80%.

Este medicamento es el centro del estudio Horizon, que representa el primer gran ensayo clínico para determinar si la reducción de la lipoproteína(a) se traduce realmente en una reducción de los casos de infartos y accidentes cerebrovasculares (ACV). La investigación implica el seguimiento de más de 8 mil pacientes durante varios años.

Se espera que los resultados se conozcan a lo largo de 2026, estando previstas presentaciones para el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), que tendrá lugar a finales de agosto, en la ciudad de Munich. Además, también se encuentran en fase de prueba otros enfoques terapéuticos, como una versión en tabletas.

Sin embargo, el doctor Mattar hace una advertencia importante, distinguiendo la promesa de la prueba científica: la simple reducción de los niveles de lipoproteínas todavía no se traduce automáticamente en una reducción de los eventos cardiovasculares.

“Es probable que la reducción de la lipoproteína(a) aporte beneficios, pero todavía faltan estudios que confirmen esta relación”, explica Mattar. Destaca que “las investigaciones que demuestran una reducción de los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares requieren un período de seguimiento de más de cinco años”.

Éste es exactamente el vacío que comenzarán a llenar los estudios previstos para las próximas semanas. El objetivo es demostrar no sólo la eficacia de los nuevos fármacos para reducir la lipoproteína (a), sino también si esta reducción se traduce efectivamente en una menor incidencia de ataques cardíacos.

Hasta la fecha, la lipoproteína(a) representa un valor cuyo conocimiento es valioso, incluso en ausencia de un tratamiento directo para alterarlo. Esto se debe a que sirve como un indicador crucial de la necesidad de proteger y cuidar todos los demás factores de riesgo cardiovascular.

Y, dentro de unos meses, la comunidad médica finalmente podrá descubrir si un riesgo que durante tanto tiempo apenas se diagnosticó puede reducirse de manera efectiva y, lo que es más importante, si esta reducción tendrá el poder de salvar vidas.

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