La NASA activa protocolo de defensa tras captar señales de radio de un cometa interestelar
La agencia espacial estadounidense ha puesto en marcha un grupo de trabajo de vigilancia intensiva tras identificar un cuerpo celeste inusual que cruza nuestro sistema estelar. Bautizado como 3I/ATLAS, el objeto fue detectado inicialmente el 1 de julio de 2025 a través de las lentes del observatorio ubicado en Río Hurtado, Chile. Viajando a una velocidad impresionante de aproximadamente 100.000 kilómetros por hora en relación con el Sol, este viajero cósmico marca sólo la tercera vez en la historia de la astronomía que los científicos han podido confirmar la presencia de un intruso procedente de fuera de nuestro vecindario espacial.
El comportamiento atípico del visitante generó alertas en los pasillos de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio. La emisión de radiofrecuencias inesperadas provocó que de inmediato se llamara a la Coordinación de Defensa Planetaria de la institución para evaluar cualquier escenario adverso. Aunque el protocolo suene alarmante para el público profano, la medida sirve principalmente para garantizar que la trayectoria hiperbólica del cuerpo no sufra desviaciones gravitacionales que podrían ponerlo en curso de colisión con la Tierra, permitiendo un estudio seguro del fenómeno.
Lo que provocó la máxima alerta en la agencia espacial estadounidense
El mayor punto de inflexión en este descubrimiento se produjo a finales de octubre de 2025, cuando los equipos de radioobservación captaron anomalías. El complejo de radiotelescopios MeerKAT, instalado en Sudáfrica, registró transmisiones continuas provenientes del núcleo 3I/ATLAS en la banda de 1,6 GHz. Para los astrofísicos, esta frecuencia específica funciona como una especie de firma digital del agua en el vacío espacial, correspondiente exactamente a la línea de emisión del radical hidroxilo, que se forma cuando el hielo primordial se sublima bajo la intensa radiación solar.
Lejos de ser un signo de inteligencia extraterrestre, el hallazgo tranquilizó y al mismo tiempo fascinó a los investigadores. La presencia de esta firma química descarta la hipótesis de interferencia artificial y establece la naturaleza del objeto como un cometa altamente activo. A diferencia de los asteroides rocosos e inertes, 3I/ATLAS está literalmente desprendiendo sus componentes volátiles a medida que se acerca al calor de nuestra estrella, un proceso natural que altera sutilmente su aceleración en el espacio profundo.
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Para hacer frente a la avalancha de datos y coordinar la respuesta global, expertos en dinámica orbital fueron convocados a reuniones de emergencia en agosto de 2025. El principal objetivo de esta movilización sin precedentes era unificar protocolos de seguimiento entre diferentes naciones. Al centralizar la información, la comunidad científica es capaz de predecir con precisión milimétrica cada etapa del viaje de este fragmento estelar, que fue expulsado de su sistema de origen hace millones de años y ahora cruza nuestro territorio.
Dimensiones colosales y el viaje sin retorno del cuerpo celeste
Las evaluaciones preliminares realizadas por equipos de la Universidad de Hawaii en colaboración con la Agencia Espacial Europea revelan proporciones gigantescas. El núcleo sólido del visitante varía entre 320 metros y unos impresionantes 5,6 kilómetros de diámetro. Alrededor de esta roca central, hay una gran coma compuesta de gases tóxicos y polvo cósmico, que confieren al objeto un brillo difuso que ya permite ser observado incluso por astrónomos aficionados equipados con telescopios de tamaño mediano aquí en la Tierra.
La trayectoria trazada por el cometa sigue una mecánica no gravitacional, lo que significa que no está ligada a la atracción de nuestro Sol. Es un pasaje único y definitivo. El punto de mayor proximidad a nuestro planeta está previsto para el 19 de diciembre de 2025. En ese momento de mayor aproximación, el cuerpo celeste se encontrará a unos 270 millones de kilómetros de la superficie terrestre, un margen de seguridad equivalente a casi el doble del espacio que separa a la Tierra del planeta Marte.
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Rigurosos cálculos de balística espacial confirman que el riesgo de impacto es absolutamente nulo. Tras este lejano encuentro, 3I/ATLAS continuará su viaje solitario hacia el espacio profundo, sin posibilidad de regreso. Esta ventana de observación restringida convierte cada segundo de seguimiento en una carrera contrarreloj para extraer la mayor cantidad de información posible sobre la composición de los sistemas planetarios que orbitan otras estrellas de la Vía Láctea.
Diferencias clave con visitantes anteriores
La historia de los intrusos interestelares es extremadamente reciente, ya que comenzó en 2017 con el paso del enigmático ‘Oumuamua, seguido del cometa 2I/Borisov en 2019. El nuevo visitante presenta características que lo sitúan en una categoría intermedia y fascinante. Mientras que el primer objeto parecía un cigarro rocoso sin actividad gaseosa aparente, y el segundo demostró una desgasificación violenta y caótica, 3I/ATLAS exhibe una estabilidad estructural mucho mayor, lo que permite análisis más largos y detallados.
Las variaciones de luminosidad observadas recientemente por telescopios espaciales como el Hubble se explican por chorros asimétricos de material volátil. Cuando el hielo de un lado del cometa se derrite más rápido que el otro, el gas expulsado actúa como un propulsor natural, alterando su trayectoria de forma impredecible. Esta peculiar dinámica es exactamente lo que los científicos buscan catalogar para comprender los mecanismos físicos que operan en entornos extraterrestres.
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Para comprender la magnitud del evento, los centros de investigación consolidaron los datos más críticos de la misión de monitoreo en curso:
- La velocidad de crucero se estableció en 100 mil kilómetros por hora al acercarse al sol.
- Emisión de radio confirmada en una frecuencia de 1,6 GHz, indicando sublimación del hielo y presencia de hidroxilo.
- Distancia mínima de seguridad fijada en 270 millones de kilómetros de la Tierra para diciembre de 2025.
- Núcleo con un tamaño estimado que podría superar los cinco kilómetros de longitud total.
Cómo la comunidad científica mundial está siguiendo el fenómeno
El arsenal tecnológico apuntado al cielo en este momento no tiene precedentes en la historia de la exploración espacial. Instrumentos de alta precisión, incluido el Telescopio Espacial James Webb y el Very Large Telescope (VLT) en el desierto de Atacama, están diseccionando el espectro químico del cometa. El objetivo es buscar compuestos orgánicos y minerales que sean familiares para los que se encuentran en los cometas de nuestro propio patio cósmico, estableciendo un paralelo con cómo se forman la vida y los planetas en diferentes rincones del universo.
La determinación de la reflectividad del núcleo y el análisis en curso de las ondas de radio prometen reescribir los modelos actuales de formación planetaria. Cada nuevo dato recopilado por esta red global de observatorios ayuda a armar un rompecabezas sobre el origen de la materia y la distribución del agua en la galaxia. Incluso después de que 3I/ATLAS desaparezca en la oscuridad del espacio interestelar, el legado de su información seguirá alimentando tesis y descubrimientos científicos durante las próximas décadas, demostrando que la vigilancia constante del cielo es vital para el avance de la humanidad.

















