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Max Planck revela adicción cerebral al azúcar con datos de 2023

Comida obesidade alimentos
Foto: hábitos alimentares - Lightspring//Shutterstock.com
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Investigadores del Instituto Max Planck de Investigación sobre el Metabolismo en Alemania demostraron en marzo de 2023 que los comestibles con concentraciones elevadas de glucosa y grasas reconfiguran las redes neuronales humanas. El estudio publicado en la revista Cell Metabolism comprobó que las porciones cotidianas reprograman los circuitos de aprendizaje para exigir estos ingredientes en el futuro. Los voluntarios analizados registraron incrementos significativos dentro del circuito de recompensa.

La dopamina regula el placer.

Los científicos observaron que la ingesta continuada de productos ricos en lípidos y azúcares estimula intensamente las conexiones neuronales dopaminérgicas hasta reconfigurar las preferencias del sujeto hacia opciones poco saludables, incluso si las porciones suministradas de manera experimental representan volúmenes calóricos pequeños. Este neurotransmisor genera la sensación de gratificación que también detonan los estupefacientes en el cerebro humano. Las sustancias químicas activan las neuronas y conducen a un consumo involuntario persistente. El daño celular resultante consolida patrones de dependencia física difíciles de erradicar.

El investigador Paul J. Kenny describió en la revista Nature Reviews Neuroscience que el factor de transcripción ΔFosB interviene directamente en las adaptaciones moleculares compartidas entre el abuso de sustancias y la obesidad mórbida.

Una revisión previa desarrollada en el Oregon Research Institute durante 2011 detectó patrones cerebrales análogos en pacientes con sobrepeso sometidos a estímulos dulces. Los registros neurobiológicos expusieron que las áreas vinculadas al deseo mostraron una intensidad reactiva superior frente a piezas azucaradas. La revista Neuron registró en 2003 mediciones mediante resonancia magnética funcional para cuantificar el impacto emotivo de soluciones endulzadas en regiones corticales aisladas.

Impacto de los comestibles industrializados en el gasto energético

La nutricionista y biomédica de la Clínica NutriCilla, Ana Paula Kessler, indicó que el funcionamiento desacelerado del metabolismo corporal deriva de prácticas cotidianas deficientes. El déficit de horas de descanso, la deshidratación y la inactividad física disminuyen la capacidad del organismo para transformar nutrientes en energía inmediata.

La especialista desaconsejó el consumo de embutidos como jamón, pechuga de pavo, salchichas, salami y mortadela. Estos cortes con procesamiento industrial presentan niveles excesivos de grasa saturada que entorpecen la síntesis digestiva celular. Las grasas manufacturadas aumentan la viscosidad en los procesos de asimilación hepática. La ralentización orgánica responde al exceso de conservantes integrados.

Las sobrecargas de azúcar blanca causan elevaciones abruptas de glucemia seguidas por incrementos reactivos de insulina pancreática. El exceso calórico circulante termina almacenado en forma de tejido graso dentro del hígado.

El consumo de refrescos tradicionales empeora el gasto basal por la conjunción de edulcorantes, cafeína y aditivos sintéticos. El páncreas incrementa su esfuerzo de secreción hormonal mientras el organismo pierde reservas minerales de calcio y magnesio alojadas en los huesos. La nutricionista Kessler puntualizó que estos líquidos generan deshidratación celular, somnolencia crónica y estados de fatiga permanente en los consumidores habituales.

Otros componentes ultraprocesados alteran el ritmo metabólico cotidiano por su formulación química:

  • Zumos artificiales que contienen espesantes y colorantes vinculados a trastornos alérgicos e irritación de la mucosa gástrica.
  • Carnes procesadas tipo hamburguesas y nuggets repletas de sodio, aditivos estabilizantes y grasas densas.
  • Galletas industriales dulces que saturan el depósito energético e incrementan la conversión de lípidos en el hígado.
  • Sazonadores comerciales concentrados con exceso de toxinas que elevan la tensión arterial sistémica.

El sodio y los colorantes químicos presentes en los condimentos envasados debilitan la función de filtrado en los riñones. Estas mezclas salinas promueven retención de líquidos en los tejidos corporales y lesionan la inmunidad general.

Para acelerar el ritmo biológico, Kessler recomendó seleccionar ingredientes frescos como pescado, carnes magras, aguacate, nueces y semillas de calabaza. La lista de elementos protectores incorpora además aceite de oliva virgen extra, avena, té verde, canela, jengibre, atún y brócoli fresco.

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