Sommelier japonés detalla las sutilezas del baño onsen y la importancia de leer el entorno para los extranjeros
Un baño de aguas termales en Kurone Iwa-buro, ubicado en la península de Izu, ofrece una experiencia única, situado en un afloramiento rocoso donde las olas del Océano Pacífico parecen casi al alcance de la mano. La belleza natural del lugar atrae a visitantes que buscan relajación.
En Kitagawa Onsen, un pequeño pueblo pesquero, el paisaje está dominado por barcos y redes, y no es común ver muchos turistas internacionales durante la semana. Por ello, la presencia de una mujer extranjera ingresando al complejo termal local generó cierta curiosidad.
El visitante, tras una rápida observación del entorno, se dirigió directamente a una de las fuentes de la que brotaba agua a una temperatura de más de 50 grados centígrados.
Sin dudarlo ni prepararse más, tomó el agua caliente con las manos y comenzó a verterla sobre su cuerpo.
Al instante, la mujer comenzó a saltar y exclamar “¡Caliente! ¡Caliente! ¡Caliente!” mientras su piel rápidamente se volvía de un tono rojizo por el intenso calor del agua.
Error común en la etiqueta kakeyu en onsens

El turista intentaba realizar el ritual conocido como “kakeyu”, que consiste en mojar el cuerpo con agua caliente antes de ingresar a la bañera principal, una práctica fundamental de higiene y adaptación térmica. Sin embargo, un cartel informativo cerca de la fuente, escrito en un inglés algo confuso, decía: “Por favor, échate agua caliente antes de entrar al baño”, lo que dio lugar a una interpretación literal y errónea.
Aunque la mujer siguió las instrucciones con precisión, no entendió el verdadero significado de la práctica, lo que provocó su malestar inmediato.
Al darse cuenta de la peligrosa situación y del malentendido, un hombre que estaba en la bañera intervino gritando: “¡No uses esa agua, te quemas! Toma un balde para sacar el agua directamente del baño principal, y no del grifo de la fuente”.
El viaje de un sumiller de aguas termales
Los encuentros con situaciones de incomprensión cultural como ésta son frecuentes cuando se viaja por Japón. Para los visitantes de otros países, estos pequeños errores de interpretación pueden en ocasiones comprometer la experiencia completa de un viaje.
Las aguas termales japonesas, conocidas como onsen, están llenas de peculiaridades culturales y reglas tácitas, que van desde la necesidad de bañarse desnudo hasta la política de los tatuajes.
Esta riqueza de detalles fue exactamente lo que atrajo al narrador, un japonés que vivió la mayor parte de su vida adulta en Estados Unidos. Al regresar a Japón después de muchos años, se encontró redescubriendo la complejidad de la cultura onsens a través de los ojos de un extranjero.
Inicialmente, sintió una renovada resistencia e incluso extrañeza ante la idea de bañarse desnudo junto a extraños.
Sin embargo, a medida que profundizaba en las costumbres y métodos adecuados de baño, su curiosidad por las aguas termales creció exponencialmente.
Con la ampliación de sus conocimientos, surgió la esperanza de que los visitantes internacionales también pudieran disfrutar verdaderamente de los onsens, no como un desafío de adaptación, sino como una experiencia relajante y enriquecedora.
Fue así como buscó y obtuvo la certificación de sumiller de aguas termales, una calificación reconocida y legítima en Japón para quienes dominan la cultura y las propiedades de los manantiales.
En su búsqueda de las mejores aguas termales del país, el sumiller recorrió más de 3.000 kilómetros, explorando desde Hokkaido en el norte hasta Okinawa en el sur, y también trabajó en una posada onsen.
















