Los científicos desarrollan una técnica para desviar asteroides y proteger la Tierra de futuros impactos
Un gran asteroide chocará contra nuestro planeta en algún momento del futuro. Aunque no es posible predecir la fecha exacta, la ciencia moderna ya ha logrado una hazaña sin precedentes: la capacidad de cambiar la ruta de un objeto espacial antes de que choque con la Tierra, algo que los dinosaurios nunca pudieron hacer.
Esta realidad fue destacada por Humberto Campins, reconocido experto en asteroides y miembro de la misión OSIRIS-REx de la NASA, el 13 de agosto de 2026. Reforza que las colisiones son parte intrínseca de la historia de la Tierra y volverán a ocurrir. La diferencia crucial ahora es la capacidad de identificar estos riesgos de antemano y, potencialmente, intervenir en sus trayectorias.
Hace 66 millones de años, un asteroide de aproximadamente diez kilómetros de diámetro impactó inesperadamente contra la Tierra. En aquel momento no existían instrumentos de seguimiento, cálculos orbitales ni naves espaciales capaces de desviar la amenaza. Si un evento similar se repitiera dentro de miles o millones de años, la condición de la humanidad sería radicalmente diferente.
En su participación en la conferencia “Los muchos caminos hacia el espacio”, en Oviedo, el astrónomo Campins destacó que, en escalas temporales largas, los grandes impactos son “inevitables”. Por lo tanto, una civilización que aspira a una larga supervivencia necesita prepararse para afrontar tales acontecimientos.
Es fundamental aclarar que Campins se desempeña como profesor de Física y Astronomía en la Universidad de Florida Central y forma parte del equipo científico OSIRIS-REx, que trajo muestras del asteroide Bennu. Su alerta no indica una amenaza inminente de colisión con una roca gigante.
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Actualmente, no se conocen asteroides en curso de colisión directa con la Tierra. La preocupación radica en otro aspecto.
La propia NASA garantiza que no habrá amenazas de impacto significativas durante los próximos cien años o más. El sistema Sentry de la agencia espacial recalcula continuamente las órbitas de los objetos cercanos a la Tierra para identificar posibles encuentros futuros.

La Agencia Espacial Europea (ESA) adopta un enfoque similar y mantiene una Lista de riesgo de objetos que probablemente impactarán, que incluye alrededor de 2.000 asteroides. Sin embargo, la presencia en esta lista no significa una colisión confirmada; Muchas de estas probabilidades son mínimas y desaparecen con observaciones nuevas y más precisas.
El factor crítico es el tiempo de descubrimiento. Un asteroide peligroso identificado con décadas de antelación se convierte en un desafío de ingeniería. Sin embargo, si se detecta apenas unas semanas antes, el problema puede ser prácticamente irresoluble.
Lanzamiento del telescopio NEO Surveyor para detectar amenazas espaciales
Por este motivo, la NASA está desarrollando el NEO Surveyor, un telescopio espacial infrarrojo diseñado específicamente para encontrar objetos potencialmente peligrosos. Podrá detectar asteroides oscuros, difíciles de observar con telescopios convencionales. El lanzamiento está previsto para septiembre de 2027.
En el año 2022, la humanidad logró algo que, décadas atrás, se consideraba pura ciencia ficción: modificó la órbita de un asteroide.
Identificar una amenaza en curso de colisión es sólo una parte de la defensa planetaria. La otra pregunta, más desafiante, es: ¿qué hacer después de descubrir que un asteroide se dirige hacia nosotros?
En septiembre de 2022, la NASA lanzó intencionadamente la sonda DART contra Dimorphos, una pequeña luna del asteroide Didymos que no representaba ningún riesgo para la Tierra.
El objetivo de la sonda no era destruir a Dimorphos, sino obligarlo a alterar su trayectoria. La misión fue un éxito.
Antes del impacto, Dimorphos completó una órbita alrededor de Didymos en 11 horas y 55 minutos. Después de la colisión con DART, este período se redujo en unos 32 minutos, lo que demuestra a escala real la capacidad de un impactador cinético para cambiar el movimiento de un asteroide.
Para salvar la Tierra, la desviación necesaria no tiene por qué ser drástica. Con suficiente antelación, un cambio mínimo en la velocidad de un asteroide puede acumularse a lo largo de los años, asegurando que cuando llegue al punto donde estaría nuestro planeta, la Tierra ya se habrá movido.
La humanidad desarrolla estrategias para desviar asteroides, a diferencia de los dinosaurios
En 2016, la NASA creó la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria para organizar la detección, el seguimiento y la caracterización de asteroides y cometas potencialmente peligrosos. Además, las agencias y organizaciones internacionales realizan periódicamente ejercicios simulados de amenazas para probar la respuesta de los gobiernos, científicos y servicios de emergencia ante un impacto real.
Todo esto no significa que debamos vivir en constante expectativa de una catástrofe. Al contrario, representa algo mucho más alentador.
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Los impactos de asteroides son uno de los pocos desastres naturales importantes que la humanidad no sólo puede predecir con años de antelación, sino que también puede prevenir. La Tierra seguirá encontrando asteroides mientras exista el sistema solar. En este sentido, Campins tiene razón: tarde o temprano alguien más se acercará.
La gran diferencia es que, por primera vez en los 4.500 millones de años de historia de este planeta, una especie está aprendiendo a anticipar lo que viene y a rechazarlo.














