Un proyecto innovador dio forma a estrellas como Haaland y Odegaard e impulsó al fútbol noruego de nuevo a la élite de la Copa del Mundo.
La selección de Noruega, considerada una de las mayores sorpresas del Mundial, se enfrenta este lunes por la noche a la selección de Senegal. Las expectativas son altas para el choque en Nueva Jersey, que comenzará a las 21 horas (hora de Brasilia).
Con Martin Odegaard y Erling Haaland al mando, los nórdicos buscan asegurarse un puesto temprano en los octavos de final. Vienen de una impresionante victoria por 4-1 sobre Irak en su primer partido, pero su buen desempeño actual va más allá de la presencia del capitán del Arsenal y máximo goleador del Manchester City.
Aunque Odegaard creció en Drammen y Haaland dio sus primeros pasos en el Bryne FK, un club discreto de la costa suroeste, sus caminos futbolísticos convergieron. Ambos estuvieron profundamente influenciados por un proyecto educativo deportivo desarrollado por el propio país.
En 2013, la Asociación Noruega de Fútbol creó la Landslagsskolen, o “Escuela de Equipos Nacionales”, con el objetivo de mejorar a los jugadores jóvenes más prometedores. Esta iniciativa no sólo construyó una selección nacional sólida, sino que también moldeó la cultura y el desarrollo colectivo del fútbol noruego. El programa se enfoca en identificar talentos, tanto masculinos como femeninos, de 12 a 16 años de todo el país, estableciendo un camino claro para su participación en equipos juveniles.
Hakon Grottland, actual director de desarrollo de atletas de la escuela, recordó que la creación del Landslagsskolen fue motivada, en gran parte, por la observación de Martin Odegaard. “Todo el mundo lo miraba y decía: ‘Tiene que ser un jugador de la selección’. Si no llegaba a ese nivel, sería culpa nuestra. Su mente era algo especial. Encontró soluciones que nadie más vio. Pequeño físicamente, pero muy inteligente”, destacó Grottland al sitio estadounidense The Athletic.
El técnico conoció a Odegaard cuando el futuro capitán tenía apenas 11 años. Además del número 10 de la selección nacional, muchos otros deportistas también se beneficiaron del programa, entre ellos Erling Haaland, que participó mucho antes de alcanzar el estrellato mundial, Antonio Nusa (actualmente en el RB Leipzig), Jorgen Strand Larsen (del Crystal Palace) y Andreas Schjelderup (Benfica).

Grottland destacó su orgullo por la cultura desarrollada. “No hay lugar para egos inflados, sólo para buenas personas. A Haaland y a los demás les encanta estar en el equipo porque se sienten parte de un grupo”, explicó sobre el ambiente tan unido.
El país ha realizado importantes inversiones en la construcción de numerosos campos de césped sintético abiertos al público y de pequeños estadios cubiertos. Esta infraestructura permitió a niños de todas las regiones jugar al fútbol durante miles de horas, superando los duros inviernos que antes hacían inviable el deporte durante gran parte del año.
En una entrevista con la UEFA, Grottland destacó la importancia del proyecto: “El Landslagsskolen fue absolutamente crucial. Creó un puente a través del sistema y definió una dirección común para el conocimiento del fútbol, la metodología de entrenamiento y los principios de juego”.
Durante dos décadas, Noruega enfrentó eliminaciones consecutivas en torneos importantes, tras su participación en los Mundiales de 1994 y 1998 (en este último, incluida la derrota de Brasil en la fase de grupos). Después de una pausa de 28 años sin jugar un Mundial, la nación ahora está orgullosa de la nueva generación, encabezada por Haaland, de 25 años, y Odegaard, de 27. Ambos nacieron sin haber visto nunca al equipo principal en un Mundial.
El director Grottland reveló que existe una gran frustración en el fútbol noruego. “Nadie hablaba de desarrollo de jugadores, pero entre 2010 y 2020 hubo una revolución en el conocimiento. Hubo un cambio. Lo más importante fue mirar nuestra metodología de entrenamiento. Hoy vemos el fútbol como un deporte de inteligencia, un deporte cognitivo, de resolución de situaciones. Ahí está la habilidad. Tuvimos éxito en los 90 a base de defensa y disciplina, pero luego cambiamos el enfoque al desarrollo de muchos jugadores ofensivos”, detalló.
Actualmente, la Escola da Seleção emplea a 700 profesionales. Cada distrito noruego tiene un especialista dedicado a las operaciones, y los entrenadores de los equipos juveniles de los clubes locales de primera división también forman parte del sistema. Salvo contadas excepciones, como el caso de Odegaard, los jóvenes deportistas permanecen en los clubes de su barrio hasta los 12 años.
Grottland añadió que, en el modelo noruego, el talento está intrínsecamente ligado al amor por el deporte. “Jugadores que duermen con el balón en la cama, que se cargan y aprenden de los errores. No se trata sólo de capacidad técnica, se trata de su propio desarrollo y el de su equipo. Siempre nos interesa saber cómo son los jugadores jóvenes como seres humanos y como compañeros”, afirmó, destacando la importancia de los valores personales y colectivos.
Este fuerte sentido de pertenencia se cultiva desde edades más tempranas y conecta profundamente a los jugadores. La convocatoria final de los 26 atletas, por ejemplo, fue anunciada por el rey Harald V, monarca noruego de 89 años, con los nombres de los jugadores insertados en escenarios típicos del país. La conexión con los aficionados también ha crecido notablemente, destacándose ya los aficionados noruegos en este Mundial por una coreografía que simula el acto de remar, en clara referencia a sus antepasados vikingos. Los propios atletas se emocionaron en una fotografía oficial del Mundial, donde fueron retratados como guerreros vikingos a orillas de un fiordo.
Brede Hangeland, ex defensa de la selección nacional y actual entrenador asistente de Noruega, concluyó: “Aunque tenemos grandes estrellas, ellos no tienen grandes egos. Nuestra cultura de equipo es nuestra ventaja competitiva. Se remonta a la Escuela de Selecciones Nacionales, donde no sólo enseñan fútbol. Intentan enseñar el valor de contribuir a un grupo. El equipo es más grande que cualquier individuo. Y se ve en la forma en que los jugadores actúan en el escenario más grande del mundo hoy en día. Están volando en la cima del fútbol de clubes, pero son plenamente conscientes de los valores de los que proceden”.
















