El gobierno estadounidense prohíbe la venta de vehículos nuevos Polestar a partir de 2027 por vínculos con China
El gobierno de Estados Unidos anunció una medida que impactará las operaciones del fabricante de vehículos eléctricos Polestar en el país. A partir del año modelo 2027, la empresa quedará impedida de vender coches nuevos en el mercado americano, después de que el Departamento de Comercio revocara la autorización que le había concedido previamente bajo la Regla de Vehículos Conectados.
Esta decisión supone el fin de las ventas de vehículos nuevos en EE.UU. para la marca sueca de coches eléctricos, que pertenece al grupo chino Geely, pese a que uno de sus modelos se produce en territorio americano.
La determinación del Departamento de Comercio de EE.UU.
La Oficina de Industria y Seguridad, una división del Departamento de Comercio de Estados Unidos, negó a Polestar (Nasdaq: PSNY) el permiso para vender automóviles en el país a partir del año modelo 2027. La acción sigue los lineamientos de la actual Regla de Vehículos Conectados.
Esta legislación, que fue ultimada en enero de 2025, establece una prohibición de entrada en el mercado americano a vehículos que tengan una “conexión significativa” con países como China o Rusia. Las restricciones relacionadas con el software entrarán en vigor en el año modelo 2027, mientras que las limitaciones de hardware entrarán en vigor en 2030. La regla cubre una amplia gama de tecnologías automotrices, incluidos sistemas telemáticos, cámaras, micrófonos, GPS, Bluetooth, módulos celulares y software de conducción autónoma, aplicables a automóviles de gasolina, híbridos y eléctricos.
La principal preocupación con respecto a Polestar no está relacionada con el lugar donde se fabrican sus vehículos, sino con su estructura de propiedad. La marca es propiedad mayoritaria de Geely, un gigante automovilístico chino que también posee Volvo Cars. Esta conexión activa las disposiciones de la norma independientemente de dónde estén situadas las fábricas, haciéndose eco de las advertencias de la administración Biden en 2024 sobre la posibilidad de que los vehículos con conexiones chinas recopilen datos de los conductores estadounidenses.
El resultado es particularmente notable dada la distribución global de la producción de Polestar. El modelo Polestar 3 se fabrica en la planta de Volvo en Charleston, Carolina del Sur, mientras que el Polestar 4 se ensambla en Busan, Corea del Sur. En ambos casos la producción no se realiza en China.
Diferencia de trato entre Volvo y Polestar
Un aspecto curioso de la situación es que Volvo, también controlada por Geely, recibió autorización para seguir vendiendo sus vehículos conectados en el mercado norteamericano.
A pesar de compartir la misma empresa matriz, los dos fabricantes de automóviles obtuvieron resultados opuestos. Volvo opera como una empresa automotriz separada que cotiza en bolsa y tiene un mayor reconocimiento y una presencia más establecida en los EE. UU. Por el contrario, Polestar está más profundamente integrada en la estructura de Geely, compartiendo vehículos y plataformas de software con otras marcas del grupo. El motivo exacto de la distinción sigue abierto, pero lo cierto es que una marca Geely continúa operando y la otra verá finalizadas sus nuevas ventas.
Polestar dijo que seguirá vendiendo el stock existente de los modelos Polestar 3 y Polestar 4 en Estados Unidos. Además, la empresa mantendrá el soporte para los propietarios actuales a través de su red de servicios. Sin embargo, el Polestar 4, que salió a la venta en Estados Unidos hace poco más de un mes, ya tiene fecha límite para nuevas compras.
Polestar y su renovado enfoque en Europa
Ante el escenario de EE.UU., Polestar está redirigiendo sus inversiones a Europa, región donde ya concentra la mayor parte de sus actividades comerciales. El continente europeo representa alrededor del 80% del volumen de ventas minoristas de la compañía, y el 94% de las ventas en el primer trimestre de 2026 provinieron de mercados fuera de Estados Unidos.
La empresa planea ampliar su red de ventas en Europa e iniciar la producción local. Por ejemplo, el futuro SUV compacto Polestar 7 se fabricará en el continente europeo. El fabricante de automóviles también destacó otros mercados en crecimiento, como el Sudeste Asiático, Europa del Este, América Latina y Canadá.
“La industria del automóvil está entrando en una nueva fase, impulsada por la dinámica regional”, declaró el director general Michael Lohscheller, describiendo a Europa como “el principal motor de crecimiento” de la empresa.
Este movimiento estratégico se produce en un contexto de aumento del volumen de ventas de Polestar, pero con caída de los márgenes de beneficio. La compañía registró un año récord en 2025, con más de 60.000 vehículos vendidos e ingresos superiores a los 3.000 millones de dólares. El primer trimestre de 2026 también fue récord, con 13.126 entregas, un aumento del 7%. Sin embargo, el margen bruto cayó al -3,2% en el primer trimestre, frente al 10,3% positivo del año anterior, debido a las presiones sobre los precios, los aranceles y la composición del mix de productos.
El impacto de la decisión y el precedente sentado
La prohibición de acceso al mercado estadounidense afecta a Polestar menos gravemente que a otros fabricantes de automóviles, ya que Estados Unidos nunca ha sido su principal objetivo. Dado que el 94% de las ventas del primer trimestre ya provienen de otros mercados, la medida se considera más un ajuste estratégico que un revés devastador. La prioridad de la empresa de centrarse en Europa se alinea con las fuerzas reales del mercado.
Sin embargo, la importancia radica en el precedente creado. La Norma de Vehículos Conectados ha demostrado su capacidad para bloquear un vehículo eléctrico de marca sueca, parcialmente fabricado en EE.UU., únicamente debido a la participación china en su cadena de control. Esto envía un mensaje claro a todos los fabricantes de automóviles que tienen capital o tecnología china en sus operaciones, y llega justo cuando Estados Unidos busca expandir su producción nacional de vehículos eléctricos. La distinción entre Volvo (permitido) y Polestar (prohibido) también resalta la discrecionalidad de la norma, donde la estructura corporativa y el origen del software, más que el lugar de montaje, se convierten en factores decisivos para la entrada al mercado.
















