Investigadores identifican una vasta estructura geológica escondida debajo del hielo antártico
En el extremo sur del planeta, una extensa capa de hielo de miles de metros de espesor cubre la superficie terrestre. Millones de años han escondido un paisaje antiguo bajo esta cubierta, revelando un paisaje con imponentes montañas y profundos abismos, perdido bajo un mar helado.
Décadas de estudios de radar y otros análisis geofísicos han permitido a los científicos reunir evidencia de una estructura subterránea de proporciones extraordinarias. En la Antártida Oriental, un equipo dirigido por el geofísico Egidio Armadillo, de la Universidad de Génova, identificó una gigantesca provincia en forma de abanico formada por unas 30 cuencas interconectadas.
Esta formación se expande hacia la costa, lo que sugiere que una parte del continente fue arrastrada desde un punto central hacia el interior. Los investigadores llamaron al descubrimiento Provincia de la Cuenca en Forma de Abanico de la Antártida Oriental (EAFBP) y sugieren que se formó antes de la desintegración del supercontinente Gondwana. Esta estructura habría creado una zona de fragilidad que luego influyó en la separación de la Antártida y Australia.
Además, la provincia puede seguir influyendo en la formación de la Antártida hasta el día de hoy. Según el artículo científico de los autores, “al encontrarse bajo aproximadamente la mitad de la capa de hielo de la Antártida Oriental, estas cuencas deben ejercer una gran influencia tanto en el flujo de hielo como en la evolución del paisaje, siendo cruciales para los procesos hidrológicos y glaciares antárticos”.
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La investigación sobre la configuración de la tierra bajo la Antártida no es sólo de naturaleza académica. Esto se debe, en parte, al constante movimiento del hielo glacial, que está dirigido por los contornos de la roca subyacente. El conocimiento detallado de estas formas nos permite predecir con mayor precisión la velocidad y la trayectoria del flujo glacial, lo que repercute en los estudios sobre el cambio climático.
Otro factor importante es que este descubrimiento representa una parte importante de la historia terrestre de nuestro planeta. La Antártida representa alrededor del 10% de la masa terrestre mundial, y varias cuestiones sobre Gondwana, la fragmentación continental, la formación de montañas antiguas y la evolución de la corteza terrestre siguen abiertas, precisamente por la dificultad de observar directamente la mayor parte del continente.
Curiosamente, el equipo de investigación no se propuso inicialmente encontrar una estructura geológica en forma de abanico que cubriera un área tan vasta de la Antártida. En cambio, el objetivo era simular la apariencia de la Antártida Oriental sin la capa de hielo, lo que difiere de las imágenes de radar tomadas bajo el hielo.
Se estima que 27 millones de kilómetros cúbicos de hielo cubren la Antártida, lo que ejerce una presión significativa sobre la roca subyacente. Si esta masa de hielo desapareciera, el terreno se elevaría hasta un kilómetro de altitud. Los científicos combinaron datos de la topografía de rebote reconstruida con información de radar, gravedad, sismología y magnetismo para explorar el paisaje oculto.
Al analizar la topografía reconstruida, los investigadores notaron una característica peculiar. La mayoría de las principales cuencas subglaciales de la región tenían la misma geometría fundamental: no depresiones aleatorias, sino un patrón en forma de abanico que se expandía desde un punto central cerca del Polo Sur, descrito como un “patrón radial coherente a escala continental”.

Esta geometría es notablemente similar a una característica tectónica llamada esfenochasmo, un término de 1955 que describe “una brecha triangular en la corteza oceánica que separa dos bloques cratónicos con márgenes de falla que convergen en un punto, interpretado como originado por la rotación de uno de los bloques en relación con el otro”.
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Los investigadores enumeraron los procesos que podrían haber dado forma a la EAFBP en la roca antártica. Varios mecanismos pueden generar grandes cuencas, como estructuras heredadas, rifting, erosión glacial y estiramiento de la corteza terrestre. Sin embargo, la organización radial de las cuencas antárticas, combinada con patrones de espesor y topografía de la corteza terrestre, se alinea más directamente con un proceso de extensión rotacional. En él, la corteza se expande hacia afuera desde un punto central, como si se abriera un abanico.
La comprensión de este fenómeno se facilita visualizándolo en mapas, donde las cadenas montañosas se irradian como las ramas de un abanico y se extienden a lo largo de unos 2.000 kilómetros desde la costa. Si la interpretación de la estructura es correcta, podría preservar evidencia de actividad tectónica anterior a la desintegración de Gondwana y ofrecer pistas sobre la futura separación de la Antártida de Australia.
El descubrimiento también podría ayudar a explicar otras características antárticas, como las imponentes montañas subglaciales Gamburtsev y las montañas Transantárticas, que bordean la EAFBP. A medida que el abanico se expandió, los científicos sugieren que el movimiento pudo haber intensificado el levantamiento en estas áreas, dando lugar a cadenas montañosas que hoy se encuentran entre las características ocultas más notables de la Antártida.
La explicación no es definitiva. Es difícil determinar el momento exacto del proceso y la característica puede ser el resultado de múltiples episodios de extensión superpuestos. Futuras investigaciones buscarán mejorar este punto. La Antártida sigue siendo una frontera de difícil acceso. Sin embargo, poco a poco, los científicos van desentrañando sus misterios, abriendo una ventana a un mundo antiguo y perdido hace mucho tiempo.

















